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19 de marzo: Evangelio de la fiesta de San José
 
 
Marcial Flavius, presbyter
 
 
 
+ Continuación del Santo Evangelio según San Mateo (1, 18-21)
 
"El nacimiento de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y, antes de que vivieran juntos, se encontró encinta por virtud del Espíritu Santo. José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciarla, decidió dejarla en secreto.Estaba pensando en esto, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no tengas ningún reparo en recibir en tu casa a María, tu mujer, pues el hijo que ha concebido viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
 
Reflexión
 
   Celebramos hoy la Fiesta de San José que la Iglesia celebra con especial solemnidad porque es uno de los más grandes santos, Esposo de la Virgen María, padre legal de Jesucristo, y porque ha sido declarado Patrón de la Iglesia universal.
 
   El Prefacio de la Misa resume los motivos del Patronazgo que este santo ejerce sobre la Iglesia y sobre sus miembros.
 
   «Él es el hombre justo que diste por esposo a la Virgen Madre de Dios; el servidor fiel y prudente que pusiste al frente de tu Familia para que, haciendo las veces de padre, cuidara a tu único Hijo, concebido por obra del Espíritu Santo, Jesucristo, Señor nuestro».
 
   1.- San José, Patrón de la Iglesia 
 
   Creemos que en el Cielo elevó Dios a San José a una altísima gloria, en proporción al grado eminente de santidad que tuvo en la tierra. Sabemos que la gloria de los bienaventurados se corresponde con la misión que ejercieron sobre la tierra y la misión de San José en la tierra está resumida en el título de Esposo de María y Padre legal de Jesucristo. Esto último quiere decir quiere decir que comúnmente era tenido como padre de Jesucristo, porque cumplía con El los oficios de padre.
 
   «De donde se seguía que el Verbo de Dios se sometiera a San José, le obedeciera y le diera aquel honor y aquella reverencia que los hijos deben a sus propios padres. De esta doble dignidad se siguió la obligación que la naturaleza pone en la cabeza de las familias, de modo que San José, en su momento, fue el custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia. Y durante el curso entero de su vida él cumplió plenamente con esos cargos y esas responsabilidade
(León XIII, Quamquam pluries, 3)
 
   Ahora bien, la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, que continúa en el mundo entero la obra del Salvador por eso San José la mira y protege ahora como hizo con Jesucristo mientras vivía en la tierra.
 
«Jesucristo es, de alguna manera, el primogénito de los cristianos, quienes por la adopción y la Redención son sus hermanos. Y por estas razones el Santo Patriarca contempla a la multitud de cristianos que conformamos la Iglesia como confiados especialmente a su cuidado, a esta ilimitada familia, extendida por toda la tierra, sobre la cual, puesto que es el esposo de María y el padre de Jesucristo, conserva cierta paternal autoridad»
(Ibid.)
 
   2.- San José, Protector de los fieles
 
   Como el patronato de San José sobre la Iglesia es algo real, su protección debe llegar a cada uno de los fieles que formamos parte de ella.
 
   «A los que Dios elige para algo los prepara y dispone de tal modo que sean idóneos para ello» (Suma Teológica, 3, q. 27, a. 4, c) y San José correspondió prontamente a las innumerables gracias que recibió de parte de Dios. Por eso, para entender el vivísimo deseo que tiene el Santo Patriarca de ejercitar en favor nuestro su poderoso patrocinio, sería preciso poder medir el inmenso tesoro de caridad que encierra su corazón para con sus devotos y de celo por la salvación de las almas.
 
   Como todo lo que hizo Jesús en la tierra fue en favor nuestro, si quiso encarnarse en las entrañas de su Madre, la Virgen María, y tener un padre adoptivo puso en sus corazones tal amor hacia nosotros y tal poder cerca de Él que necesariamente escuchará cuanto ellos le pidan y todo lo que no hubiéramos podido obtener por nosotros mismos.
 
   Confiemos pues, siempre y en todo, en San José pues por eso se le representa con el Niño en sus brazos en señal de que dispone del amor y del poder de Dios.
 
   3.- Cómo asegurarse la protección de San José
   
   Sin duda que San José acude con más generosidad en auxilio de aquellos que le aman. Por eso, mientras más nos declaremos sus hijos, invocándole con una confianza cordial, más su corazón se mostrará a nosotros como el de un padre.
 
«No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo… No he conocido persona que de veras le sea devota que no la vea mas aprovechada en virtud, porque aprovecha en gran manera a las almas que a Él se encomiendan… Solo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no le creyere y vera por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción»
(Sta. Teresa de Jesús).
 
   Para merecer la protección de San José hemos de invocarle a menudo e imitar sus virtudes, sobre todo la humildad y perfecta resignación con la divina voluntad, que fue siempre la regla de sus acciones.
 
   Pidamos en este día a San José que salve a la Iglesia de todos sus enemigos, interiores y exteriores, la gracia especial que hemos de esperar de él es la de una buena muerte, porque el Santo Patriarca tuvo la dicha de morir en los brazos de Jesús y de María. Que para ello nos sostenga con su patrocinio y que experimentando su intercesión en la tierra merezcamos verle un día en el Cielo.
 
 
 
 


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