Sobre Francisco Franco y su tiempo...
 
 
 
Conquistas sociales del Fuero del Trabajo

José A. García Fernández del Viso

Historiador

 

   El Fuero del Trabajo es la primera de las siete Leyes Fundamentales formuladas por el sistema franquista para afianzar y encardinar al mismo entre la sociedad española. Fue formulado por el entonces Ministro de Acción y Organización Sindical, Don Pedro González Bueno y Bocos, entrando en vigor el día 9 de Marzo de 1938, contando con un desarrollo continúo a lo largo de la vida del sistema instaurado por el anterior Jefe del Estado.

   Nuestro invicto Caudillo, Francisco Franco, siempre mostró una gran preocupación por la justicia social y por el amparo de la sociedad española en el ámbito social.

   España en el siglo XX constituía una Patria con grandes dificultades, desde la Restauración las luchas de clases, la penuria económica y la estratificación social constituían el verdadero problema imperante en la Nación Española.

   Franco, militar, estadista y posteriormente gobernante ejemplar era consciente de todo ello, imponiéndose desde el primer momento la obligación de devolver al pueblo español el esplendor perdido, recuperar la grandeza que hizo grande a la Nación Española en otras épocas, quizás lejanas, pero muy presentes en su pensamiento. Por ello todo su esfuerzo fue encaminado a realizar de España una gran Nación, sustentada precisamente en los españoles, en las personas productivas, consiguiendo en muy poco tiempo lo que el sistema actual ha arruinado, que es la creación de una clase social desconocida hasta el momento, un nuevo extracto social; la gran clase media española.

   Dicha clase media se sustentó precisamente en las consecuencias emanadas de la promulgación del fuero, ya que constituyó un documento realmente avanzado a su tiempo en el plano social, en él mismo se defendía a todos los entes participantes en materia laboral, pero de un modo vehemente al trabajador, como muestra basta leer el punto dos del artículo primero del citado Fuero:

   Por ser esencialmente personal y humano, el trabajo no puede reducirse a un concepto material de mercancía, ni ser objeto de transacción incompatible con la dignidad personal de quien lo preste.

      O el punto primero del artículo dos, el Estado se compromete a ejercer una acción constante y eficaz en defensa del trabajador, su vida y su trabajo. Limitará convenientemente la duración de la jornada para que no se excesiva, y otorgará al trabajo toda suerte de garantías de orden defensivo y humanitario. Son 16 artículos con varios apartados desarrollados cada uno de ellos, dónde la defensa de la dignidad humana aflora por los cuatro costados.

   Mediante el Fuero se intentan organizar todos los entes productivos en uno sólo, dónde patrono y obrero funcionen como una unidad fuerte y sólida, sin perjuicios para unos ni para otros. Lo importante en aquellos momentos era España, dotarla de una organización moderna y novedosa dónde las tradicionales luchas de clases quedasen en el olvido.

   Se crean para ello las Centrales Nacional sindicalistas, las cuales servían para integrar por provincias a las distintas organizaciones sindicales existentes, de este modo la multiplicidad de sindicatos con sus derivaciones se acabaron.

   Nada más implantarse el Fuero comienzan a verse los resultados, todos ellos no podemos olvidar de nuevo, en pleno conflicto civil, era una ley por la que se regía toda la zona nacional, incrementándose su aplicación a todos los territorios patrios que paulatinamente se iban liberando.

   Como vemos el sistema franquista se preocupaba de un modo intenso por el respaldo social del español, no haciendo estériles distinciones que tantos problemas habían causado a la sociedad española a lo largo de los años.

   Las conquistas sociales constituyeron el espejo del régimen anterior, el esfuerzo, la abnegación y la fortaleza hacia su consecución fue algo incontestable, dónde lo colectivo primaba siempre sobre lo individual.

   Mientras en la actualidad nos hayamos al revés, ya que el porvenir del político y su “pecunium”, es lo que realmente prima, olvidándose que España se encuentra por encima de todas las circunstancias.

   No tenemos más que leer con detenimiento la actual Carta Magna de 1978, la cual al entrar en vigor derogó el Fuero del Trabajo, para darnos cuenta de todo ello.

   En el título VII, artículo 133, punto dos, dice lo que parte; las comunidades autónomas y las corporaciones locales podrán establecer y exigir tributos, de acuerdo con la constitución y las leyes.

   Frente a una constitución recaudadora se levanta un Fuero del Trabajo por y para el trabajador, basándose única y exclusivamente en la productividad, en el artículo VIII, punto 3 del Fuero se dice; el beneficio de la empresa, atendido un justo interés del capital, se aplicará con preferencia a la formación de las reservas necesarias para su estabilidad, al perfeccionamiento de la producción y al mejoramiento de las condiciones de trabajo y vida de los trabajadores.

   Bajo el titulo VII, artículo 136, punto uno, de la constitución actual se dice; el tribunal de cuentas es el supremo órgano fiscalizador de las cuentas y de la gestión económica de Estado, así como del sector público.

   En su punto tercero; los miembros de este tribunal gozarán de la misma independencia e inamovilidad y estarán sometidos a las mismas incompatibilidades que los Jueces.

   Bajo un paraguas constituyente, el sistema actual, crea un nuevo órgano para promoción personal, con escasa actividad pero grandes retribuciones. Frente a él vuelve a situarse el Fuero del Trabajo, sin una sola mención a un nuevo tribunal sino luchando por beneficiar a las familias españolas, así en el artículo XII del mismo, punto 3 dice; reconoce a la familia como célula primaria natural y fundamento de la sociedad, y al mismo tiempo como institución moral dotada de derecho inalienable y superior a toda ley positiva. Para mayor garantía de su conversación y continuidad, se reconocerá el patrocinio familiar inembargable.

   Como vemos todo ello en clara contraposición a nuestra realidad actual.

   El artículo 40 del capítulo III de la constitución actual dice; Los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa, en el marco de una política de estabilidad económica. De manera especial realizarán una política orientada al pleno empleo.

Comprobamos como de hecho es así con prácticamente 6 millones de parados en situación de clara exclusión social.

Ante ello el Fuero en su apartado III esgrime con toda clarividencia las ideas del sistema franquista, así en su punto uno se redacta; la retribución del trabajo será, como mínimo, suficiente para proporcionar al trabajador y su familia una vida moral y digna. Más claro lo deja el punto ocho del artículo primero dónde dice; todos los españoles tienen derecho al trabajo. La satisfacción de este derecho es misión primordial del Estado.

   Mientras el artículo 47 de la carta magna actual expone; Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

   Frente a ello el Fuero dice en su punto quinto del artículo primero; el trabajo como deber social, será exigido inexcusablemente, en cualquiera de sus formas, a todos los españoles no impedidos estimándolo tributo obligado al patrimonio nacional.

   Gracias al Fuero del Trabajo se sentaron las bases del crecimiento económico, social y productivo español, mediante las cuales durante cerca de 40 años en España las tasas de paro eran nimias, ya que el derecho a trabajar estaba por encima de todo; el trabajo es la participación del hombre en la producción mediante el ejercicio voluntariamente prestado de sus facultades intelectuales y manuales, según la personal vocación, en orden al decoro y holgura de su vida y al mejor desarrollo de la economía nacional. Es el punto primero del artículo I del Fuero.

   Dice la Constitución Española de 1978 en su artículo 133 punto 4; las administraciones públicas sólo podrán contraer obligaciones financieras y realizar gastos de acuerdo con las leyes.

   El Fuero de 1938 apostaba por el trabajador y por el trabajo, la Constitución de 1978 refleja un interés por salvaguardar a las diferentes administraciones sostenedoras del estado de las autonomías, la diferencia es clara y notoria.

   La justicia social como principio rector del Estado, la protección del Estado hacia el trabajador, la defensa de la propiedad familiar, el sentido social de empresa, la total subordinación de la economía al interés nacional, el carácter subsidiario del Estado en materia de producción y la organización sindical de los factores de la economía, fueron las bases sobre las que se sustentó el Fuero, bases posteriormente desarrolladas, las cuales alzaron a España al progreso y a la modernidad, pero sin olvidar los valores y principios que hacen de un país una gran nación.

   Desde la muerte de Francisco Franco el deterioro social es evidente, no sólo con una paulatina desaceleración en la cobertura social sino lo que es más grave con un serio retroceso hacia la misma.

   España poco a poco ha pasado de ser una gran nación proteccionista de sus ciudadanos, a convertirse en un país libertino y olvidadizo con los suyos, en clara paradoja con los que vienen, ya que ellos si disfrutan de todas las ventajas sociales que el sistema liberal les entrega a cambio de nada.

   Hemos olvidado todo ese esfuerzo empleado en nuestro porvenir y en nuestro futuro, debido a políticas erróneas y fariseas entregadas al dictamen internacional, sin pensar en las consecuencias. Durante años hemos vivido a costa del dinero ajeno, de esas sumas monetarias entregadas por organismos extranjeros a cambio de la compra de nuestra soberanía nacional. Ha sido un proceso lento pero continúo, alcanzando su clímax tras 37 años en la actualidad.

   Nos toca vivir en una sociedad despegada de su patria, la cual sólo piensa en el vil metal del euro, mientras antaño a través del Fuero se unían de un modo indisoluble sociedad y patria sin fisuras.

   ¿Dónde están las empresas que protegen a sus trabajadores? ¿cuántas viviendas se construyen para los obreros en la actualidad? ¿de cuántos beneficios sociales gozan los trabajadores? ¿realmente los sindicatos actuales luchan por la clase obrera?

   Sin lugar a dudas son preguntas con una respuesta muy fácil; ni existe protección empresarial suficiente, las viviendas para trabajadores brillan por su ausencia, los beneficios sociales no existen y los sindicatos se colocan al lado de sus amos, los partidos políticos y el gobierno.

   La situación es calamitosa porque los españoles así lo han querido. Pretenden muchos hacer la comparación con otros países pero España no admite comparación ninguna, es demasiado grande como para deslegitimarse ante intereses extranjeros. Vuelvo a repetir, durante muchos años nos hemos dado una cobertura social privilegiada, la envidia de muchos países del arco mundial,  España funcionaba a pleno rendimiento, éramos una locomotora de alta velocidad. ¿Por qué? Nada nació de combustión espontánea, todo fue premeditado y bien pensado basándose en no cometer los errores pasados. De ahí la supresión de los sindicatos de clase para convertirlos todos ellos en un nuevo panorama sindical, dónde patrono y obrero eran los mismo, dónde familia y empresa también, y dónde patria y sindicato convergían. Ello lo legalizo y lo plasmo el Fuero del Trabajo, actualmente el distanciamiento entre empresario y trabajador cada vez es mayor, todo se reduce a los temidos números, llegando a suplantarse la personalidad del trabajador por un número sin miramientos de ninguna clase, y suprimiendo el derecho de la protesta.

   La presión fiscal sobre el ciudadano en la actualidad es asfixiante con unos impuestos elevadísimos sobre las personas que antaño integraban la clase media, y digo integraban ya que estamos asistiendo cada día más a la desaparición de dicha clase, existiendo por desgracia más ricos y más pobres. Durante el sistema franquista la presión fiscal era de tan sólo el 1,8 % de la renta personal, es decir, el español ganaba honradamente su sueldo y repercutía en el disfrute de su familia. Por el contrario ahora soportamos una presión confiscatoria alarmante, la cual no permite llegar a final de mes, debido a que el Estado actual tiene que financiar las comunidades autónomas, las diferentes administraciones y los millones de funcionarios mediante los humildes sueldos de la inmensa mayoría de los españoles.

  Con el desarrollo del fuero del trabajo se anexiona inseparablemente una doctrina social nacida de la “Rerum Novarum” de León XIII, la doctrina social de la iglesia. Doctrina nunca puesta antes al servicio del ciudadano desde las autoridades gubernativas. Es precisamente en España, tiene que ser en nuestra nación, nacida al albor de un cristianismo impenitente dónde se lleve a la practica una de las “instrucciones” más importantes en toda la historia de la iglesia católica.

   Así, pues, debiendo Nos velar por la causa de la Iglesia y por la salvación común, creemos oportuno, venerables hermanos, y por las mismas razones, hacer, respecto de la situación de los obreros, lo que hemos acostumbrado, dirigiéndoos cartas sobre el poder político, sobre la libertad humana, sobre la cristiana constitución de los Estados y otras parecidas, que estimamos oportunas para refutar los sofismas de algunas opiniones.

   Así es como comienza a desarrollarse la carta pastoral de León XIII, mostrando una preocupación sin igual por las condiciones de los obreros, es precisamente esa misma preocupación la que se plasma en el Fuero del Trabajo de Don Pedro González Bueno. Pero no sólo en su nacimiento se atisba tal influencia, sino que los hechos posteriores así lo atestiguan.

   En definitiva el Fuero del Trabajo representó una concepción nueva del sistema económico productivo frente al capitalismo liberal y el materialismo marxista.

   Desde su derogación se ha apostado precisamente por un capitalismo ultraliberal, el cual sin duda nos lleva al abismo y al precipicio.

 

BIBLIOGRAFÍA:

De la Cierva, Ricardo; Franco, la historia. Fénix (2000)Libros Libres (2011)

Esparza, José Javier; Juicio a Franco.

González Bueno y Bocos, Pedro; En una España cambiante. Vivencias y recuerdos de un ministro de Franco. Altera (2006)

Vizcaíno Casas, Fernando; ¡Viva Franco! Con perdón, Planeta (1980)

VVAA; El legado de Franco. Fundación Nacional Francisco Franco (2000)

 



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