La Voz de Hispanoamérica
 
 
 
Chile: Cartas de los Muertos-Vivos
 
 Hermógenes Pérez de Arce 
 
 
 
 
 
 
Ustedes, habitantes de esta "fértil provincia y señalada, en la región antártica famosa", se levantan en las mañanas a tomar desayuno, leer el diario y trabajar en lo que prefieren u opinar lo que se les ocurra (más lo último que lo segundo) porque viven en un país libre. Pero hubo un tiempo en que éste parecía que iba a dejar de serlo, y entonces sus líderes políticos democráticos, muy asustados, hicieron un ferviente llamado a sus hombres de armas "para poner término a las situaciones de hecho existentes" que amenazaban el futuro de Chile como nación de libertades, llamado que los hombres de armas atendieron. Derrotaron a los enemigos de la libertad, que eran no menos de veinte mil y estaban armados; reconstruyeron la arruinada economía, restablecieron la moral social y fundaron un sistema político estable, democrático y que les permitiera a todos levantarse a tomar desayuno, leer el diario, trabajar en lo que eligieran y opinar libremente (más lo último que lo segundo).
 
Un romano llamado Marcial, como lo ha recordado en reciente trabajo jurídico el abogado Adolfo Paúl Latorre, sentenció hace más de dos mil años lo que sucedía en casos como ése: cuando el peligro acecha a un país, sus habitantes acuden a Dios y al soldado; pero cuando el peligro pasa, "Dios es olvidado y el soldado vituperado". Bueno, el ser humano sigue siendo el mismo que en tiempos de Marcial, y en Chile yo diría que es peor, por lo que referiré en seguida.
 
Todos los días recibo cartas en defensa de nuestros "muertos-vivos", es decir, los soldados a que se refería Marcial, hoy procesados o privados de su libertad y de sus más fundamentales derechos, como lo es el de que las leyes de la República se les apliquen a ellos en la misma forma que a cualquier ciudadano. Si cualquier chileno es acusado de un delito supuestamente cometido hace más de quince años, no puede ser procesado ni condenado, porque la acción, según la ley, ha prescrito; pero si es militar, esta ley no le favorece. 
 
Me llega copia de una carta del capitán de navío (r), Adolfo Carrasco Lagos, al Presidente de la República recordándole que, cuando era candidato, pidió una reunión con los uniformados en retiro, que fue masiva. En ella dijo: "En nuestro gobierno vamos a velar por que la justicia se aplique a todos los ciudadanos de nuestro país, incluyendo por supuesto a las personas que están en servicio activo o en retiro de nuestras furzas armadas y de orden, sin arbitrariedades, en forma oportuna y sin mantener procesos ad aeternum que nunca terminan, respetando garantías fundamentales, como el debido proceso, como es también la presunción de inocencia y como es también la imparcialidad del tribunal que debe juzgar los casos y también la aplicación correcta, de acuerdo a nuestra legislación y los tratados internacionales, del principio de prescripción".
 
Al término de esas palabras recibió una ovación de pie de los concurrentes, que es lo que más le gusta, con la posible excepción de una "pasada" rentable por la Bolsa.
 
Como gobernante no ha cumplido con nada de lo anterior, sino al contrario, su gobierno ha agravado la persecución ilegal contra los ex uniformados. Ahí está el reciente caso de tres marinos, un carabinero y un detective que, condenados por los tribunales inferiores a tres años de pena remitida con firma semanal, sufrieron las consecuencias de la apelación del Gobierno (Ministerio del Interior) para agravar la pena y han debido ingresar a cumplir cinco años y un día de presidio efectivo. ¡Hechos prescritos y, sin embargo, el gobernante que, como candidato, prometió velar por la prescripción, hace lo contrario y apela para que ella se desconozca y se agrave la pena!
 
En la misma carta se hace ver el hecho de que el Ministerio del Interior haya contratado a más de 20 abogados adicionales para perseguir a los uniformados, trasgrediendo la prescripción, lo que ha llevado las causas en contra de ellos, de algo más de trescientas que había cuando gobernaba Bachelet, a mil 268 en la actualidad.
 
¡Piñera ha resultado peor para los presos políticos uniformados y de orden que los gobiernos de la Concertación, pero se llevó los votos de la "familia militar" prometiendo todo lo contrario de lo que ha hecho! Parece que esto es lo que popularmente se ha denominado "piñericosas": extraer votos de cada sector mediante promesas, sin después cumplir lo prometido.
 
Otra carta cuya copia me ha llegado es del general (r) Hernán Núñez al Obispo Castrense Juan Barros, a raíz de que no se pudiera celebrar las exequias del preso político, coronel (r) Luis Osorio Gardasanich, fallecido en presidio, en la Catedral Castrense, e inquiriéndole si ello ha ocurrido a raíz de una orden emanada del señalado obispo. La carta, enviada hace largo tiempo, no ha tenido respuesta.
 
Y también me llega copia de otra, de la cónyuge de uno de los presos políticos uniformados, lamentando el abandono espiritual en que los tiene la Iglesia, pues sólo reciben la visita de un diácono cada quince días, mientras ella observa el grado de preocupación de los prelados por individuos en huelga de hambre en protesta por haber sido condenados por delitos terroristas en el sur.
 
"Nunca tantos debieron tanto a tan pocos; y nunca les habían pagado tan mal".  


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