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Alzamiento cívico-militar
 
 
Mª del Pilar Amparo Pérez García (Pituca)
 
 
   La idea sobre el Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936 está hoy en día totalmente desenfocada de modo que el pueblo español, intoxicado durante muchos años, no sabe a ciencia cierta de qué se trató.
 
   Hay que empezar diciendo que la guerra civil española empezó en 1934. Historiadores serios y fiables como Ricardo de la Cierva (en diferentes obras), Pío Moa (1934: comienza la guerra civil. El PSOE y la Ezquerra emprenden la contienda, Ediciones Áltera, Barcelona, 2004) o Ángel Palomino (1934: La guerra civil empezó en Asturias, Editorial Planeta, Barcelona 1998), entre muchos otros, demuestran fehacientemente que nuestra contienda comenzó durante el levantamiento reaccionario de la izquierda en octubre de 1934.            
 
   En la prensa socialista de ese año se podían leer soflamas como estas: “¡Por la insurrección armada!”, “¡Estamos en pie de guerra!”, “¡Todo el poder a los socialistas!”, “Uniformados, alineados en firme formación militar, en alto los puños, impacientes por apretar el fusil.”, “La guerra civil está a punto de estallar sin que nada pueda ya detenerla”. El 5 de octubre de 1934 la izquierda inició su revolución cuando los partidos de centro derecha consiguieron la mayoría parlamentaria en las elecciones de 1933. Por ese motivo, los partidos de centro izquierda se levantaron en armas contra la voluntad popular reflejada en las urnas. Fue la primera batalla de una larga guerra civil.            
 
   Continuando con los antecedentes del Alzamiento, veremos que las elecciones de febrero de 1936 se desarrollaron en medio de la violencia y los resultados fueron falseados. Las izquierdas exigieron el poder, el mismo día de las elecciones y ante lo desfavorables que le fueron al gobierno los resultados que iban apareciendo de la primera vuelta, Manuel Portela Valladares dimitió. El 19 de febrero de 1936 fue nombrado presidente del gobierno Manuel Azaña por Niceto Alcalá-Zamora y, por consiguiente, el Frente Popular llegó al poder en la segunda vuelta de las elecciones en la depuración de las actas. Los votos de derechas e izquierdas fueron parecidos, con algunos más para las derechas, pero el número de escaños fue superior para el Frente Popular, influyendo decisivamente el falseamiento de las elecciones.
 
   Podemos ver el resumen de los votos e irregularidades: Votos totales 9.716.705.; Frente Popular 4.430.322.; Derechas 4.511.031.; Centro 682.825.; Blanco y otros, 91.641. Hubo irregularidades contra las candidaturas de derechas en las provincias de Cáceres, La Coruña, Lugo, Pontevedra, Granada, Cuenca, Orense, Salamanca, Burgos, Jaén, Almería, Valencia y Albacete, entre otras. Estas irregularidades sirvieron para convertir en una victoria en escaños para el Frente Popular su derrota en votos. Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República en 1936, en declaraciones al Journal de Geneve, publicadas en 1937, dijo lo siguiente: “A pesar de los refuerzos sindicalistas, el Frente Popular obtenía solamente un poco más, muy poco, de 200 actas, en un Parlamento de 473 diputados. Resultó la minoría más importante, pero la mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo, logró conquistarla consumiendo dos etapas a toda velocidad, violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia.”               
 
   Los gobiernos del Frente Popular no impidieron la violencia contra las derechas y contra los edificios eclesiásticos, junto a multitud de  robos y asesinatos. Los detenidos de la insurrección de Asturias fueron excarcelados y quedaron readmitidos obligatoriamente en las empresas, incluso en las que habían atentado y en las que habían cometido homicidios. Los socialistas lanzaban a los jornaleros a la ocupación de tierras. Las huelgas se multiplicaban. El paro aumentaba vertiginosamente...
 
   Mienten quienes quieren presentar la contienda como una lucha entre dos bandos: de un lado el gobierno legítimo de la república y el pueblo deseoso de libertad; y de otro lado, los generales en defensa de sus privilegios, del capitalismo y del fascismo con la bendición de unos obispos reaccionarios y cómplices de los poderosos.  
 
   Ocultan que a lo largo de la contienda, hubo muchos más voluntarios en las Fuerzas Nacionales que en las “gubernamentales”, autoproclamadas ejército rojo. Hay que saber y dejar bien claro que los banderines de enganche de las milicias del Frente Popular ofrecieron desde el principio un sueldo de diez pesetas diarias a los voluntarios. Entonces en España, un trabajador con categoría de oficial ganaba nueve pesetas por cada día laborable. En cambio, el Soldado Nacional ganaba 50 céntimos diarios, y el sueldo de un Alférez era de 333 pesetas mensuales, que se elevaba a 360 cuando estaba en el frente. El miliciano rojo “raso” ganaba las 310 pesetas al mes, mientras el nacional ganaba 15 pesetas mensuales. Además el gobierno de la República acudió pronto a las movilizaciones de quintas llegando a llamar a filas a los ciudadanos próximos a los cuarenta años de edad. Mientras, a las filas Nacionales llegaron voluntarios hasta el final de la guerra y en las llamadas a filas sólo se llegó hasta los solteros de 28 años que, además, fueron destinados a servicios de retaguardia.       
 
   En cuanto a los Generales, los sublevados fueron minoría. Veamos la realidad, por encima de tópicos y falsedades:  
 
Militares en presencia                              Sublevados                     Con el gobierno
Jefes de Región Militar (Capitanías)                     1                                            7
Generales de Marruecos                                      1                                            3
Generales de División                                          4                                            8
Generales de Brigada                                          15                                          18
Jefes y Oficiales                                                7.719                                    7.624       
 
   Además, los Nacionales apenas tenían Armada, entre otras razones porque los navíos que estaban en alta mar el 18 de julio de 1936, como el Jaime I, Jaime II, o el Cervantes, por ejemplo, la marinería asesinó a todos los mandos, Jefes y Oficiales, con crueldad suprema, arrojando al mar a los heridos mezclados con los muertos. De forma igualmente repugnante hicieron lo mismo con Jefes y Oficiales de los navíos fondeados en el Puerto de Cartagena: los metieron en sacos por separado, encadenados, y los arrojaron a los mares, vivos.  
 
   Respecto a estos datos, Indalecio Prieto se sorprendió ante el Alzamiento diciendo: “¿Adónde van esos locos? Nosotros tenemos las principales ciudades, los núcleos industriales, todo el oro del Banco de España, inagotables reservas de hombres, y tenemos la Escuadra”. A lo que Francisco Franco le respondió: “Es verdad, ellos lo tienen todo, todo, menos la razón”              
   
  Así, vemos que el Alzamiento Nacional del 18 de Julio no fue, como muchos indican maliciosamente, un Alzamiento militar exclusivamente. Fue un Alzamiento cívico-militar puesto que “media Nación no se resignó a morir”. Sobra mencionar los innumerables datos y cifras de asesinados, represaliados, de cierre de periódicos, censuras, persecuciones que la república del Frente Popular realizó. Un Frente Popular que estaba en manos de la URSS, por mucho que se quiera negar ahora. Son de resaltar dos hechos clarificadores de dicha afirmación: se gritaba alegremente “¡Muera España! ¡Viva Rusia!”; y en la madrileña puerta de Alcalá se colocaron las efigies del sanguinario dictador comunista Josif Stalin, rodeado de los líderes soviéticos Litvinov y Voroshilov, en tres arcos de media punta del citado monumento, junto al escudo de la Unión Soviética, por encima de la inscripción real de Carlos III ocultándola, con un letrero con la leyenda “Viva la URSS”.   
 
   Para más inri, son muy significativas las palabras de Winston Churchill, recogidas en el diario británico Evening Standard, el 10 de agosto de 1936, sobre la España del Frente Popular: “¿Cómo sucedió? Sucedió “de acuerdo con el plan”. Lenin afirmó que los comunistas debían prestar su ayuda a todo movimiento hacia la izquierda y promover la implantación de gobiernos constitucionales débiles, de signo radical o socialista. Después socavarían esos gobiernos y les arrancarían de sus manos vacilantes el poder absoluto instituyendo un estado marxista. El procedimiento es bien conocido y ha sido comprobado. Forma parte de la doctrina y táctica comunistas. Ha sido seguido de manera casi literal por los comunistas de España. […] Desde las elecciones celebradas a principios de este año, hemos asistido a una reproducción casi perfecta en España, mutatis mutandis del período de Kerensky en Rusia.”
 
 
   El Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936 fue, por tanto, una respuesta cívico-militar ante las presiones y represiones que estaba realizando el gobierno marxista del Frente Popular al pueblo español, aunque algunos “historiadores” quieran negarlo utilizando la misma propaganda de guerra que realizó su admirado Tuñón de Lara, colaborador de la KGB soviética.
 
 
 
 
    


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