Negro sobre Blanco
 
 
 
Antonio Aparisi y Guijarro, Jurista, Pensador,Orador y Político Tradicionalista
 
PPG- FNFF 
 
 
 
Antonio Aparisi y Guijarro nació el 29 de marzo de 1815, Domingo de Ramos, en  Valencia. Jurista, Pensador, gran Orador y Político Tradicionalista. Poco después de acabar los estudios de Derecho, se afilió al Tradicionalismo. Ejerció como Abogado en Valencia y, después, en la Corte, donde alcanzó gran fama como jurisconsulto. Fue diputado y senador en varias ocasiones. Defensor de la Tradición dirigió varias revistas que promulgaban ese pensamiento. Entre ellas se pueden destacar: La Restauración, El pensamiento de Valencia y La Regeneración.
 
   Políticamente defendió el poder temporal del Papa y atacó las leyes desamortizadoras. Asistió a la Conferencia Carlista, celebrada en Suiza, y bajo su influencia se fundó el Partido Carlista. Fue un leal servidor del rey Don Carlos VII, al que conoció en París. Fue nombrado Consejero Real y tuvo conversaciones con los representantes de la destronada Isabel para unir las dos ramas, y a su pluma se deben algunos documentos firmados por el rey, como la Carta- Manifiesto dirigida al infante don Alfonso Carlos. Estuvo muy influido por Jaime Balmes y Donoso Cortés, influyendo él, a su vez, en varios pensadores del Carlismo, como Juan Vázquez de Mella y Víctor Pradera.
 
   Sus obras más destacadas son: Observaciones sobre el estado político y religioso de España; La Cuestión Dinástica; La Restauración; El rey de España; Defensa del señor don José Toral; Doña Inés de Castro; La muerte de Don Fadrique; Pensamientos y poesías; Discursos parlamentarios; y Discursos forenses. En Poesía, se pueden destacar: Oda al Sol; Oda a la espada de don Jaime el Conquistador; Oda a España y África, y Poema a la Batalla de Bailén. En 1940, Ediciones FE publicó una Antología, con selección de textos y prólogo de Vicente Genovés, en la colección "Breviarios del Pensamiento Español".
 
   Perteneció a la Real Academia de la Lengua y a la de Ciencias Morales y Políticas, pero no pudo leer sus discursos de ingreso, igual que le sucedió a Jaime Balmes, por llegarle la muerte antes. Cuando iba en el interior de un coche en compañía de su amigo Gabino Tejado, dirigiéndose al Teatro Real para asistir a una representación de Ópera, porque la música fue su gran pasión, murió trágicamente. Después de haber trabajado por una reconciliación nacional, tuvo tiempo de decir antes de expirar: «el odio nos ha vuelto locos». Sucedió en Madrid, el día 5 de noviembre de 1872.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


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