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Javier de Ybarra y Bergé, superviviente de la guerra y asesinado por ETA

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Los medios de comunicación y la partitocracia han conmemorado el XL aniversario de las elecciones generales de junio de 1977. Se ha hablado de la recuperación de las libertades. Nadie ha recordado que la campaña electoral y la votación se realizó con un secuestrado por ETA: el empresario vasco Javier de Ybarra y Bergé. Ahora que se oculta a las víctimas del terrorismo, debemos recordar a una de las primeras.

 

Don Javier de Ybarra, nacido en 1913, vástago de una familia vasca dedicada a la empresa y la política, fue encarcelado en 1936 por las izquierdas y el PNV. Aunque estuvo a punto de ser asesinado varias veces, salvó su vida. En seguida se incorporó a las tropas nacionales, en vez de emboscarse, como hizo, por ejemplo Santiago Carrillo, más joven que él, que nunca pisó un frente de batalla, más que para hacerse fotos.

En la paz, desempeñó varios cargos empresariales: consejero delegado en los diarios El Correo Español-EI Pueblo Vasco (Bilbao) y Diario Vasco (San Sebastián), consejero del Banco de Vizcaya, presidente de Babcock-Wilcox, consejero de Iberduero y de Cementos Hontoria. Ocupó la presidencia de la Diputación de Vizcaya y la alcaldía de Bilbao y en el momento de su secuestro era presidente del Tribunal Tutelar de Menores de Bilbao.

El 20 de mayo de 1977, veinticinco días antes de las elecciones, unos terroristas de ETA secuestraron a Ybarra en su domicilio. ETA exigió mil millones de pesetas por su rescate. Fue maltratado durante su secuestro, hasta el punto de que apenas recibió comida, como demostró la autopsia.

Los etarras le asesinaron el 20 de junio, después de las elecciones, y se halló su cadáver el 22 en el Alto de Barazar.

Sus asesinos quedaron impunes por la ley de amnistía aprobada ese mismo año por las Cortes.

Reproducimos la última carta de Javier Ybarra, un ejemplo de perdón y cristianismo para todos, sobre todo para sus asesinos, que no se arrepienten de sus delitos:

         «Queridos hijos: nuevamente puedo escribiros y lo hago después de haber sabido de vosotros y tantas cosas más por los periódicos, que comenzaron a llegar aquí cuando os escribí mi carta anterior.

Lamento causar tantas molestias y agradezco el interés mostrado por personas y entidades, por la situación especial en que me encuentro.

Con mi gratitud para todos, deseo referirme a la preciosa carta que me ha escrito Antonio Oriol, que ha publicado la prensa.

En mi soledad me refugio en la oración y me auxilian mucho los dos únicos libros que me traje conmigo.

Confiemos en la Sagrada Familia... a la que sabéis la gran devoción que tengo, en la seguridad de que todo ha de resolverse como mejor convenga al bien de nuestras almas.

No os preocupéis por mí. Yo estoy en las manos de Dios, perdono a los que me prendieron y pido perdón a quienes haya podido ofender y ofrezco mi vida por la conversión de los pecadores y por el encuentro de las almas con su divino redentor.

            Con intenso, cariño, os bendice y abraza vuestro padre, Javier

El relato completo del martirio infligido por los etarras a Javier Ybarra y su familia se puede leer aquí.

Recomendamos a nuestros lectores que tengan cuenta de Twitter que sigan la de Javier Ygartua Ybarra: @espana_por.

 
 
 
 


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