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Antonio Bahamonde: memorias de un impostor (1)
 
 
 
 
   El historiador Moisés Domínguez Nuñez continúa con sus investigaciones para demostrar hechos reales, rebatiendo las tesis que han venido siendo norma en la historiografía española, con el fin de defender la verdadera historia de España.
 
   Ya dimos a conocer hace unos meses su último descubrimiento: En busca del General Balmes, y ahora damos paso al nuevo trabajo: Antonio Bahamonde: memorias de un impostor. Iremos publicando su artículo por partes, a lo largo de estos días: No les dejará indiferentes.   
 
 
 
Moisés Domínguez Núñez
 
 
   Uno de los libros testimoniales que ha tenido más repercusión en la historiografía frentista actual es, y fue, sin duda alguna: “Un Año con Queipo de Llano. Memorias de un Nacionalista”, escrito por Antonio Bahamonde Sánchez de Castro, que llevaba como subtítulo: “Delegado de prensa con Queipo de Llano hasta Enero de 1938”[1] . Una actividad publicista sin paragón, propició que el libro de Bahamonde haya sido uno de los más usados por la historiografía de combate.    
 
   También aportaba este libelo, como novedad, varias copias fotostáticas de documentos personales del propio autor que acreditaban su estancia en el campo rebelde entre octubre de 1936 y agosto de 1937.    
 
   Como si de un nuevo Bartolomé de Las Casas en versión moderna de su Brevísima relación de la destrucción de las Indias se tratara, ni qué decir tiene que, en la prensa de la época se anunciaba a bombo y platillo como «la acusación más rotunda contra los asesinatos, crueldades y abusos cometidos por los militares traidores»[2]. El embajador del Frente Popular en México, Félix Gordón Ordás, llegó a decir que se trataba del «documento más contundente sobre lo que es el fascismo criminal y arrasador de la España Negra»[3]. Toda una sugerencia de su contenido para un lector ávido de trapacerías fascistoides.    
 
   Las sucesivas ediciones no se harían esperar allende las fronteras. Si en un principio este folleto vería la luz en el verano de 1938 en Barcelona con un precio inicial de venta al público de 15 pesetas[4] , su primera repercusión editorial tuvo lugar en Francia, gobernada por otra suerte de coalición frentepopulista. Con el título “Un an au service du général Queipo de Llano Mémoires d’un nationaliste” fue traducido rápidamente por André Wurmser (a la sazón, escritor y editorialista del órgano del Partido Comunista francés L’Humanité), y sería editado en septiembre de 1938 en París bajo el sello editorial de La Voz de Madrid.    
 
   El folletín iba cosechando tal éxito de tirada que no tardaron en aparecer otras, y más extensas, publicaciones en ese mismo otoño de 1938, esta vez allende el Atlántico. De modo que a la edición parisiense, seguía la mejicana por Ediciones “Nuestro tiempo” o la argentina. La de éste país, todo un éxito de popularidad y casi un best-seller, incorporaba como novedad unas ilustraciones de Castelao y prólogo de Gerardo Ribas[5]. Se publicaba en Buenos Aires bajo el sello de Ediciones Republicanas.    
 
   Inmediatamente, ese mismo año traspasaría nuevamente el océano, para ser publicado en Cuba en enero de 1939, bajo los auspicios de la editorial Facetas[6] y prólogo del intelectual y doctor en Derecho Juan Marinello Vidaurreta, quien acabaría, por supuesto, años más tarde como miembro del Comité Central del Partido Comunista Cubano[7].Y cual traca de feria, en Marzo de 1939, aparecería la edición inglesa, asimismo con notable acogida. En el Reino Unido, esta vez sin embargo, el título cambiaba por unas “Memoirs of a Spanish nationalist”. La edición corría a cargo de United Editorial Limited que ya había adelantado en 1938 algunos capítulos en su revista The War in Spain[8].    
 
   Para no desaprovechar la ocasión que ofrecía el mitómano Bahamonde de difundir la supuesta criminalidad y trapacerías de las hordas fascistas, todas estas ediciones de una u otra manera serían promovidas y subvencionadas por el gobierno revolucionario del Frente Popular, que incluso llegó a regalar el libro en la Embajada Republicana en Londres.    
 
   Si eso ocurría fuera de nuestras fronteras, la difusión interna no le iba a la zaga en gozo. Aprovechando los talleres requisados, es decir, robados a los Luca de Tena, la revista quincenal (ahora frentepopulista) Blanco y Negro obtuvo autorización para publicar íntegramente el libro donde se enumeraban «los desmanes de los fascistas». Parte del mismo, a retazos, sería publicado por capítulos en algunos diarios más como El Diluvio[9].    
 
   El libro de Bahamonde fue uno de los más importantes instrumentos de agitación, usados por los órganos del Frente Popular, en la guerra de la propaganda como lo demuestran los siguientes datos. En total fueron 14 ediciones en español[10], 6 ediciones en inglés y 4 ediciones en francés[11]. También tenemos noticias que llegó a realizarse una edición en holandés.    
 
   Más recientemente, en el año 2005, la editorial Espuela de Plata realizaba una reedición de este libro incluyendo dos escritos más bajo un solo volumen y con prólogo del profesor socialista Alfonso Lazo. Ya en la portada desaparece el subtítulo “Delegado de prensa con Queipo de Llano hasta Enero de 1938” (no olvidemos este dato). No obstante, hemos de señalar que los otros dos escritos (“Noches de Sevilla”, de Jean Alloucherie, y “El infierno azul” de Edmundo Barbero), no aparecen anunciados en la portada de esta reedición que es, por otra parte, la que hemos utilizado para nuestro trabajo.   
 
¿Quién fue Antonio Bahamonde?
 
   Antonio Bahamonde Sánchez de Castro, cabe decir, fue un personaje casi anónimo y totalmente enigmático. Salvo en dos apariciones editoriales (el libro que estamos comentando y otro posterior, editado en México en noviembre de 1940 en obra colectiva y en calidad de autor corporativo de “México, es Así”), no volvió a dejar rastro alguno por las librerías. Ni en la vida social ni pública española o mexicana.
 
   Extraña, pues, en principio, que en los archivos españoles se le haya perdido totalmente la pista. Las anotaciones que figuran en el Centro Documental de la Memoria Histórica y el Archivo General de la Administración son meramente anecdóticas. Igual ocurre en los archivos militares de Ávila, Segovia y Guadalajara, en que no aparece. Nuestras pesquisas en diversas instituciones, archivos locales, registros españoles, etc., han sido infructuosas de la misma manera.
 
   Dada esa clamorosa falta de información, hubimos de recurrir a los archivos históricos extranjeros de Bélgica, México, Francia y Holanda y a las hemerotecas de España, México, Cuba, Australia y EEUU. Y es en esas fuentes tan dispersas donde se ha podido reconstruir y de alguna manera desentrañar y aclarar –insistamos: sólo en limitada medida- los pocos datos que nos constan como ciertos relativos a este misterioso personaje.
 
   Ha sido, por tanto, muy complicado averiguar datos biográficos y recabar información sobre este madrileño, nacido en la capital de España el 4 de junio de 1896, hijo de Ángel y de Carmen[12], que se autoproclamaba como fervoroso católico practicante de misa de domingo (su tío Vicente Santiago Sánchez de Castro llegó a ser Obispo de Santander[13]) , apolítico, burgués acomodado y padre de familia ejemplar, y que sin embargo no era más que un impostor y un embaucador al servicio del Frente Popular.
 
   De la escasa información biográfica, sin embargo, se desprende fehacientemente que Antonio Bahamonde Sánchez se hallaba fuertemente vinculado con la Barcelona de preguerra. Allí se desplazó a trabajar en la década de los veinte del siglo pasado y allí se casó con la también madrileña Emilia Quintana el 22 de marzo de 1926. No está de más insistir en que Barcelona era y seguiría siendo el mayor caladero del anarquismo español, temporalmente atenuado ahora por la intervención de la dictadura de Primo de Rivera.
 
   Al año siguiente, 1927, al parecer marcha a Sevilla al cobijo de su tío Manuel Sánchez de Castro, Catedrático de Derecho Natural en la Universidad de Sevilla. Antonio Bahamonde figura entonces como vecino residente en la Calle Marqués de Paradas, nº 4. En el plano laboral, se ha convertido en titular de una imprenta en la calle Álvarez Quintero nº 68, al frente de cuyo negocio, que explota convenientemente, le sorprende el alzamiento del julio de 1936.
 
   Es entonces cuando, gracias a su amistad con uno de los primeros sublevados de esa ciudad, el capitán López Diéguez, consigue no sólo el suministro del material de oficina de la II División, sino además el monopolio de sus publicaciones, fundamentalmente pasquines y panfletos con los que inundar el frente y la retaguardia enemiga. Además, suministraba el material de oficina de la División.
 
   Con tales antecedentes de colaboración interesada, el 2 de octubre de 1936 se afiliaba a las Milicias Nacionales. En ese mismo mes, merced otra vez a un comandante, con el que traba afinidad, lograba ser nombrado Delegado de prensa y propaganda de la II División con sede en Sevilla.
 
   Su ámbito de radio abarcaba toda la Andalucía occidental y la provincia de Badajoz. Hay que advertir que en su panfleto, lleno de minúsculos detalles tan al gusto de Stendhal[14], es de lo más difuso con respecto a las fechas de su incorporación al Alzamiento y su marcha de España.
 
   Desde luego no sería el primer ni ultimo intruso que se coló en la II División controlada por el General Republicano Queipo de Llano pues como expresan Antonio Olmedo y José Cuesta Monereo:
 
   «Ya en los primeros días iniciales del Alzamiento pudo entrar y salir a su antojo, en el despacho de la Gavidia, el Jefe de las células comunistas organizadas en la Comandancia de Carabineros de Sevilla. También ganó su confianza un tal Antonio Bahamonde y Sánchez de Castro que se pasó a zona roja luego de haber desempeñado durante mucho tiempo el cargo de Jefe de Propaganda cerca de don Gonzalo»[15].
 
   Sirva esta cita, pues, para no olvidar en ningún caso la gran cantidad de antiguos afiliados a la CNT que engrosaron las filas de Falange y las milicias nacionales. De esa masiva afluencia serviría también, como ejemplo, el caso del extremeño Nicasio Álvarez de Sotomayor Gordillo y Aguilar.
 
   Estimamos que nuestro sujeto de estudio no debió de ser ajeno en modo alguno al oportunismo político que se le brindaba, si con ello además de pingües beneficios, lograba salvar la vida y vivir como emboscado todo el tiempo que permaneció en la zona nacional. No a otra cosa induce su innegable trayectoria posterior. Ni por supuesto el cúmulo de embustes, medias verdades y mentiras claras con la que adorna sus relatos.
 
   Relato en el que, por otra parte, para alejar cualquier sospecha de inverosimilitud, incluye una confesión de protagonismo en primera persona tan falsa como su –ya mencionada- confesión de fe religiosa.
 
   Dice textualmente en su libro: «Todo lo que en este libro se relata, lo he vivido. No me refiero nunca a hechos que me dijeran sino a lo que he visto y comprobado. Lo que relato sin haberlo visto personalmente, lo sé por haberlo oído a sus autores directamente, o por haber tenido noticias fidedignas en los despachos oficiales».
 
   Él miente y lo sabe. En este trabajo demostraremos que este amigo de los Cenetistas: ni vivió, ni vio, ni comprobó y ni oyó muchas de las noticias que relata en su libelo. Como comprobaremos la gran estafa de Antonio Bahamonde reside más en lo que oculta que en lo que escribe.
 
   Prosigamos, cuando destierran aquel a Badajoz como Delegado Provincial de Prensa y Propaganda , el negocio se le viene abajo y -¡oh! qué casualidad- es cuando le viene esa repentina conversión frente-populista.
 
   Es solo entonces cuando se reinventa así mismo y se permite escribir unas pseudo-memorias, confesiones y acusaciones en las que hay una crítica constante de los militares y de la Iglesia, evidentemente callando que en la otra zona se está haciendo una represión terrorífica. Desde luego, este renacido Mirabeau se aplicó con la fe de un converso en su tarea demoledora del nuevo régimen franquista.
 
   Para el historiador de combate es el libro perfecto para demostrar lo traidores, malvados y asesinos que fueron los sublevados. Es tan bueno para su propósito propagandístico que es esta circunstancia la que me llevó a sospechar que tras Bahamonde y su libelo había una trastienda a la que había que entrar para valorar la verdadera dimensión del libro y del autor en cuestión.
 
   Es curioso, que ningún historiador e investigador subvencionado hayan ido más allá de aquel folletín sin someter a la menor crítica a su autor. Más de uno de estos prestigiosos prefieren la Kitsch a la verdad. No hay un solo estudio, que yo sepa, haya contrastado e investigado a este personaje que tan buenos réditos propagandísticos ha proporcionado a la agit-prog de entonces y de ahora. Ha llegado el momento de desmochar las mentiras que nos contó el Señor Bahamonde y desenmascararlo. 
 
 
 
 
 
 
 


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