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Cambiar la Constitución
 
 
Jesús Laínz
 
 
   Desde hace algún tiempo está de moda proponer cambiar la Constitución. Los separatistas, lógicamente, para conseguir una secesión más fácil. Los socialistas, insistentes, para satisfacer su capricho de construir un estado federal que no satisfará a nadie. Y otros, desde esa nebulosa que, por inercia, se llama derecha, por los motivos más peregrinos. Ése es el caso, por ejemplo, de Luis María Ansón, uno de los creadores de opinión con mayor influencia y peor puntería del último medio siglo –no hay que olvidar que fue un gran admirador de Jordi Pujol, al que incluso llegó a distinguir, en su etapa de director del ABC, con el premio “Español del Año” en 1984 por su talla de hombre de estado mientras se afanaba en horadarlo.
 
   Últimamente Ansón y otros se han declarado partidarios de reformar la Carta Magna porque ya han pasado treinta y cinco años desde 1978, tiempo que, según dicen, justifica su cambio sobre todo porque hay unos cuantos millones de españoles que por su edad no la votaron y, por lo tanto, no tienen por qué sentirse vinculados por ella. Según tan curioso argumento, los estadounidenses deberían haber reformado su constitución unas diez veces desde su aprobación. Y mejor no mirar hacia Inglaterra para no sufrir de vértigo. En cuanto a otros textos legales de no poca importancia, el Código Civil es de 1889, por lo que los españoles de hoy no deberíamos sentirnos vinculados a tan rancios preceptos sobre la justicia, las obligaciones y los derechos. Tan rancios que sus raíces ahondan en el derecho romano y la moral cristiana. Pero mejor no continuemos por ahí.
 
   Otros cándidos, tanto de la variedad hemipléjica derechista como de la izquierdista, proponen cambiar la Constitución para satisfacer una vez más a los separatistas, esa insaciable minoría de la nación. Pero, puestos a cambiarla con criterios democráticos, ¿no habría que hacerlo para satisfacer a la inmensa mayoría de los españoles no separatistas? No entiendo yo mucho de estas cosas, pero ¿no consistía en eso la democracia? 
 
 
 
 
 
 
 


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