Actualidad
 
 
 
Burgueses en la niebla
 
Honorio Feito  
 
El País, un diario experto en renegociar créditos y más créditos, esos que no se pueden devolver y que tenemos que abonar todos los españoles, estandarte del socialismo para súper ricos, esos que viven a costa del Estado, y que en realidad no es más que un activo tóxico que tendría que contabilizarse en el banco malo del Establishment hispano tan bien retratado por Rodrigo Royo, sigue con los mandatos de sus "proveedores", atizando el odio contra Franco y  la Iglesia Católica.  En uno de esos ladrillos a los que nos tiene acostumbrados el diario El País, y que suele tener como protagonista al Caudillo, se trata la celebración del concilio Vaticano II, que como todo el mundo sabe se celebró entre 1962 y 1965, y, por supuesto, según anuncia el titular, allí reunió, por parte de la Iglesia Española, a obispos “perplejos”, en un concilio curioso y con Franco, “irritado”.  
 
Este exponente del periodismo socio-panfletario,, publicado el domingo 21, día de confirmación en las urnas de las ansias independentistas en Vascongadas y Cataluña, explica que los obispos españoles se encontraban en el Concilio “perplejos y avergonzados” y, copio literalmente, “sin comprender gran parte de los documentos del concilio. Resistentes, la inmensa mayoría, a los cambios ordenados por el Vaticano. Preocupados por la reacción del jefe del Estado, el dictador Francisco Franco, al que debían, muchos de ellos, el rango episcopal. Comprometidos a cumplir lo mandado por el Papa, pero sin idea de cómo compaginarlo con el patriotismo católico (nacional católico) surgido de un golpe de Estado criminal que seguían bendiciendo como una gloriosa cruzada cristiana”.    
 
Pues en este tono, y este ambiente, se desarrolla el peñazo de este domingo (ignoro si hay algún ejemplar de éste periódico en el que no haga referencia a Franco, a quien no conoció porque El País, como periódico, nació al comienzo de la Transición, etapa a la que sí habría que dedicar unos cuantos capítulos para explicar a las generaciones actuales lo que es una crisis y en qué forma, los pseudo intelectuales del Régimen, se colocaron los baberos para exprimir al Estado con ayudas y fondos de reptiles del nuevo orden que desoló a España y que nos ha llevado a la situación actual).    
 
 
Evidentemente, el fondo de este ladrillo no es contar a sus lectores cómo transcurrió la celebración del Sínodo, que no vendría mal para aclarar a muchos de ellos, especialmente a los que piden que la Iglesia pague el IBI (o la contribución, vamos), lo que realmente se reformó a través del aquel Concilio. De lo que se trata es, una vez más, de atacar a la figura del Generalísimo, de ensalzar la voz de los obispos que fueron críticos con el Régimen de Franco (en realidad, sólo uno, D. Fidel García Martínez, protagonista de algunos asuntos poco o mal aclarados, que no tuvo muchas muestras de solidaridad entre sus compañeros, dicho sea de paso, aunque años más tarde, en plena agonía de Franco se escucharon, claro, algunas otras voces discordantes no tanto por anteponer una crítica, sino por aprovechar el momento político, como la de Mons. Tarancón), y de ensuciar a los que mantuvieron una buena relación con el Régimen, tras el periodo de terror que fue la II República española que se distinguió, precisamente, por haber masacrado a la Iglesia católica en España y a sus seguidores, que fueron ejecutados por miembros de comités populares, que suplantaron a la Justicia, y a los que ahora parecen defender, cuando no justificar, estos burgueses que ejercen, sólo de palabra, de progresistas.  
 
El folletín del diario de Prisa presenta la celebración del Concilio como una manifestación de la Iglesia contra la España del general Franco, e intenta mostrar a una avergonzada Iglesia española que fue colaboradora del régimen nacido el 18 de julio de 1936 (añado, provocado por los mandamases de la torpe República que convirtió la convivencia en un sumarísimo juicio popular contra las personas de derechas, dejando a los asesinos campar a sus anchas sin temor a la Justicia). El Sínodo fue convocado, principalmente, para cumplir con un objetivo principal, el aggionarmiento de la Iglesia, o lo que es lo mismo, una reforma pero ocultando el término reforma. Los tres pilares de este objetivo fueron la apertura de la Iglesia a la sociedad y al mundo moderno, la unidad de los cristianos y la Iglesia de los pobres en fidelidad con el Evangelio. Aunque no soy experto en el tema, de los textos que he leído en diferentes ocasiones sobre la celebración del Concilio, no recuerdo haber leído ninguno que citara una “reprimenda” expresa acerca del régimen de Franco en ese Concilio.  


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