Negro sobre Blanco
 
 
 
Álvaro de Laiglesia, el más audaz para el lector más inteligente
PPG - FNFF 
 
 
Álvaro de Laiglesia González, nació en San Sebastián el 9 de septiembre de 1922. Es uno de los clásicos del humor español del siglo XX, como lo son Ramón Gómez de la Serna, Enrique Jardiel Poncela, Wenceslao Fernández Flórez, Julio Camba o Noel Clarasó, todos compañeros suyos, condenados igualmente, en mayor o menor grado, a la desaparición de su memoria por una única causa: la desinformación cultural española en lo que al más elevado de los géneros literarios se refiere.
 
   Fue bautizado con los nombres de Álvaro María Eugenio Alejandro Sebastián, y debió disfrutar de un ambiente familiar culto y de posición desahogada, pues sus progenitores poseían un chalé, “Villa Sorolla”, en el Monte Igueldo de San Sebastián, donde pasaban los veranos. Su padre había compartido tiradas de pichón con el rey Alfonso XIII y su abuelo fue fundador del Banco Español de Crédito y Gobernador del Banco Hipotecario.
 
   Su primera infancia transcurrió en medio de una serie de cambios de domicilio en Madrid: calles de Hermanos Bécquer, Hermosilla, Marqués del Riscal, Castellana, Miguel Ángel, Velázquez y Chamartín. Estudió en el Colegio del Pilar, pero sólo consiguió aprobar el ingreso y los dos primeros cursos de Bachillerato. Sus padres lo matricularon entonces en la Academia Goya, donde aprobó hasta el cuarto de Bachillerato.
 
   Colaboró en Fotos y en otras revistas como: San Sebastián; Flecha; y Unidad. Entró en el mundo de los versos, deslumbrado por aquel Federico de Urrutia de La Falange eterna. Atraído por la poesía política escribió encendidos versos firmados como El Condestable Azul, que aparecieron en Flechas y Pelayos, semanario infantil donde llegó a Subdirector a la edad de quince años. Con el fin de que se independizara económicamente lo emplearon en el Banco de España, pero allí aguantó únicamente cien días.
 
   Durante la Cruzada Nacional de Liberación colaboró en La Ametralladora, revista de humor para los Combatientes Nacionales, donde Miguel Mihura lo nombró Redactor-Jefe con dieciséis años.
 
   Colaboró también en Domingo y hasta escribió una primera obra teatral que estrenó Isabelita Garcés en 1938. Acabada la contienda Víctor de la Serna lo acogió en Informaciones, aunque muy pronto su carácter inquieto, comenzada la II Guerra Mundial, le hizo embarcarse en el Magallanes, rumbo a La Habana, donde le aguardaba Pepín Rivero, director del Diario de la Marina, que había recibido una carta recomendándole, de Manuel Aznar. Allí realizó una columna diaria, a diez pesos semanales. Insatisfecho por el trabajo volvió a Madrid, donde Miguel Mihura le ofreció el puesto de Redactor-Jefe de la revista humorística La Codorniz, apoyada por su antiguo benefactor Manuel Halcón, que con el subtítulo de “La revista más audaz para el lector más inteligente” iba a ser la continuadora de La Ametralladora. Aceptó encantado, aunque su desasosiego le llevó pronto a plantar a Mihura, enrolándose Voluntario en la División Azul junto a otros falangistas a combatir el comunismo en Rusia.
 
   De vuelta a España, en 1943, recuperó su puesto de Redactor-Jefe en La Codorniz. Y un año más tarde accedió a su dirección tras el abandono de Mihura. Fue el Director de medio de comunicación español que más años se mantuvo en el cargo: treinta y tres. Fue autor de más de cuarenta libros que alcanzaban reediciones continuadas.
 
   Pronunció conferencias por toda España que provocaban asistencias multitudinarias, intervino en televisión con series sonadas, y fue un personaje tan admirado por el gran público como envidiado por sus colegas.
 
   Sus obras principales: Un náufrago en la sopa (1944); El baúl de los cadáveres (1948); La gallina de los huevos de plomo (1950); Se prohíbe llorar (1953); Dios le ampare, imbécil (1955); Todos los ombligos son redondos (1956); Más allá de tus narices (1958); ¡Qué bien huelen las señoras! (1958); En el cielo no hay almejas (1959); Te quiero, bestia (1960); Una pierna de repuesto (1960); Los pecados provinciales (1961); Tú también naciste desnudito (1961); Tachado por la censura (1962); Yo soy Fulana de tal (1963); Libertad de risa (1963); Mundo, Demonio y Pescado (1964); Con amor y sin vergüenza (1964); Fulanita y sus menganos (1965); Racionales, pero animales (1966); Concierto en Si amor (1967); Cada Juan tiene su Don (1967); Los que se fueron a la porra (1968); Se busca rey en buen estado (1968); Cuéntaselo a tu tía (1969); Nene, caca (1969); Réquiem por una furcia (1970); Mejorando lo presente (1971); Medio muerto nada más (1971); El sexy Mandamiento (1971); Tocata en ja (1972); Listo el que lo lea (1973); Es usted un mamífero (1974); Una larga y cálida meada (1975); Cuatro patas para un sueño (1975); Sólo se mueren los tontos (1976); El sobrino de Dios (1976); Tierra cachonda (1977); Se levanta la tapa de los sexos (1978); Los hijos de Pu (1979); Morir con las medias puestas (1980); La Codorniz sin jaula (1981); y Mamá, teta (1981).
 
   Para teatro colaboró con Claudio de la Torre y Janos Vaszary, y también con Miguel Mihura en El caso de la mujer asesinadita (1946); además de guiones para comedia en Televisión española, como Consultorio (1961); El tercer rombo (1966); Historias naturales (1967-1968); o Animales racionales (1972), con Antonio Casal y Manolo Gómez Bur.
 
   Un repentino infarto sufrido en Manchester, el 1 de agosto de 1981, dio al traste con su vida.  
 
 


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