Inicio
 
 
 
Defensa y Liberación de Oviedo: NO PODEMOS OLVIDARNOS
 
 José Alfredo García Fernández del Viso, historiador
 
Han transcurrido 76 años de uno de los acontecimientos históricos dónde el heroísmo, la valentía y la gallardía se ponen más de manifiesto, me refiero a la defensa y liberación de la capital asturiana, Oviedo.  
 
Por un lado Defensa, ¿por qué? Este término proviene del verbo defender, y la palabra en cuestión significa; amparar, responder, protegerse o sostener algo contra el dictamen ajeno.
 
Oviedo en el año 1936 era una ciudad señorial con una ciudadanía culta, religiosa y con don de gentes, aunque todo ello menguado desde octubre de 1934, debido a la dichosa revolución de espíritu y acción virulentas en especial dentro de la región asturiana (pero eso es otra historia).
 
Sin embargo a partir del día 18 de julio de 1936, fecha en que el ejército se levanta en pos del noble pueblo español, se erige en salvaguarda del mismo y sobre todo en el defensor de la patria pisoteada en aquellos momentos, Oviedo sufre un acoso sin precedentes por parte de hordas marxistas e izquierdistas enfurecidas, las cuales no concebían que la misma ciudad incendiada y saqueada apenas dos años antes, ahora, es decir, a mediados del año 1936 se colocase a favor de la patria con el noble grito de ¡Arriba España! y no se alinease con los del grito de ¡Muera España! y ¡Viva Rusia!
 
Unos pocos cientos de jóvenes entusiastas y miembros del ejército de entonces serán los artifices de una defensa numantina aguantando bombardeos constantes, sangre por doquier de compañeros, hambrunas y enfermedades mortales.
 
Eran momentos muy duros, pero Oviedo al mando del siempre recordado  coronel Antonio Aranda supo llevar al terreno de la practica él termino antes referido de “defensa”, todo ello con la vista de unos muchachos solamente puesta en Dios y en España.  
 
En segundo lugar, Liberación. Significa independencia, emancipación o la acción de simplemente poner en libertad a alguien. Las tres acepciones son perfectamente aplicables a los habitantes de la capital asturiana, incluyendo la misma ciudad, ya que una urbe también puede resultar atrapada o liberada toda ella en su conjunto.
 
Cuando el 17 de octubre de 1936 el teniente coronel Tejeiro toma contacto con los sitiados ovetenses a través de un pasillo cursado por la zona conocida como “el escamplero”, se acaba una pesadilla por desgracia real, elevando para siempre a nuestra historia un hecho inapelable de fuerza y lealtad a unas ideas y a unos principios.
 
Aquellos muchachos, esa población de entonces alineada con los defensores de los valores y no con los amorales, vieron como unos voluntarios gallegos, partiendo meses antes desde Lugo, atravesando valles escarpados y sufriendo escaramuzas mortales, entraron a liberar a una ciudad y a una sociedad realmente vapuleada por un asedio inmoral y casi mortal para prácticamente todos ellos.
 
En algún tiempo refiriéndose a la Defensa de Oviedo, se dijo: Suerte de Oviedo y suerte de España. Porque sin restar méritos a ninguna de las heroicas hazañas habidas en otros lugares, no se puede pensar lo que hubiera sido si Oviedo no se suma al Movimiento Nacional en los primeros días del Alzamiento.
 
Si Oviedo no se hubiera levantado por la Causa Nacional, en el corazón de la Asturias roja, sabe Dios lo que hubiera sido de León y Castilla. Oviedo fue un dique de contención, una barrera, un muro que detuvo la riada roja. Por eso España no ha podido olvidar, ni olvidará nunca, la parte importantísima que Oviedo tuvo en la Guerra de Liberación.
 
Oviedo es una Ciudad muy difícil de defender, si tenemos en cuenta también la poca cantidad de hombres y material de guerra con que contaba. Oviedo está en una pequeña llanura rodeado de montes por todas las partes. Por un lado el Monte Naranco que domina claramente a la Ciudad. Por otra parte San Esteban de las Cruces; por otra Buenavista con los depósitos de agua. La Loma de Pando lo cierra por otro y de esta  manera Oviedo queda a merced de quien domine los altos.
 
La defensa de Oviedo fue durísima, dificultosa hasta lo increíble, en la que Dios ayudándonos hizo que no se rindiera. Oviedo fue durante tres meses la gran trinchera de España, pero fue, a la vez, un Altar de Dios. Y esta doble condición de Oviedo, hizo de su defensa un crisol de todas las añejas virtudes de la raza. Era el 16 de octubre de 1936 y ya no había más esperanza que las Columnas liberadoras. En este instante fue cuando el Coronel Aranda envió su mensaje radiado: “Sólo nos queda morir como españoles”.Y a la muerte se preparaban los defensores cuando en la noche del 16 al 17 de octubre, aparecían las Columnas Gallegas en el Monte Naranco, cuando la guarnición de Oviedo prorrumpió en un grito unánime: “Las Columnas, ya están entrando las Columnas”. Ese grito era la voz de la victoria nacional en Oviedo. Sin que nadie lo dijera, los defensores de Oviedo se sentían soldados de otra Reconquista, como aquellos de Covadonga que, a cobijo de la Cruz de Cristo, habían creado la España de nuestras grandezas históricas.
 
La población civil, a los pocos días, recibía los primeros ataques y las incursiones de la aviación roja, que habían de dejar sobre las piedras de las posiciones, las rojas veneras de la sangre de los defensores .Y junto a los primeros heridos, las primeras mujeres, en funciones de enfermeras, llegaron a los hospitales. La población civil fue la retaguardia tranquila y se caracterizó por recoger el agua de la lluvia, con la que muchas veces lavaron vendajes y ropas ensangrentadas. Ni gritos, sin lágrimas, sin histerismos, con calma serena. Una fe indesmayable, una conciencia de la responsabilidad y una firme y unánime resolución de morir sobre las piedras de su Ciudad amada.
 
No hubo dolor que les fuera extraño, ni sacrificio que las arredrase, ni temor posible de hacerlas abandonar Oviedo. Tuvieron hambre, sed, cansancio infinito, náuseas, cuando las muerte las rodeaba; pero siguieron en pie.
 
La aviación roja llevó a cabo 131 bombardeos y llegó a arrojar 1.500 bombas en un sólo día. Millares y millares de granadas de cañón redujeron a escombros buena parte de Oviedo. Cuando las Tropas liberadoras iban entrando en Oviedo, volvieron por los fueros de su debilidad. Cayeron de rodillas sollozando para agradecer a Dios el final de la trágica y gloriosa pesadilla.Mientras las tropas liberadoras iban entrando en la Ciudad, la Bandera de la Patria, al ondear, escribía sobre el azul del cielo un gigantesco INVICTA Y HEROICA, que rubricaba su gloria inmarcesible.
 
He aquí el sitio y la defensa de la Ciudad de Oviedo, epopeya española que ha sido el asombro de la humanidad y orgullo de una raza imperecedera. Por eso vaya desde la Fundación Nacional Francisco Franco nuestro homenaje y recuerdo hacia una gesta heroica, pero a la vez nos sirva como acicate para no desmayar en nuestros esfuerzos en pos de la recuperación de España.


FUNDACIÓN NACIONAL FRANCISCO FRANCO // Avda. Concha Espina, 11, 2º - 28016 Madrid -
Tel. 91 541 21 22 - Fax 91 541 43 82 - secretaria@fnff.es
Powered by La Compañía