Editorial
 
 
 
Editorial de Agosto de 2014
 
 
 
   Los signos de los tiempos son coincidentes. Se manejan bajo unos parámetros que los identifican a lo largo de la historia y que resulta fácilmente evaluables. Las ideas, los comportamientos humanos, las conductas de los pueblos, siempre tienen consecuencias como fatal encadenamiento a la noria del destino merecido.
 
   Así, cuando los pueblos se conducen y son gobernados desde el sofisma, la conveniencia y la irresponsabilidad compartida; el fruto amargo que produce se viste de corrupción, pobreza y desesperación. El rigor, virtuosismo, coherencia y sapiencia con que deben conducirse la “élites” gobernantes de una sociedad estructurada, proyecta su imagen a los gobernados y hace que la Ley sea la expresión suprema del bien común y los intereses generales. Decían los clásicos “cuando el Rey bebe…todos borrachos; cuando el Rey juega…todos tahúres”.
 
   Jordi Pujol i Soley, epónimo del secesionismo catalán; sabido delincuente impune, con tratamiento de honorable y “español del año” del periodismo cortesano, lleva treinta y ocho años queriendo convertir a España en una hiedra seca, sustentada en el vacío constitucional y sin mayor destino que trepar por la pared foránea de lo conveniente según el designio del “gobierno mundial”.  
 
   Instigador y beneficiario de la plutocracia que nos arruina y desgobierna, representa lo que siempre fue el separatismo: corrupción y crimen; farsa y cinismo; manipulación y nadería; inconsciencia y primitivismo; superchería y arribismo; resentimiento y traición; felonía y egoísmo; intolerancia y deslealtad; victimismo y prepotencia. Una lacra propia de sociedades en descomposición, de naciones sin la voluntad fundacional de permanencia, de individuos sin trascendencia en su origen y destino.
   
   Es el resultado de una transición de mentira en una democracia sin división de poderes, sin respeto a la Ley por quienes la promulgaban, con una opinión pública silenciada o manipulada y una oligarquía antinacional y antisocial, ayuna de todo poder meritocrático y que no satisface los elementales anhelos del pueblo, ni fomenta el bien común y los intereses generales.
 
   Llamativo que estos lodos traigan causa de aquellos polvos y que durante todos estos años se mantuvieran ocultos a la opinión pública y a la justicia, sin que ningún juez, fiscal, policía o periodista osara investigar siquiera a este y otros personajes de la tragicomedia política nacional. ¿Por qué ahora?.¿Se acabó la tolerancia con el separatismo? ¿Es posible que solo sea desposeído de sus títulos, como si alguno fuera meritorio y acreditara la virtud, sabiduría y valor?¿Y para cuando la aplicación de la Ley, que debería igualar a todos los españoles, y su ingreso en prisión? ¿Se llegará a fondo en la investigación, o servirá para una nueva componenda, contra legem, de esta casta de incompetentes políticos?. Escepticismo e interés suscita la contestación a estas elementales preguntas.
 
   El pasado vuelve y la ruleta de la historia gira insistente recordándonos que unos mismos hechos producen similares e indeseables resultados. Ya en la primavera de 1984, en el caso de Banca Catalana, antecedente mínimo de una corrupción máxima, sirvió a un Pujol ensoberbecido y seguro de la impune iniquidad para anunciar, desde el balcón de la Generalidad, en un discurso incendiario envuelto en la bandera, paradigma del cinismo e hipocresía con que se conducen los políticos españoles “ …en delante de ética y moral hablaremos nosotros…” “…hemos de ser capaces de hacer entender… que con Cataluña no se juega y que no vale el juego sucio”. Ello provocó una mayor uniformidad, determinación e impulso al proyecto secesionista, entonces mas larvado, y la defensa de los gurús de la izquierda mediática influyente “ …Puyol podía haber sido mal banquero, pero ladrón de ninguna manera” –Vázquez Montalbán dixit-. 
 
   Que haya tardado tanto tiempo en salir a la luz la realidad de sus manejos indica la calidad de la democracia, medios de comunicación y sistema judicial construidos en estos años. Paradójico que quienes basaron su carrera y ciñeron el futuro en buscar el desprestigio a la obra y política de Francisco Franco, atreviéndose a calificarlo, sin pruebas naturalmente, de corrupto y corruptor, vagan ahora, desnudos, por la pasarela mediática y judicial, pillados en los mayores casos de corrupción y nepotismo que recuerda la historia de España.
 
   El auto elogio de “haber traído la democracia a España”, tiene ya muy poco recorrido, pues con ella han traído los peores y mayores vicios que en el pasado nos arruinaron individual y colectivamente. Olvidan, claro está, que si la democracia fue posible se debió al legado de paz, reconciliación, prosperidad y justicia entregado por el régimen anterior, cumplidor con la labor histórica de sacar a España de la pobreza, la politiquería y la arbitrariedad de los gobernantes, causas y efecto de los siglos anteriores.  
 
   Ninguno de  los actuales gobernante  se acercan a la posibilidad de se llamados estadistas, menos aún de poder compararse al último y mas notable de los últimos doscientos años: Francisco Franco. ¿Que ministro, director general, diputado o alcalde puede hoy compararse en probidad y preparación a los que hubo en el régimen anterior?. Hoy la política es un refugio de ineptos, incapaces y arribistas que aspiran a vivir a costa del pueblo, rodeado de privilegios y sin ninguna responsabilidad. Solo tienen que agradar al partido que les nombra y ser fieles a las directrices que les señalan, aunque estas sean descabelladas o contrarias a los intereses del pueblo o nación a la deben defender.   Así han dilapidado la inigualable herencia recibida.  
 
   Con reiteración y absurdo desprecio a la verdad mantienen su antifranquismo sobrevenido a su muerte, de quienes más le debían; pues no hubo más antifranquismo entonces y ahora, que los liberticidas de la libertad y la democracia, farsantes de la soberanía popular que utilizan en su exclusivo beneficio. Los falsarios de la política y desmemoria histórica, el terrorismo reciclado en la instituciones de alguna autonomía,  el separatismo,  la corrupción institucionalizada e impune de los enterradores de Montesquieu, forman la opulenta legión de responsables de la deconstrucción de España, todos ellos antifranquistas. De ahí el esperpento y la necesidad de impulsar y mantener la Ley de Memoria Histórica, que borre el pasado glorioso, sostenga el presente incierto e impida la rebelión del futuro.    
 
Feliz y merecida vacación, en playa o montaña, pueblo o ciudad, a todos los españoles de buena voluntad. Recargar pilas que la vuelta y el otoño se presentan inquietantes.
 


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