Negro sobre Blanco
 
 
 
Adriano del Valle, el busto del emperador
PPG - FNFF
 
Adriano del Valle Rossi, nació en Sevilla el 18 de enero de 1895. De origen modernista, perteneció al movimiento ultraísta español, movimiento de vanguardia entre los años 1918 y 1923, con sus poemas de abundantes imágenes y extraña tipografía. Poeta español de las Vanguardias. De padre asturiano y madre andaluza de ascendencia italiana, Adriano del Valle recorrió toda la Península entre sus diecisiete y sus veintiún años. Se acercó pronto a la poesía bajo la influencia de Rubén Darío.            
 
   Se adhirió en primer lugar al ultraísmo, y fundó en Sevilla, junto con Isaac del Vando-Villar, la revista Grecia, que agrupó a los jóvenes poetas postsimbolistas que junto a otras revistas como Cosmópolis, Vértices, Los Quijotes o Cervantes se pusieron a disposición de la causa ultraísta, siendo posteriormente seguidor de la vía neopopulista de García Lorca y Alberti. Fue un gran amigo de la familia de Borges y del poeta portugués Pessoa, con el que intercambió cartas durante muchos años.          
 
   Fundó luego, junto a Fernando Villalón y Rogelio Buendía, la revista Papel de Aleluyas, en Huelva, y dirigió otras como Mástil y Arte y letras, ambas de Madrid, así como la revista cinematográfica Primer Plano. Su primer poemario fue Primavera portátil (1934). El libro recoge los poemas escritos por Adriano del Valle entre 1920 y 1923, y se editó con ilustraciones de Eugenio D'Ors. En 1934 y 1937 obtuvo el Premio Sánchez Bedoya, otorgado por la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y, en 1934 se le concedió el Premio Nacional de Literatura por su obra Mundo sin tranvías, escrita entre 1931 y 1933, y que quedó inédita en vida de su autor. Siguieron a éste Lyra sacra (romances y romancillos marianos)  (1939), Los gozos del río (1940),  Sonetos a Italia y Arpa fiel (1942). Adriano del Valle se manifiesta en ellos como un poeta de barroquismo desbordante, abierto a las más diversas sensaciones, sin eludir en ocasiones un conceptismo extremado. Gran parte de su obra se desparramó por revistas.          
 
   Durante el Alzamiento y años posteriores asimiló y afianzó su ideal falangista, lo que le llevó a ser considerado uno de los poetas destacados de la Falange. Obtuvo numerosos premios, entre ellos el Premio Nacional de Literatura José Antonio Primo de Rivera en 1941, el premio Fastenrath de la Real Academia Española en 1942 y el Mariano de Cavia. Murió en Madrid el 1 de octubre de 1957. Fue amortajado con el hábito de monje mercedario y su hijo, Adriano del Valle Hernández, en su libro Adriano del Valle, mi padre, de Editorial Renacimiento, Madrid-2006, nos relata lo ocurrido instantes después de su fallecimiento: “Tuvo, mi padre, una muerte ejemplar y cristiana. En el momento de ocurrir yo, que me encontraba a su lado, presencié una serie de extraños fenómenos. Una Virgen de Fátima, que le había traído de Portugal su amiga la actriz Elena Espejo, se cayó de la mesita de noche al suelo, quedó de pie y empezó a sonar su clásica música. Al mismo tiempo, se abrió el gran ventanal de su habitación, flamearon los visillos, y penetró o salió un suave viento a la vez que comenzó a nevar, a caer grandes copos como nunca yo había visto antes”. Adriano fue enterrado en el cementerio de San Justo y sobre su tumba se puede leer este epitafio que él mismo dejó escrito:
 
“¡Dios me otorgue el merecerle,
Oh Virgen de la Merced!
Dándome postrera suerte
Para que sacies mi sed
En la hora de mi muerte.”     
 
   Por último vamos a reproducir lo que dice el historiador y escritor José María García de Tuñón Aza en su obra "Vida y versos de 18 poetas españoles", editado en Oviedo en 2008, sobre el citado libro "Adriano del Valle, mi padre", escrito por su hijo, que da idea de las omisiones descaradas y manipulaciones históricas que se cometen continuamente en nuestros días:
 
   “Ahora quisiera lamentar los numerosos olvidos de Adriano del Valle Hernández, hijo del poeta y autor de un libro sobre su padre, donde no constan una serie de hechos que le vinculan muy estrechamente con el nuevo régimen español, por ejemplo: refiriéndose al Premio Nacional de Literatura, que ganó en 1.941, suprime deliberadamente el nombre de “José Antonio Primo de Rivera” que era como así se llamaba el galardón obtenido y como además así figura en la portada del libro a partir de la 2ª edición; tampoco señala que Adriano fue uno de los colaboradores de la “Corona de sonetos en honor de José Antonio”; entre las ilustraciones que acompañan al texto olvida la fotografía donde se ve claramente al poeta luciendo en la solapa el yugo y las flechas insignia de Falange Española de las JONS; otro tanto sucede con su olvido respecto de las condecoraciones que, como la Medalla de Campaña (1941) y la Orden de Cisneros (1945), le fueron concedidas por Franco a quien el poeta había dedicado, tiempo antes, palabras tan elogiosas como estas: ‘España, la España católica que fue salvada del cautiverio rojo por la espada victoriosa de Franco…’. Tal vez semejantes olvidos se deban a la ignorancia del autor del libro, hipótesis preferible antes de pensar que se trata de una muestra de sectarismo político e, incluso, de una falta de respeto a la memoria íntegra de su progenitor: en todo caso, olvidos imperdonables de un hijo que, según parece, se avergüenza de todo ello.”      
 
 
 
Agosto de 1944, Elche.
De izquierda a derecha, en pie, Arón Cotrus, Eugenio d'Ors, Adriano del Valle y esposa;
Sentadas: Virginia Cotrus y Nucella Fernández.


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