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Del frío Pacífico al vatio sureño
 
 
José Manuel Cansino Muñoz-Repiso 
Profesor Titular de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla
 
 
 
   El paradigma del Calentamiento global o Cambio Climático se soporta en la mayoritaria convicción científica de que está provocado principalmente por la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI) derivados de acciones humanas (antropogénicas). Si la evidencia científica se cuestiona se tambalearía una parte central de la política mundial vigente con implicaciones en materia energética, medio ambiental, de ayuda al desarrollo, en el precio de los alimentos, etc.
 
   La revista ‘Nature’ publicó el pasado 28 de agosto un artículo científico que resume (técnicamente es una ‘Research Letter’) una investigación de los científicos Yu Kosaka y Shang-Ping Xie y que arranca de manera tan directa como esta: “A pesar del aumento continuado de las concentraciones de GEI en la atmósfera, la temperatura media anual del Planeta no ha aumentado en el s. XXI desafiando la visión de que las fuerzas antropogénicas provocan el calentamiento climático”.
 
   Para estos científicos el agua fría de la zona tropical del Océano Pacífico está frenando el calentamiento global del Planeta. Un calentamiento que la mayor parte de países quiere limitar a 2º C.Su principal hallazgo es que los repuntes temporales de las temperaturas del Planeta pueden ser causados por el movimiento de las aguas oceánicas calientes y frías que transfieren calor y frío a la atmósfera. Se trataría de un patrón de circulación de las aguas similar a los ciclos de calentamiento y enfriamiento de La Niña (cuando el agua se enfría) y El Niño (cuando se calienta) en la zona tropical del Océano Pacífico.
 
   Al artículo de ‘Nature’ ya le han llovido críticas fundamentadas en parte de los propios hallazgos de estos científicos. Estas críticas sostienen que a largo plazo las emisiones de GEI se impondrán sobre los mencionados fenómenos naturales. Esa es la opinión, por ejemplo, de Andrew E. Dessler de la Universidad A & M de Texas.La cuestión es que la publicación de esta investigación coincide con otras cuestiones en un corto periodo de tiempo.
 
   Por ejemplo coincide con las declaraciones del británico Nicholas Stern que en enero de este año reconoció haber minusvalorado en su influyente informe de 2006 las consecuencias del calentamiento global.Coincide también con las reuniones del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), la última de las cuales finalizó el pasado viernes en Georgia. En estas reuniones se diseñan las más influyentes recomendaciones sobre la lucha contra el calentamiento global que han de desarrollar los países sensibles a este problema.
 
   Además se produce casi al mismo tiempo en el que la influyente consultora Wood Mackenzie afirma que el carbón será en 2020 el combustible más utilizado en el mundo, por delante del petróleo, con 4.4 mil millones de toneladas equivalentes de petróleo. Repárese en el carácter altamente contaminante de este combustible del que depende principalmente la generación de energía eléctrica en China.
 
   Y por último coincide con la recta final de la aprobación de la nueva Ley del Sector Eléctrico Español que parece resuelta a poner orden en las primas a las renovables y a enterrar el sueño del autoconsumo energético albergado por muchos consumidores y empresas.
 
   ¿Sería el final de la industria de las energías renovables la ruptura del paradigma del cambio climático? Probablemente no y al menos por tres razones que no siempre manejan adecuadamente.
 
   Primero porque el mundo desarrollado es muy sensible a la calidad aire y cada vez tolerará menos un mix energético mundial dominado por el combustible fósil y menos aún por el carbón. Segundo porque si se cumplen las previsiones de las curvas de conocimiento, en no pocas tecnologías renovables pronto se alcanzará la “paridad de red” que las hará competitivas con las tecnologías “sucias”. Tercero y no menos importante, porque para una parte muy significativa de las potencias económicas occidentales, las energías renovables tienen un carácter autóctono que les otorga un notable papel geoestratégico en caso de ruptura del suministro fósil. Un riesgo de ruptura que siempre aflora cuando hay conflictos o tensiones en Asia Central, Oriente –Próximo y Medio- o Venezuela.
 
   Este último rol del ‘Vatio sureño’ por subrayar su habitual relación con la energía solar, no está puesto en valor por las empresas del sector. De él se hablará en los próximos días en la Universidad de Sevilla.
 
 
 
 
 
 
 
 


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