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A LOS 76 AÑOS DEL COMIENZO DE LA BATALLA DEL EBRO
Eduardo Palomar Baró
 
 
 
   Considerada como la batalla más brutal y cruel de toda la Guerra Civil española, dio comienzo el 25 de julio de 1938, el día de Santiago, patrón de España. El llamado Ejército del Ebro, de reciente constitución, atacó por sorpresa cruzando el río Ebro por varios lugares situados entre Mequinenza (Zaragoza) y Cherta (Tarragona). Al principio fue un éxito para las tropas republicanas, que lograron en menos de una semana que atravesaran el río más de 50.000 hombres, consiguiendo alejar el peligro que se cernía sobre la ciudad de Valencia, distante en aquel momento a unos 30 km. de las líneas nacionales. Además tras la ruptura en dos de la zona republicana por el Mediterráneo, el Ejército nacional presionaba en la zona levantina. Por otro lado parecía increíble que tras las continuas derrotas sufridas por el Ejército Popular, con la consiguiente baja moral de los combatientes, la división en dos partes las zonas republicanas y, con un evidente cansancio tras dos años de dura guerra, pudiera estar en disposición de tomar la ofensiva. A todo ello se añadía el problema del cierre de la frontera francesa en aquellos días, viéndose privados de las reservas en armamento.
 
   La maniobra fue planeada por el general Vicente Rojo, jefe del Estado Mayor Central del ejército republicano. Mandaba dicho ejército -compuesto por cerca de 100.000 hombres, más otros tantos de reserva- Juan Modesto Guilloto, teniendo a sus órdenes los cuerpos de Ejército V, XII y XV, a los que se incorporaron algunas divisiones pertenecientes al Ejército del Este.
 
   El paso del Ebro se hizo con cualquier tipo de embarcación y con la disposición de puentes de pontones. Los republicanos siguieron avanzando río arriba, entre Fayón  y Cherta El V Cuerpo de Ejército de Enrique Líster avanzó 40 kms. deteniéndose en las inmediaciones de Gandesa. La sorpresa fue total y alrededor de 4.000 soldados nacionales fueron hechos prisioneros. Gandesa se convirtió en la clave de la batalla. Desde el 27 de julio al 2 de agosto de 1938, Líster atacó la ciudad pero sin conseguir tomarla. El avance rojo quedó contenido y la estrategia se tornó defensiva, aferrándose al terreno que habían conquistado. Las consignas “vigilancia, fortificación, resistencia” se repetían constantemente. Se fusilaba a los hombres u oficiales que se retiraban tal y como el comunista Enrique Líster recordaba: “Quien pierda un solo palmo de terreno, debe reconquistarlo al frente de sus hombres o se verá ante el pelotón de fusilamiento”.
 
   En el bando nacional, una vez pasada la sorpresa, Franco hizo caso omiso a algunos generales que querían que los rojos penetraran profundamente en su líneas, en vista de un ataque más al norte de Lérida, que aislara completamente sus fuerzas. En vez de eso resolvió atacar el frente del Ebro de manera frontal, reconquistando el terreno perdido, ya que la superioridad aérea y material del Ejército nacional les permitía atacar frontalmente y, así destruir de manera completa las unidades rojas.
 
   El día 6 de agosto tuvo lugar el primer contraataque nacional y que obtuvo como resultado la reconquista de la bolsa republicana entre Mequinenza y Fayón. El 11 de agosto se atacó las elevaciones de la Sierra de Pándols y el 19, el general Yagüe, lanzó a sus tropas en dirección norte a la Sierra de Fatarella y el Cuerpo de Ejército del Maestrazgo, al mando del general García Valiño, atacó hacia la Sierra de Cavalls.
 
   En las seis semanas siguientes el Frente Popular se vio obligada a ceder 200 km² de terreno. La batalla que se libró durante esos días fue durísima. Los republicanos habían perdido el dominio del aire, siendo dominado por completo por los bombarderos y cazas nacionales. El día 30 de octubre dio comienzo la contraofensiva final, conquistando la Sierra de Cavalls y el día 4 de noviembre ocupaban la Sierra de Pándols. El 7 caía Mora de Ebro, el 14 era ocupado el pueblo de Fatarella. El puente de hierro de Flix fue volado el día 16, y el 18 de noviembre de 1938, el general Yagüe entraba en Ribarroja de Ebro, última cabeza de puente de los rojos. La batalla del Ebro había terminado, y el Ejército del Ebro quedaba totalmente destruido como fuerza de combate operativa. Los nacionales, por el contrario, repusieron completamente sus pérdidas, mucho antes de lo que hubieran podido imaginarse los republicanos. La batalla del Ebro había decidido de antemano la suerte de Cataluña.
 
   Hay varias controversias sobre el número de bajas ocasionadas en esta batalla. Probablemente hubo más de 50.000 o 60.000 en cada bando, siendo 6.500 el número de muertos en el bando nacional y entre 10.000 y 15.000 en el republicano. Cuando los frentepopulistas volvieron a repasar el Ebro, ya no quedaba prácticamente Ejército Rojo.
 
   El historiador Ricardo de la Cierva escribe sobre el Ejército del Ebro, en su libro Historia ilustrada de la guerra civil española. Ed. Danae. 1970:
 
   “El Ejército del Ebro se puede considerar, con todo rigor, como un ejército comunista, como el primer ejército rojo propiamente tal en la historia de la guerra de España. Comunista era su jefe supremo, el teniente coronel Juan Modesto Guilloto. Comunistas destacados eran también los jefes de los tres Cuerpos de Ejército que participaban en la operación: Enrique Líster, jefe del V Cuerpo, Manuel Tagüeña, jefe del XV, y Etelvino Vega, el veterano y experto comunista en política militar, jefe del Cuerpo XII. Eran militantes comunistas los jefes de todas las Divisiones que, encuadradas en esos Cuerpos, intervinieron en la maniobra y en la batalla, y la inmensa mayoría de los jefes de Brigada y de las unidades inferiores, por no hablar de los comisarios. El Ejército Rojo del Ebro representa la culminación del esfuerzo militarista del comunismo español desde los días, envueltos ya en la leyenda, del Quinto Regimiento de Milicias Populares. Los restos de las unidades originales del Quinto Regimiento están incorporados al Ejército del Ebro, junto a los restos, casi totalmente españolizados, de las también legendarias Brigadas Internacionales XI a XV, que cruzarán el río al mando de algunos de sus jefes más representativos: Hans Kahle manda la División 45 del V Cuerpo, Marcel Sagnier, la Brigada Internacional XIV ‘Marsellesa’, cuyo comisario, que perecería en la orilla derecha del gran río, se llamaba Henry Tanguy y pasaría también con su Brigada, a la leyenda de la guerra de España y de la Segunda Guerra Mundial, reencarnado en uno de los liberadores de París.”
 
RESUMEN
 
Ebro. Iniciativa republicana.
 
Finalidad: Contener el avance nacional en Levante, atrayendo al Ebro sus fuerzas de maniobra. Ganar tiempo para enlazar con la guerra mundial que se esperaba.
 
Objetivo: Envolver al Ejército nacional de Levante para dejarlo aislado.
 
Plan: Cruzar el Ebro e infiltrarse hasta la retaguardia enemiga.
 
Características: Excelente plan de gabinete con buen desarrollo inicial, pero falto de iniciativa en la realización, en la explotación del éxito y en la organización de los servicios. Como en Brunete, Belchite y Teruel, hubo temor al “vacío del campo de batalla”. Los rojos alimentaron continuamente la batalla con tropas de refresco.
 
Duración: Del 25 de julio al 16 de noviembre de 1938 (tres meses y veintidós días), en tres fases:
   1ª. Avance rojo hasta el 7 de agosto;
   2ª. Estabilización;
   3ª. Contraofensiva nacional del 3 al 16 de noviembre.
 
Resultados: En la fase primera, profundizaron los rojos unos 25 kilómetros, entre Cherta y Mequinenza. La batalla se concreta en una zona de 600 km.² (35 de anchura por 17 de profundidad). Al final queda destruido el Ejército Rojo.  
 
 


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