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Calle del pecado y justiprecio
 
 
José Manuel Cansino
Profesor Titular de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla
 
 
   En una calle sin salida ni tapia peliculera que al saltarla ensanche el horizonte, unos pocos naranjos de esos que resisten el calor como adoquines y unos cuantos pisos que anidarán, seguramente, sueños infinitos, se lee el nombre de un ilustre economista sevillano que, por tener poco reconocimiento, no tiene ni el nombre bien escrito.
 
   A la cabeza del paro y a la cola de la renta per cápita, ni son muchos ni concluyentes los estudios que han abordado las causas de la fragilidad económica de Andalucía; quizás estamos demasiado a gusto cantándonos nuestras lindezas y dispuestos a culpar de nuestras penas a los caciques cortijeros y a los industriales de la ribera del Llobregat
 
   Lo que sí es cierto es que el imaginario colectivo de una sociedad es el que se ocupa de señalar a los modelos a imitar y a los villanos a los que repudiar. Y el nomenclátor callejero es un buen indicador del imaginario de una sociedad. A él se encumbran vecinos notables, devociones hondas y fechas recordadas o que nos obligarán a recordar.
 
   Como en tantas cosas, lo difícil del nomenclátor no es llegar a él en forma de rótulo. Lo difícil es supervivir al revanchismo y a la terrible pregunta aldeana de «¿Y este tío que hizo por la gente del barrio?». Tremendo preámbulo de un pleno municipal de algún ajuste histórico que cambiará a alguien olvidado por un vecino efímeramente ilustre.
 
   Y viene todo esto a colación de la publicación de la obra «Economía y Economistas Andaluces» (Ecobook) que ha coordinado la profesora Rocío Sánchez Lissen. Una obra que nace ya como una obligada referencia para los interesados en conocer cómo los economistas en Andalucía vieron pasar del Siglo de Oro al maldito oro olímpico en desempleo.
 
   Uno de los autores más importantes y mejor olvidados, incluso en las facultades de Economía, sirvió al profesor Manuel Lagares para la presentación de esta ambiciosa y bien construida obra.
 
   Precisamente un autor que coincide –cinco siglos después– con muchos de los que buscan en las carencias morales, las raíces de la crisis económica actual. Un planteamiento que yo no comparto del todo pero que da para muchas conferencias de los que no mostraron escrúpulos especuladores en época de bonanza y tampoco los tendrán, apenas la Bolsa recupere los 10.000 puntos y el Ibex'35 vuelva a dar subidas de festín.
 
   Los británicos no sólo se quedaron con Gibraltar sino que también desde finales del siglo XVIII se ocuparon de eclipsar académicamente las aportaciones económicas de los doctores españoles de la Universidad de Salamanca. Un patrimonio cultural que no figura en ninguna «app» para «smartphone» ni, consecuentemente, en el imaginario colectivo de este país tan fuerte como España que logra supervivir unido a pesar de llevar siglos queriendo destruirse.
 
   La explosión económica a la que dio lugar el descubrimiento del Nuevo Mundo y la vitalidad del siglo XVI cogió de sorpresa a los teólogos y moralistas. Incapaces de dar juicios morales a las leyes que regían un comercio que se había multiplicado.
 
   Esta fue la tarea principal en la que se emplearon los teólogos e incipientes economistas de la Escuela o Universidad de Salamanca. Sus obras son manuales de confesionario que se publicaban en auxilio de quienes habían de administrar la absolución de los pecados y nada sabían de tipos de cambio, de préstamos con interés o sobre todo, de cuál era el precio justo de las cosas. Cobrar de más era pecado.
 
   Figura muy relevante en este electo de economistas teólogos fue el sevillano Tomás de Mercado. Un fraile dominico que sirvió al profesor Lagares para presentar «Economía y Economistas Andaluces». Fray Tomás de Mercado fue un intelectual que ni está en las «apps» de los «smartphone», ni compartiendo imaginario colectivo con Belén Esteban, ni tiene el nombre completo en su calle (le falta el «de» en su calle sevillana), ni su calle tiene salida. Esperemos que la economía andaluza sí la tenga y en nuestro imaginario encuentren hueco fechas y nombres que hicieron de Andalucía y de España, una tierra prodigiosa.
 
 
 
 
 
 
 


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