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75º Aniversario: Franco trajo a España la Dama de Elche
 
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   Acaban de cumplirse 75 años del regreso de la escultura de la Dama de Elche a España, como parte de un acuerdo entre el generalísimo Francisco Franco, jefe del Estado español, y el mariscal Philippe Petáin, jefe del Estado francés, de intercambio de obras de arte entre ambos países. Reproducimos un artículo de Rafael Ramos Fernández, publicado en el periódico la Información de Alicante en 2011 y que tituló ‘Setenta años de un regreso’.      
 
   El pasado martes, 8 de febrero, se cumplieron 70 años del regreso a España de la Dama de Elche y, motivado por ello, quiero recordar aquí la serie de acontecimientos, propiciados por dos guerras, que lo hicieron posible. Cuando en 1928, en Madrid, fue inaugurada la Casa de Velázquez, Academia de Francia en España y Escuela francesa de investigación en tierra española, por muchas personalidades de España, y especialmente de Elche, se hicieron gestiones para que la Dama fuera traída al mencionado centro, sin conseguirlo.
 
   Durante los años 1928 y 1929 la prensa madrileña lanzó la propuesta de colocar a la Dama de Elche en aquella Casa francesa situada en la Ciudad Universitaria, sugerencia que fue expuesta en El Imparcial del 28 y del 30 de noviembre y del 2 y del 4 de diciembre de 1928 así como en El Sol de 1 de diciembre del mismo año. Pero los responsables de los que dependía aquella decisión, por medio de la administración francesa de Bellas Artes, rechazaron tal posibilidad. En 1935 se iniciaron conversaciones entre el Embajador español en Francia, Juan de Cárdenas, y el ministro de Educación Nacional francés, M. André Mallarmé, relativas a un posible intercambio de obras de arte entre ambos países. Pero aquella iniciativa se vio interrumpida por los avatares de la Guerra Civil española. La Casa de Velázquez fue ubicada en la Moncloa por la cesión en usufructo de terrenos que realizó el rey Alfonso XIII, pero en 1936 la batalla de Madrid, la lucha en la Ciudad Universitaria, arrasó los edificios de la Moncloa. La guerra había destruido materialmente la Casa pero la institución debía permanecer.
 
   Efectivamente, tras la guerra civil española había mucho por hacer para volver a dar prestancia a las relaciones franco-españolas. Francia comprendió que debía establecer contacto con las autoridades de Burgos: el 25 de febrero de 1939 el enviado francés, Léon Bérard, firmaba tres acuerdos reconociendo el nuevo régimen español y planteando, en las discusiones preliminares, el problema de los daños sufridos por los franceses en España, problema que no fue atendido por su interlocutor, Gómez Jordana. Todo lo tratado en 1935 sobre la mencionada negociación cambió a partir de 1939. La petición española se tornó rotunda exigencia.
   
   Si la Guerra Civil española había truncado las actuaciones tendentes a gestionar el regreso de la Dama, el comienzo de la II Guerra Mundial facilitó su devolución. La buena disposición francesa para ello, e incluso la prisa por traerla a España, era debida al conocimiento de la supuesta simpatía de Franco por la causa alemana, a la ocupación real de Francia por Alemania y a las posibles pretensiones del Gobierno español sobre parte del imperio colonial francés. Además, Francia estaba obligada a hacer concesiones a España como medio de obtener autorización del Gobierno español para reedificar y volver a ocupar la Casa de Velázquez. En el Louvre permaneció la Dama de Elche hasta el estallido de la guerra, en 1939, que obligó, como medida de precaución, a sacarla de su vitrina de cristal para trasladarla a lugar más seguro. Éste fue el castillo de Montauban, en el sureste de Francia.
   
   El día 24 de marzo de 1939, en Burgos, el mariscal Pétain, como embajador francés ante el gobierno de Franco, presentaba sus cartas credenciales. Se consideraba que este mariscal, ante la frialdad de las relaciones oficiales, podría ser muy útil a Francia puesto que años atrás había colaborado con los españoles en Marruecos. Poco después el ministro de Educación Nacional, Pedro Sáinz Rodríguez, le prometía facilidades para la continuidad de las actividades científicas y artísticas en España. Como se ha indicado con anterioridad, aquellas constantes solicitudes referentes al regreso de la Dama a España, aunque permaneciese en el solar francés de la Casa de Velázquez, de pronto, pasaron a ser una agresiva demanda:
 
   El 3 de julio de 1940 se dirigió un oficio sin signar a Juan de Contreras y López de Ayala, marqués de Lozoya, director General de Bellas Artes, en el que se designaba a Francisco Iñiguez Almech, comisario general del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, y a los agentes del mismo Servicio Joaquín María de Navascués, Luis Pérez Bueno y Marcelino Macarrón... para realizar una investigación en los depósitos de objetos artísticos... existentes en Francia (Archivo General de la Administración: Cultura, caja 1.104). Los informes emitidos fueron bien acogidos por el Embajador español, José Félix de Lequerica, quien el 24 de septiembre dirigió un escrito a Don Ramón Serrano Suñer, Ministro de Asuntos Exteriores, en el que ya se lee Asunto: Recuperación de objetos artísticos y propuesta de canje (Archivo General de la Administración. Cultura, caja 1.104). Pero los sucesos se agolpaban y parecía inexplicable el motivo por el que el gobierno francés preparaba febrilmente desde el mes de noviembre el regreso de las piezas españolas a Madrid y el hecho de que el mariscal Pétain, en aquellos momentos ya como jefe del Gobierno francés instalado en Vichy, se ocupara personalmente de ello. Se hacía evidente que el logro del trueque de obras de arte citado encerraba algo más: estaba en juego la Casa de Velázquez.
 
   François Petri, desde la Embajada en Madrid y como respuesta a una consulta realizada a petición del jefe del Estado francés, escribía: “Conviene que Francia redoble su esfuerzo y actividad, que no deje prescribir ninguna de las instituciones que ha fundado en el extranjero... La reedificación de la Casa de Velázquez, que interesa al conjunto de la restauración de la Ciudad Universitaria, es el tipo de operación que las autoridades admitirían como motivo para una retirada lícita de pesetas bloqueadas por el Instituto de Control de Cambios... Si no se hace, los españoles pueden expropiar el terreno...”.
   
   Por lo tanto dos necesidades condicionaron la actitud francesa para sus concesiones: 1º), el reconocimiento, y agradecimiento, a una España que se mantenía neutral en la guerra; y 2º), la solicitud pendiente de autorización del Gobierno español para la restauración de la Casa de Velázquez.
 
   El 30 de octubre de 1940 el ministro de Educación Nacional presentó un proyecto al Consejo de Ministros para el trueque de obras de arte entre España y Francia. Luis Monreal, que había sido comisario de la IV Zona de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional (Cataluña, Valencia y Baleares), explicaba así este intercambio: “Pétain estaba en una situación muy difícil, aguantándose en Francia bajo la presión alemana y buscaba apoyos. Pensó en España, en su amigo y colega el general Franco, al que conocía de las campañas de África cuando España y Francia colaboraron en Marruecos; además, había sido el primer embajador francés en Burgos. Así que Pétain le ofreció devolver una cierta cantidad de obras de arte que habían llegado de España, unas de forma regular y otras, irregular. La idea fue francesa pero Franco no aceptó esta fórmula. Se vio inmediatamente que una donación de tipo político, en plena guerra, sería impugnada al concluir la contienda si vencía el bando contrario. Entonces se prefirió por parte de España transformar la operación en un simple canje entre museos, el Prado y el Louvre”.
   
   El texto de intercambio convenido fue firmado en París el 21 de diciembre por el señor Iñiguez como representante del Gobierno Español y por Hautecoeur del Gobierno Francés (Archivo General de la Administración. Sección AE, caja 11.325, exp. 2695). El Acta del Patronato del Museo del Prado de 9 de diciembre de 1940 recogió la decisión del Gobierno Español de aceptar el intercambio con Francia y la proposición de que la Dama de Elche se conservara en ese Museo puesto que de sus fondos saldría alguna de las obras dedicadas a dicho intercambio. En aquellas fechas se produjeron dos tendencias en la información sobre dos opciones con relación a dónde depositar la Dama una vez en España, tendencias que se leían en la prensa del momento: una defendía que debía ser custodiada en Elche; otra, que tenía que permanecer en Madrid.
 
   Dos opiniones y dos respectivos defensores de ellas: Ernesto Jiménez Caballero y Ramón Ledesma Miranda. Ernesto Giménez Caballero, defensor de su estancia y exposición en Elche, tendencia que ya había defendido en la Gaceta de Alicante en agosto de 1940, publicó también en la misma Gaceta de Alicante del 5 de enero de 1941 un artículo que, remodelado, publicaría luego en Pueblo y reproduciría después, el 11 de enero, en Arriba, que titulaba así: “La Dama de Elche ¡a su paisaje ibérico!”. La opinión de Jiménez Caballero tuvo una larga serie de seguidores y continuadores que, periódicamente, a lo largo de los años mantuvieron la añorada reivindicación ilicitata. El jueves 9 de enero de 1941 el diario Pueblo (Madrid) dio la noticia titulada “La Dama de Elche será entregada a España este mes” y subtitulada “Con otros numerosos objetos de arte ibérico”.
 
   En su texto se lee:
   “Gerona, 8. Antes de finalizar enero será devuelta a España La Dama de Elche. Con la célebre escultura vendrán numerosos objetos de arte ibérico que, gracias a las gestiones del Caudillo, recupera España. Todos ellos pesan nueve toneladas y se hallan ya embalados en Montauban. Entrarán en España por la frontera de Port-Bou, e inmediatamente, en tren especial, serán trasladados a Madrid, donde el Embajador de Francia hará entrega de los mismos, junto con la Inmaculada de Murillo. (Cifra)”.
 
   Ramón Ledesma Miranda, defensor de la tendencia referida a que la Dama se expusiese en Madrid y no en Elche, publicó, el día 10 de enero, un artículo en Arriba titulado “Lo de hoy. Retorno de La Dama de Elche”, en el que aludía a la conveniencia de que fuera depositada en el Museo Arqueológico Nacional.
   
   El día 8 de febrero de 1941 llegaron las piezas procedentes de Montauban a la frontera de Portbou, donde se procedió a trasladar el cargamento del tren francés a uno español, a las tres de la tarde de aquél 8 de febrero. La Dama de Elche, en un vagón especial precintado, venía acompañada por M. Huigue y en nombre del Gobierno español salieron a recibirla el capitán Ángel Oliveras, delegado del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, y por Luis Monreal, delegado de su IV Zona. El vagón fue escoltado por la Policía Armada hasta Barcelona, a cuya estación llegó a las 22,15 horas (Diario de Barcelona de 8 y 9 de febrero de 1941; Madrid de 8 de febrero; La Vanguardia Española de 8 de febrero; Las Provincias de 9 de febrero; y ABC de 9 de febrero, entre otros).
 
   El día 9 de febrero a las 9.50 horas llegó a Madrid, a la estación de Atocha, el tren correo que la transportaba. Allí la esperaban el director general de Bellas Artes, Marqués de Lozoya, el director del Instituto Francés, M. Guinard, y varios agentes del Servicio de Recuperación y, desde aquella estación de ferrocarril fue trasladada directamente al Museo del Prado (Pueblo de 10 de febrero; La Vanguardia Española de 11 de febrero; y otros, diarios que en sus titulares no aludían al conjunto de piezas arqueológicas que regresaban a España, entre ellas las obras escultóricas también ibéricas de Osuna, del Salobral, de Agost, del Cerro de los Santos, del Cerro de la Consolación, sino que destacaban que había vuelto la Dama de Elche).
 
   Aquél mismo día tuvo lugar en Montpellier una reunión de Pétain con Franco, reunión amparada por la muestra de amistad que suponía la devolución realizada por Francia, aunque para los franceses “la inquietud y la amargura se apoderó de todos los que habían participado en la negociación”... y sobre todo... “tras la afrenta sufrida por haberse devuelto el busto de Elche bajo coacción”... Felicito a esa Dama por el setenta aniversario de su regreso y deseo que pronto le sea posible la estancia en Elche.   
 
 
 
 
 
 
 


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