La Voz de Hispanoamérica
 
 
 
Chile:Discurso del Almirante Ariel Rosas Mascaró
Discurso pronunciado hoy, 11 de Septiembre de 2012, por el Almirante (R) Ariel Rosas Mascaró con ocasión de la Romería a la tumba del fallecido Almirante don José Toribio Merino Castro y que formó parte de las ceremonias de conmemoración de esta fecha solemne.    
11 de Septiembre de 2012.    
 
Una vez más nos convoca, como cada 11 de Septiembre desde hace 39 años, el llamado que nuestra conciencia nos hiciera -junto a quien fue gestor y guía de la intervención de las Fuerzas Armadas- para rescatar a Chile de la ceguera de un tránsito al abismo.
 
Esta reunión, además de ser testimonio de nuestro reconocimiento al Almirante Merino, es también el encuentro con nuestras propias vivencias, la historia que vivimos, con el compromiso de honor y sacrificio que guiaron las acciones en que participamos ese día.
 
Nunca buscamos otra cosa que el bien de Chile. Y jamás pensamos en otro reconocimiento que el que la propia conciencia otorga al hombre de bien. De ello, sin duda, fue testimonio explícito el Almirante Merino, cuya vida profesional y contribución al desarrollo de que hoy disfruta la Nación no cabe poner en duda. Este espacio de silencio y soledad, invita más al recuerdo y a la reflexión que a plantear las naturales inquietudes que provoca la situación actual de nuestra Patria. Sin embargo, habida cuenta del derecho que nos da, precisamente, el haber luchado por un Chile mejor, no podemos privarnos de la obligación de expresar opiniones, fundadas en un sereno y desapasionado análisis de una contingencia que preocupa.
 
Mala combinación para la conducción política de un país es la mezcla de mediocridad y oportunismo de que hacen gala los líderes de hoy. Liderazgo vacío de principios, solo orientado por criterios de aceptación contingente, de exitismo fácil, sin visión de futuro. Se desconoce que el progreso de la nación no se explica solo por el éxito económico. Sin sustento valórico, la decadencia es inevitable. Y es precisamente la pérdida de valores y lo poco que preocupa al estamento político, lo que hace de veras prever un sombrío futuro. Una nación sin valores es una nación sin alma.
 
Asistimos impotentes a un fenómeno de banalización del derecho y, como consecuencia de ello, a una percepción de injusticia o, ya derechamente, de corrupción de la justicia, en tanto no pretende el esclarecimiento de la verdad y el estricto apego a la sensatez y al sentido común, sino a una suerte de empoderamiento que paraliza y frena el libre ejercicio de la libertad ciudadana. Preocupante es, por supuesto, que se entienda la pretensión de derechos sin asociación a la necesaria responsabilidad que conlleva su exigencia. Y aún más preocupante es la falta generalizada de espíritu cívico, que lleva a la ausencia del respeto mutuo y la tolerancia, condiciones esenciales para el adecuado ejercicio de la democracia.
 
El espíritu gregario o de partido, la intolerancia mesiánica, y el conformismo son, lamentablemente, una expresión palpable de la conducta de la sociedad actual. Miguel de Unamuno decía al respecto que: la pobreza espiritual, aun con fecundas actividades de orden económico y de otros órdenes análogos, lleva ineludiblemente al dogmatismo y a la pereza escéptica, huyendo de la posición crítica, indagadora de la verdad. Agregaba que, por sobre todo, hay que buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad.
 
Agreguemos a esto la proliferación de frases hechas que inducen, sin mayor análisis, a conclusiones o actitudes que nada tienen que ver con el sentido común, la responsabilidad, la coherencia y, en fin, y en pocas palabras, con la maravillosa facultad de sentirnos libres de pensar de acuerdo a criterios racionales, de nuestra propia elección o descubrimiento, y no apoyándose en estereotipos impuestos por personas u organismos que se arrogan la autoridad de pensar y elegir por nosotros.
 
La peor de las decadencias es la decadencia de las convicciones, de la virtud, de la coherencia. La ruina moral es la antesala de la ruina política, ya la vivimos antes, y puede ser mucho más grave que la ruina económica de la Nación. Alguien dijo que la decadencia comienza cuando ya no hay nadie a quien admirar. Por eso los invito a seguir siendo lo que siempre fuimos. Miembros de la Armada de Chile, Institución en que el amor a la Patria, sentido del honor, respeto a la Historia y al valor del sacrificio aún en las circunstancias más adversas es una forma de vida permanente.  
 
Honor y Patria. ¡Viva Chile!  


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