Cultura
 
 
 
Crítica de libro: La Guerra Civil y los problemas de la democracia en España, de Pío Moa
La Guerra Civil y los problemas de la democracia en España,
de Pío Moa
Encuentro, Madrid, 2016, 315 págs.  
 
 
Carmelo López-Arias 
 
 
 
 
   Pío Moa anuncia que con este libro da por concluidos sus trabajos sobre la Guerra Civil y cuestiones derivadas de ella. Es inevitable echar la vista atrás y recordar –con gratitud– el estado lamentable de la opinión pública al respecto antes de la aparición en 1999 de Los orígenes de la Guerra Civil española y en 2003 del éxito editorial y de divulgación de la verdad histórica que supuso Los mitos de la Guerra Civil. Si las cosas han mejorado sustancialmente se debe, sustancialmente también, a las obras de Moa.
 
   Pero aún hay mucho camino por recorrer y este último ensayo da un paso más en la buena dirección clarificadora. Son páginas de análisis del relato histórico, más que de historia en sí, e incluyen capítulos sobre la incidencia de la manipulación sobre la contienda en la configuración política de España tras la muerte de Franco, e incluso en la coyuntura crítica del último lustro.
 
   Siguen demasiado vigentes enfoques defectuosos sobre la Guerra Civil. Moa los agrupa en tres categorías. Los enfoques marxistas o progresistas, que aplican a lo sucedido en España entre 1930 y 1939 la ideología de la lucha de clases, sin atención a los hechos. Los enfoques «moralistas-sentimentales», emotivos y «de precario rigor intelectual», reposan sobre calificativos que hemos escuchado miles de veces («locura colectiva», «guerra cainita») con la única finalidad de situar a quien los profiere au-dessus de la mêlée, juzgando a los compatriotas de entonces con una insufrible superioridad, que de nuevo descuida la realidad de las cosas tal cual fue. Por último, los enfoques «franquistas» (término que el autor reconoce «vago e inapropiado») se sitúan en el extremo opuesto a los anteriores, porque buscan con ahínco la verdad expresada en datos, estadísticas, documentos, testimonios veraces, etc., sin pretender encajarlos en prejuicios presuntuosos o apriorismos ideológicos; justo por eso, sin embargo, adolecen de una teorización deficiente o endeble, que les hace estar a la defensiva porque no engloban todo ese material en una explicación coherente.
 
   Esto último es lo que intenta Moa en las dos primeras partes de La Guerra Civil y los problemas de la democracia en España, aplicando la razón fría –característica de su estilo, favorecido por una prosa clara y directa– a algunas cuestiones capitales: cómo se llegó al 18 de julio, la evolución militar y política en ambos bandos (muy interesante la forma en la que explica la necesaria transición de las dos zonas desde el voluntariado al reclutamiento masivo, y desde las columnas irregulares a las brigadas y divisiones), la represión, los actos de heroísmo (¿por qué no se dan en el bando frentepopulista –que también luchó con arrojo y encono– hazañas como el Cuartel de Simancas en Gijón, el Alcázar de Toledo o el Santuario de Santa María de la Cabeza? Moa también apunta algunas explicaciones), la implicación extranjera o la influencia de la geopolítica europea contemporánea a la guerra.
 
   En la cuarta parte se recogen 18 polémicas específicas que tocan aspectos puntuales pero muy relevantes: los mitos sobre el bombardeo de Guernica o la matanza de Badajoz, el salvamento de los cuadros del Museo del Prado, la relación entre la URSS, Francia y el Reino Unido y el régimen frentepopulista o la réplica precisa a las «mentiras», «disparates» o «historias fantásticas» que repican acrítica y petulantemente en los medios de comunicación personajes como Paul Preston, Santos Juliá, Javier Tusell, Alberto Reig Tapia o Julián Casanova.
 
   En la visión de la Guerra Civil que presenta Pío Moa en este libro, consonante con sus estudios anteriores, son de destacar algunas ideas directrices fundamentales.
 
   Primera, que hay una preparación remota –intelectual y política– de la guerra en el pesimismo y la denigración del pasado histórico de España que hace confluir a personajes tan dispares como los regeneracionistas y los masones, Manuel Azaña o José Ortega y Gasset, y en las críticas acerbas y desproporcionadas a la Restauración, un periodo que para Moa no mereció el final abrupto que trabajaron a conciencia socialistas y anarquistas, con la complicidad (nihil novum sub sole) de una parte de la derecha.
 
   Segunda, e intrínseca a Moa en cuanto raíz de su despegue como historiador de referencia –si es que hemos de empezar, lamentablemente, a perfilar un balance de sus aportaciones–, la consideración del golpe de Estado socialista de 1934 y su doble cierre en falso (por parte de la derecha acomodaticia o ingenua, dejándolo básicamente impune y permitiendo a la izquierda ganar la batalla de la propaganda; por parte de la izquierda, a partir de febrero de 1936, jaleándolo cual episodio previo a la definitiva revolución proletaria) como primera batalla de la Guerra Civil.
 
   Y tercera, tan importante para enjuiciar el 18 de julio como la represión de postguerra, la evidencia de que el Alzamiento no fue contra la Segunda República, ya inexistente desde el punto de vista legal y político, sino contra las turbulencias criminales que preparaban los partidos confluentes en el Frente Popular.
 
   Cabe destacar también, por último, la parte intermedia del libro (la tercera), «Los problemas de la democracia en España», porque descubren –a quien no la haya descubierto aún– la valía de Pío Moa: uno, como analista político, al cuestionar cómo ha incidido la mala interpretación o el falseamiento del pasado en la configuración del presente español fraguado en la Transición; y dos, como teórico de la política, si no de una forma articulada y sistemática, sí con ideas bien estructuradas en torno al poder, la autoridad, la legitimidad, la democracia, etc.
 
   En el capítulo XV («Poder y democracia») formula cuatro tesis muy bien defendidas luego: el poder es connatural a la sociedad, es siempre oligárquico y autoritario, se apoya en la violencia y se justifica por la necesidad del orden social; la democracia no implica poder, sino consentimiento del pueblo; el consentimiento popular, nunca completo, crea equilibrios sociales que a la corta o a la larga se vuelven inestables.
 
   Son planteamientos de un conservadurismo clásico, realista y pragmático, traducido por Moa en la necesidad de compatibilizar democracia y liberalismo (entendido como limitación del poder) para que el asambleísmo de aquélla no liquide las garantías de éste. Para terminar de entender la conceptualización política de Moa, hay que mencionar que páginas atrás ha recordado la trascendente doctrina del pecado original como factor histórico decisivo para las distintas formulaciones teóricas sobre el hombre y la sociedad.
 
   ¿Cumplirá Pío Moa su propósito de no escribir más sobre la historia de España reciente? La lectura La Guerra Civil y los problemas de la democracia en España invita a desear que se desmienta a sí mismo con nuevas aportaciones.    
 
 


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