Actualidad
 
 
 
Aquella España
 
  “Von Thies”
 
 
   Aquella España nada tiene que ver con “tiempos de costuras”, “cuéntame…” o “tiempos revueltos”; tampoco con los documentales continuos, pesados, espesos, pringosos de la TV2 y similares; ni con las películas, seriales, culebrones y demás basura que se incrusta de forma continua, programada e implacable sobre las mentes casi vacías de los españoles.  
 
   No sólo se ha manipulado a generaciones de españoles (que viven en este país…) que acaban de cumplir 45 años, sino a muchos más que sí vivieron en aquella España, pero a los que han convencido de que cuando estaban satisfechos tenían hambre, y que cuando reían, lloraban. Nunca un lavado de cerebro tan constante ha sido tan eficaz. Hasta el punto de que hasta la cobarde, torpe, estúpida y corrupta derecha ha llegado a considerar que “aquella España” es sólo un paréntesis vacío en nuestro devenir histórico.   
 
   Pero “aquella España” existió, y gracias a ella, durante 40 años, España dio un salto hacia adelante y también arriba (¡arriba España!), los mejores de nuestra historia desde los tiempos del primer concilio de Toledo. Era una España donde primaba el trabajo, sin horas que contabilizar, la paz, la ilusión, la esperanza y hasta la alegría, pese a aquellos que hacían lo imposible para poner obstáculos. Era la España en la que hasta los contados “antifranquistas” vivían mejor.     
 
   Ahora aparecen “antifranquistas” hasta en la triste derecha. Asoman por todas las cloacas y sumideros, y ¡ay! de aquel que se atreva a hacer el menor elogio de “aquella España” porque se le acaba el pan, la sal y hasta el asiento a la lumbre. Quizá le quede sólo el vinagre… Es un fenómeno que estudiarán en el futuro aquellos que busquen las razones del fin de España como entidad histórica. Porque esta España, tan diferente de “aquella” que conocimos y vivimos, está al borde de su extinción.   
 
   Esta presunta España es la de la corrupción como una de las bellas artes; la que ha sentado a los terroristas en las instituciones; la que los saca a carrerilla a la calle para organizarse sus propios homenajes; la que permite las maniobras separatistas desde las propias instituciones sin que se haga nada para impedirlo; la que permite los brutales ataques al español en Cataluña; la que permite movimientos nacionalistas y hasta separatistas en todas (todas) nuestras regiones, hoy simples taifas autonómicos; la que permite que la algarada callejera se salte hasta las mismas bases del sistema y consiga sus objetivos; la que está bajo la sucia bota de las organizaciones que ahora denominan gays, que imponen sus ideas, sus planes y hasta sus leyes; es a la que molesta la familia (no la “tradicional”, la única), la que permite que nazcan niños sin padre o que sean legalmente adoptados por gays; es la España que ignora la herida de Gibraltar y acepta que el entorno del Peñón sea colonia de la colonia británica; la que consigue un paro del 26 % sin trazas de que baje este terrible porcentaje; la que mete en mogollón a una muchedumbre de inasimilables islamistas y negros centroafricanos, sin límites, sin control…, que serán los votantes de la podrida y por supuesto corrupta izquierda, islamistas que nos impondrán sus coranes, sus “sharias”, y sus insoportables hábitos, porque ellos son los procreadores, y no la capada sociedad abortista, la que se conocía antes como de cultura occidental, por no decir cristiana; es la del orweliano control ciudadano, el de las cámaras de seguridad hasta en la sopa, la que guarda en sus archivos hasta el pensamiento de cada ciudadano para poder acogotarlo cuando haga falta; es la España inexistente en muchas zonas de España, donde no puede ir ni el rey ni la Bandera ni puede oírse el Himno Nacional; es el los San Fermines sin Bandera española, o la de la Feria del Rocío de los andaluces en Barcelona, donde sólo se ve la verdiblanca moruna que creara un antiespañol llamado Blas Infante, o las catalanas, incluidas las separatistas; es la que permite que un perfecto gilipollas con alma perversa haya podido gobernar a esta capada sociedad, y creando en ratos libres esa vileza de la “Memoria Histórica” que la corrupta derecha del desagüe acepta encantada;  el de la vileza legal, subvencionada y criminal llamada aborto; la organizadora de la gigantesca destrucción de nuestro patrimonio, arrasando monumentos, cruces, escudos, lápidas..., poniendo calles a genocidas, a bandoleros del maquis o a siniestros etarras…      Podíamos seguir pero nos compadecemos de nuestros amigos (de los enemigos, por supuesto que no).   
 
   “Aquella España” ha desaparecido, y lo que es peor, parece que ha desaparecido para siempre. No era la España perfecta, aun le quedaba camino por recorrer, pero de haber sido los políticos que se amontonaron para hacer la “transición”, no ya buenos, sino simplemente inteligentes, a raíz de la muerte de Franco, los fallos y las zonas agotadas de “aquella España” se habrían mejorado y solucionado para poder meternos, como clamaban con pesada insistencia, en nuestro “entorno democrático” europeo.  
 
   Lo dice Vidal Quadras, no lo decimos nosotros, en una carta a Rajoy: “Oteando un horizonte de por lo menos 5 años de paro por encima del 20 % de la población activa, crecimiento próximo a cero, deuda pública superior al 100 % del PIB….”. En el año final de “aquella España”, el paro era del 4 %, el crecimiento del 7 y la deuda también del 7 %.     
 
   Uno que había estudiado muchos años antes que yo en el colegio de los Jesuitas del Palo de Málaga, escribió lo siguiente: “En la Historia triunfa la vitalidad de las Naciones, no la perfección formal de los Estados”. Quien escribió esto se llamaba Ortega y Gasset y lo dijo en  “La revolución de las masas”.   
 
   Sí, añoramos aquella España, porque era España, imperfecta como lo ha sido desde que nació a la Historia, pero era España. Esta de ahora no se sabe ni lo qué es. Y si alguien dice que lo que aquí escribimos es exagerado o falso, no tiene más que señalarlo y lo discutiremos.      
 
 
 
 
 


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