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39 años del asesinato de Carrero
 
 Eduardo Palomar Baró
 
El criminal atentado
 
   El jueves 20 de diciembre de 1973 el Presidente del Gobierno, almirante Luis Carrero Blanco, asiste a misa y recibe la comunión en la iglesia de los Jesuitas de la madrileña calle de Serrano. El Presidente inicia con esta práctica piadosa su tarea de cada día. Su horario es riguroso e invariable, saliendo de su casa de Hermanos Bécquer 6, pocos minutos antes de las nueve de la mañana. Viaja en el coche oficial, un Dodge “Dart” 3700 GT, negro, de matrícula PMM-16416, sin ningún tipo de blindaje. Con el Presidente ocupan el vehículo el inspector de Policía, José Antonio Bueno Fernández, y el conductor José Luis Pérez Mogena. Detrás va el coche de escolta, otro Dodge igual, de color metalizado, con matrícula particular M-5642-O, que en cualquier momento podría utilizar la PMM-16718. En él van, detrás, el inspector Galán y delante el inspector Alonso y el chófer Franco.            
 
   Una vez acabada la misa, hacia las 9:25, Carrero Blanco se dirige hacia su casa para desayunar, para lo cual el coche gira a la izquierda en la desembocadura de Juan Bravo y vuelve a girar a la izquierda para enfilar la calle Claudio Coello, cruzando Maldonado frente a la fachada de trasera de la iglesia donde ha asistido a la ceremonia de la misa.            
 
   En el número 104 de Claudio Coello, un Morris 1300, de matrícula M-893.948, estacionado en doble fila estrecha el paso del automóvil que vira ligeramente hacia la derecha para deslizarse por el hueco existente, exactamente donde estaban enterradas las cargas explosivas. Entonces la calle parece reventar. Los trozos del pavimento golpean las fachadas, destrozan los vehículos, hieren a varios transeúntes. El coche presidencial, alcanzado de lleno por la explosión, vuela literalmente en increíble ascenso vertical y cae luego –salvando la fachada posterior de la iglesia– a la terraza que corona el claustro. Allí queda, casi encajado en el estrecho corredor que limitan el muro y el pretil, convertido en pura chatarra. Todo ha ocurrido en pocos segundos.            
 
   El enorme agujero abierto en la calzada, de unos diez por siete metros, causado por la explosión, comienza a brotar el agua. Ante la enorme confusión, se piensa que el automóvil puede estar dentro del socavón inundado, pero el jesuita padre Jiménez Berzal, testifica que un coche ha caído sobre la terraza interior, con dos personas dentro, a las cuales ha dado la extremaunción.  Suben la escalera los inspectores que iban en el automóvil de escolta, y entonces vienen los patéticos esfuerzos para extraer los cuerpos. Llegan los bomberos y las ambulancias. Carrero Blanco llega ya cadáver a la Ciudad Sanitaria “Francisco Franco”, presentando las siguientes lesiones:            
 
   “Fractura de maxilar inferior, fractura de ambas clavículas, aplastamiento torácico, fractura abierta de tibia y peroné derecho, tercio medio inferior, fractura luxación abierta del tarso en miembro inferior izquierdo, fractura con minuta de medio pie derecho. Epistasis traumática”.            
 
   El inspector Bueno también ingresa cadáver: aplastamiento craneal y torácico. El conductor Pérez Mogena es el único que llegó en estado preagónico, falleciendo a los pocos instantes de ingresar.      
 
La hija y la esposa de Carrero en la Ciudad Sanitaria “Francisco Franco”
 
   Hacia las 10:30 llegó al “Francisco Franco”, Angelines Carrero Pichot, esposa del doctor Schoendorff. En un despacho la recibió el doctor Manuel Hidalgo, director de la Ciudad Sanitaria y gran amigo del presidente y de toda su familia, comunicándole la terrible noticia. Angelines, con gran entereza, llamó por teléfono a su madre, doña Carmen Pichot, la cual llegó al “Francisco Franco” cerca de las once de la mañana. Poco más tarde llegaba el cardenal-arzobispo de Madrid, monseñor Enrique y Tarancón, acompañado por el vicario general de la diócesis, el jesuita padre Patino. Poco antes de las 12 horas llegan los príncipes don Juan Carlos y doña Sofía.
 
   Dos de los hijos del presidente, Guillermo y Luis, estaban destinados en Cádiz, como marinos. El ministro del Aire, Julio Salvador y Díaz-Benjumea (durante la guerra civil formó parte de la escuadrilla que mandaba Joaquín García Morato, y más tarde participó en la campaña de Rusia como voluntario de la Escuadrilla Azul), dispuso un avión “Mystere”, para traer a los hijos de Carrero. Cuando todos los hijos estuvieron reunidos, doña Carmen Pichot, tuvo una acción de emotiva grandeza. Hizo prometer a sus hijos, ante el cadáver de su padre, que nunca pedirían venganza por su muerte. Justicia, sí; pero jamás venganza.  
 
“Operación Ogro”: ETA asesinó a Carrero   
 
   Inicialmente, la acción, denominada “Operación Ogro”, iba a consistir en el secuestro del almirante, todavía vicepresidente del Gobierno, y su canje por un número indeterminado de presos vascos. En los primeros meses de 1973, el comando desplazado a Madrid, se dedica a preparar la infraestructura necesaria para el secuestro. Pero el nombramiento, el 8 de junio de 1973, de Carrero como presidente del Gobierno y la mayor vigilancia a que está sometido el almirante, les hace variar los planes y deciden asesinarlo.            
 
   Sin lugar a dudas, el cobarde y vil asesinato del almirante, fue decidido por las fuerzas izquierdistas, valiéndose de la banda terrorista marxista-leninista ETA, la cual llevó a cabo tan execrable y criminal asesinato. Eran los tiempos en que se pronunciaban discursos, tales como: “Al evocar a los héroes de la lucha antifranquista no es posible olvidar la actividad de los obreros, estudiantes e intelectuales del País Vasco, entre los que destacan los comunistas, los católicos progresistas y los militantes nacionalistas de ETA, que al luchar por los derechos nacionales de Euzkadi, lo hacen por la libertad de todos los pueblos de España”. (Conferencia de los partidos comunistas y obreros celebrada en Moscú, en junio de 1969).            

   No es de extrañar que por los mutuos “favores” prestados entre la izquierda y ETA, ésta cumpliese su compromiso, durante varios años, de no asesinar a ningún militante de los partidos políticos que dieron apoyo y soporte a los terroristas.               
 
   Demostrando la baja catadura moral de algunos monstruos, que no personas, brindaron con champán el vil y criminal asesinato. Para el hijo del almirante, Luis Carrero Pichot, que algunos alzaran la copa para celebrar la acción de ETA es algo muy difícil de entender, aun hoy: “No puedo pensar que una persona pueda celebrar un asesinato con champán es un ser normal. Que políticamente digan, bueno, esto va a ser una solución... Ahora, que lo celebren con champán... Yo nunca voy a celebrar con champán la muerte de los asesinos de mi padre, eso se lo garantizo. Ni con champán ni de ninguna forma.”
 
   El asesinato de Carrero Blanco significó, pura y simplemente, la desaparición de lo que se había dado en llamar el “franquismo sin Franco”, o sea, la operación posterior al fallecimiento del Caudillo mediante la cual se asegurase la continuidad de las instituciones creadas durante el régimen.            
 
   La misma ETA, en el comunicado facilitado tras el crimen, decía: “Luis Carrero Blanco –un hombre “duro”, violento en sus planteamientos represivos– constituía la pieza clave garantizadora de la continuidad y estabilidad del sistema franquista; es seguro que, sin él, las tensiones en el seno del poder entre las diferentes tendencias adictas al régimen fascista del general Franco –Opus Dei, Falange, etc.– se agudizarán peligrosamente”.  
 
Los asesinos materiales
 
   El sábado día 22 de diciembre de 1973, la Dirección General de Seguridad declaraba que los responsables del asesinato de Carrero Blanco eran seis jóvenes de la organización revolucionaria y terrorista vasca ETA (Euzkadi ta Azkatasuna, País Vasco y Libertad) y daba los nombres, la filiación y las fotografías de los “presuntos” culpables:            
   -José Ignacio Abaitúa Gómez, de 23 años, constructor de la galería donde se colocó la carga explosiva.            
   -Pedro Ignacio Pérez Beotegui (a) Wilson, de 25 años. Uno de los que planeó el atentado.            
   -José María Larreategui Cuadra, de 27 años, que fue, al parecer, quien alquiló el sótano de la calle de Claudio    Coello.            
   -José Miguel Beñarán Ordeñana (a) Argala, de 24 años. Hizo el tendido eléctrico mediante el cual se provocó la explosión.            
   -José Antonio Urriticoechea Bengoechea, de 23 años.            
   -Juan Bautista Eizaguirre Santiesteban, de 28 años.  
 
 
Luis Carrero Blanco, Francisco Franco, Torcuato Fernández Miranda y Juan Carlos de Borbón
 
 
Especulaciones sobre lo que hubiese ocurrido de no acabar ETA con la vida de Carrero            
 
   Mucho se ha especulado con lo que hubiera sucedido si, a la muerte de Franco, su sucesor, Don Juan Carlos, hubiese estado como jefe del Gobierno, el almirante Luis Carrero Blanco, ya que fue nombrado para tal cargo por un período de cinco años de acuerdo con la Ley. Las opiniones son muy variadas y van dirigidas en todos los sentidos.
 
   Así, para José María de Areilza, Carrero Blanco representaba la continuidad del sistema hacia el futuro. Era el supremo custodio del tesoro doctrinal del régimen. Según José Antonio Girón, “nadie puede decir cuál hubiera sido la línea de Carrero Blanco. Yo puedo sostener que no se hubiera apartado un ápice de las líneas fundamentales del Movimiento Nacional. Ahora bien, ETA había dado un tiro de gracia al régimen”.
 
   José Utrera Molina, en su magnífico libro “Sin cambiar de bandera”, manifiesta que la crisis que se produjo tras el asesinato del almirante, tuvo unas graves repercusiones. Franco acusó sensiblemente aquel golpe, quedando profundamente afectado, no solamente por la estimación personal que le tenía, sino por la ruptura de la continuidad que tal pérdida representaba. Añade Utrera Molina: “Sin embargo, hay algo que debo anotar y que de hecho altera de forma sustancial otras hipótesis sobre la continuidad del régimen. Cuando escuché de labios de la duquesa de Franco esta referencia que Carrero, al parecer arrepentido, le dio, me quedé consternado. Meses después de su toma de posesión, el almirante tuvo una audiencia con el entonces Príncipe de España, quien le pidió que si se producía el fallecimiento de Franco, esperaba de su lealtad la presentación de su renuncia. Carrero accedió. Lo que Franco consideró atado y bien atado, de hecho quedó roto.”
 
   José Utrera Molina confesaba que “en definitiva, el ‘disparo’ contra Carrero Blanco fue un disparo sobre la línea de flotación del régimen y el régimen se debilitó sensiblemente.”
 
   Los hijos de Torcuato Fernández-Miranda, Pilar y Alfonso, escriben al respecto, que no era aventurado que Carrero, al final, no sería un obstáculo y que acabaría primando su sentido de la disciplina y su profundo respeto a la Corona.
 
   El insigne intelectual, diplomático y fiel ministro de Obras Públicas de Carrero, Gonzalo Fernández de la Mora y Mon, manifestó: “La grandeza de Carrero consistía en ser una prolongación más joven de Franco. Por eso, nadie mejor que él para realizar lo que, en más de una ocasión, se ha llamado el franquismo sin Franco”.
 
   Laureano López Rodó, al que Carrero Blanco le nombró secretario general técnico de la Subsecretaría de la Presidencia del Gobierno en 1956, en su libro de Memorias, escribe: “En seguida me di cuenta que la muerte de Carrero ponía fin al régimen de Franco. Es un golpe duro, muy duro, para el devenir del régimen.”
 
   En el libro “La Reina”, de Pilar Urbano, en la conversación que sostiene con Doña Sofía, ésta le dice: “Carrero quería seguir con el régimen franquista, y sin democracia. ¿Qué hubiera ocurrido, de no haber sido asesinado? No lo sabemos. Ni lo sabremos nunca. Claro que... la gente cambia, la gente evoluciona. Decir lo que yo he dicho que quizá no hubiésemos llegado a reinar, es lo que de verdad pienso, pero es una especulación. Y yo no tengo derecho a juzgar y condenar a Carrero por lo que él no tuvo tiempo de hacer. Ahora bien, su línea de pensamiento político era ésa: una monarquía instaurada, de nuevo cuño, que tomase su legitimidad y su naturaleza del 18 de Julio de 1936, del Movimiento. Y eso ya ¡ni siquiera lo pensaba Franco! Franco, por ejemplo, había aceptado a los ministros «tecnócratas», que no eran falangistas ni nada de eso: López Bravo, López Rodó, López de Letona... y a Torcuato Fernández-Miranda, que sí era falangista, pero evolucionó y se puso camisa blanca”. [N. del A.] Con todo el debido respeto, parece que la Reina Doña Sofía, olvida, le guste o no le guste, que cuando hizo estas declaraciones en el año 1996, la monarquía de Don Juan Carlos I es, precisamente, una Monarquía instaurada cuya legitimidad arranca del 18 de Julio de 1936.            
 
   Según Juan Luis Cebrián, “desde todos los puntos de vista, el almirante era entonces la pieza maestra del franquismo, y resultaba incluso, en muchos aspectos, más importante que el propio dictador”.  
 
Opiniones de diversos testigos que le conocieron y le trataron
 
   El pintor Juan Antonio Morales, en unas declaraciones en ABC (20/I/1974), decía: “El almirante era un hombre sencillo, sobrio casi hasta la exageración. [...] Todo en él era bondad, honestidad. Le gustaba hacer el bien. Era un hombre sencillo, tanto que parecía casi tímido. [...] Disfrutaba mucho con la pintura. Era su hobby en los ratos libres que tenía. [...] Era un hombre fuera de serie. Aparentemente era muy serio, pero tenía sentido del humor en la intimidad de su familia; con sus amigos íntimos era un hombre muy alegre en el fondo.”
 
   José María Pemán lo definió como un “hombre bueno y rectilíneo. [...] Era de los pocos ministros que yo no tuteaba. No me podía imaginar un Carrero tuteado. Yo escribí unos cuantos artículos de humor sin riesgo y discutimos por carta alguna vez. Cuando me lo encontraba luego por la calle o en cualquier ceremonia social-académica, yo le preguntaba: «¿Está usted enfadado conmigo?» Siempre contestaba con un gesto que subrayaba su negativa corriente: «¡Por Dios, ni por asomo!» Nunca se enfadaba con nadie del todo” (ABC, 28/XII/1973).
 
   José María de Porcioles, en El Noticiero Universal de Barcelona, del 31/XII/1973, evocaba: “En su despacho madrileño, Luis Carrero Blanco recibía a sus visitantes en el tresillo que tenía junto a su mesa de trabajo. Afable y cortés, apuntaba siempre una sonrisa y escuchaba plácidamente sin apenas interrumpir. Movía sus dedos de un modo especial cuando se entretenía haciendo figuras de papel. [...] Deseaba pasar inadvertido y estar ausente de toda manifestación pública, incluso de los titulares de la prensa o de los primeros planos de la televisión. [...] Inspiraba confianza y seguridad.”
 
   López Rodó, en unas declaraciones a La Libre Belgique, atribuía al almirante el haber sido “el principal artesano del proceso puesto en marcha para restablecer la monarquía y para hacer suceder a Franco por el joven Príncipe Juan Carlos.”  
 
Ejemplar vida privada de Luis Carrero Blanco            
 
   El almirante Luis Carrero Blanco, además de una probada lealtad hacia Francisco Franco, fue de una gran honestidad, entroncando con las grandes figuras políticas de la España contemporánea, tales como Canalejas, Maura, Dato, Gil Robles, etc. Un hombre que permaneció durante treinta y dos años como lugarteniente del jefe del Estado, no acumuló otros bienes de fortuna que un modesto apartamento –cuyo pago a plazos estaba inconcluso–, una libreta del Banco de Santander con una cantidad que no superaba las 500.000 pesetas y una pequeña tumba en un cementerio. Todo ello  es digno de admiración, máxime en estos democráticos tiempos de corrupciones, inmoralidades, “pelotazos”, abusos de poder, etc. etc.              
 
Versos del ministro Julio Rodríguez dedicados a la muerte de Carrero
 
   Transcribimos a continuación unos versos que dedicó a la muerte de su Presidente, el ministro de Educación y Ciencia del gabinete de Carrero Blanco, don Julio Rodríguez Martínez:  
 
Esta noche, puedo escribir los versos más tristes...
Versos zozobrantes en torrentes de lágrimas.
Rimas que saben de llanto y de congojas.
Con sabor de cera y besos de cirios.  
 
Esta noche puedo escribir versos muy tristes.
Con tristeza cósmica, abismal, de fosa profunda.
Versos con rimas heridas por la muerte.
Prosa aplastante, plúmbea, seca de sonrisas.  
 
Sonidos rudos, lacerantes, de piedras sobre ataúdes.
Claveles rojos mancillados por la arcilla.
Un hoy sin mañana y sin futuro.
Sólo la esperanza si se mira a las estrellas.  
 
Pasos trémulos entre fosas frescas y cruces.
Humanidad dolorida, opaca al consuelo.
Gemidos que arañan en la tierra mojada.  
 
Yo puedo escribir esta noche versos muy tristes.
Rotos, agonizantes, con mi musa muerta.      
 
Epílogo
 
   El almirante Don Luis Carrero Blanco, con sus grandes esfuerzos, constancia, abnegación, lealtad y honradez, contribuyó al desarrollo de un país que, como el español, pasó de la miseria de la posguerra al progreso y desarrollo económico de la década de los sesenta que le colocó como la novena potencia industrial del mundo.
 
   En el 39 aniversario del vil asesinato de Carrero Blanco, un emocionado recuerdo hacia el que fue fiel y leal a Francisco Franco hasta la muerte. Y a España. Sobre todo, a España.              
 
 
 


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