Editorial
 
 
 
Editorial de Diciembre de 2014
 
 
 
 
   Primero fue la palabra, no sólo en la dimensión teológica derivada de los versículos de San Juan, Salmo 1.1 del Nuevo Testamento, donde señala que “el principio (origen) era la palabra (verbo), y la palabra (verbo) estaba con él Dios y Dios era la palabra (verbo)”. La palabra como expresión de la verdad revelada, la única que nos hará libres, tiene otros componentes de orden inferior, menos natural y también conformadora de la condición humana.
 
   La palabra configuradora en la filosofía Platónica, ya es utilizada como fuente primordial de comunicación. La palabra ya es la semilla por donde se transmite la verdad inmortal del conocimiento. La palabra se convierte en entidad primordial de la comunicación, que induce a la memoria a captar ideas, las cuales son universales y existen fuera de los límites del tiempo y el espacio, siendo su primordial característica el que son únicas y tan solo son percibidas por la entidad más pura he innata del ser humano: el alma. Estudiar la idea primigenia de la palabra, según Platón, nos ayudó a cambiar la concepción del mundo y llegar al conocimiento ideal de las cosas.  
 
   En la política, desde la revolución francesa, la palabra conformadora del idealismo objetivo de Platón que considera al pensamiento, conciencia o espíritu, como la base de todo lo existente; deja paso a la conciencia o espíritu pero, ahora, aislada del hombre y convertida en una presencia coyuntural e independiente. A Platón, considerado el fundador del idealismo objetivo, cuya influencia conforma la historia del pensamiento occidental y en la filosofía cristiana, se opone radicalmente el materialismo de Demócrito, llamado por el marxismo “materialismo científico” que configura y desarrolla la lógica y el proceso de la formulación de los conceptos generales como objetos útiles, netamente convenientes para la obtención y mantenimiento del poder, pero desprovisto de todo idealismo de orden superior y de toda apuesta al compromiso moral, de fidelidad a la verdad o de búsqueda de esa palabra liberadora por auténtica.  
 
   Hoy, la palabra desprovista de toda lógica, contradiciendo los hechos, incluso opuesta al sentido común o al orden de los acontecimientos, campa sin respeto, ni pudor, en casi todas las manifestaciones de nuestros políticos, cuando tienen que defender algún principio. El paradigma de la incongruencia política lo refleja el Presidente del Gobierno y en igual medida leader de la oposición. Rajoy sostiene que “nunca voy a negociar la soberanía nacional”, en evidente contradicción con lo permitido desde hace 39 años por todos los presidentes anteriores y por lo realizado por él mismo, desde hace 4 años.  
 
   La corrupción comienza por el lenguaje. La palabra ayuna de realismo, contradictoria respecto a sus propios actos y enfrentada a la idea obligada, por razón del cargo, de defender la unidad de la nación más antigua de Europa, la soberanía del conjunto de su pueblo, la no proscripción de la lengua común y la no discriminación por razón de origen y de cultura, es usada de manera sistemática e irracional para reflejar un voluntarismo inexistente y unas convicciones de las que carece y no aplica. El problema deviene porque en el entorno político moderno se viene actuando, desde la transición, con la irresponsabilidad propia de la farándula, reduciendo la vida a un concierto absolutamente ficticio, transformando la sociedad en un teatro y al pueblo en una masa indocta y sumisa de espectadores.  
 
   La palabra que toca, después del recuerdo de nuestros héroes y el reconocimiento de sus gestas , acontecido en el pasado mes de Noviembre, es recordar el nacimiento de nuestro salvador y aprovechando su misericordia con nosotros, dar traslado de los deseos de paz, felicidad y liberación de cuantos formamos parte de esta Fundación a todos nuestros conciudadanos; la invitación a que no pierdan la esperanza, especialmente los más menesterosos y desfavorecidos, pues no hay mal que cien años dure, ni gobierno que perdure y la luz del nacimiento divino debe realumbrar de esperanza nuestros corazones.  
 
   El próximo año 2015 se inicia la cuarta década de orfandad de un pueblo, constituido por su voluntad en Estado social y de derecho, unitario que no uniforme; diverso que no disperso; orgulloso de sus gobernantes que no súbditos de sus elegidos; independiente en la defensa de sus intereses supranacionales que no comparsa de intereses espurios; tenaz en el esfuerzo y responsable en sus afanes que no proclamador de derechos inocuos o omnímodos; proclamador de libertades concretas y asumibles en su jerarquía que no liberticidas formulaciones retóricas de una anarquía desintegradora; defensor de los valores que hicieron posible la vertebración y el desarrollo del occidente cristiano frente a los panteísmos etnicistas, nacionalistas o partidistas; defensor de la vida y la dignidad de la condición humana que no promotores de la muerte, el relativismo moral y la corrupción institucional.  
 
   Cuarenta años para examinar y comparar, para analizar y valorar y, sobre todo, para conocer de manera veraz y objetiva, para combatir a la mentira histórica que pretende imponerse en forma de Ley, borrando la mejor época de la historia de España en los tres últimos siglos. Llamemos a las cosas por su nombre, el intento de destruir la nación española pasa por borrar de la conciencia y el alma colectiva, la época, no tan lejana, de rebelión frente a toda forma de tiranía, dejando en treinta y nueve años de mandato recobrados de manera eficaz todos los valores de la civilización cristiana. Por ello, desde la Fundación iniciaremos cada mes y durante todos los meses del año, una editorial de Autor, con el común denominador de: “En defensa de Occidente”, como síntesis de lo que fue y representó el Régimen de Francisco Franco. Felicitamos la navidades y aventuramos nuestro deseo al nuevo año con los verso inmortales de Rubén Darío:  
 
A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.   
 
Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
del Arquero.  
   
Reza el santo y pontifica y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo y su brazo abarca el arco
y el Arquero.
 
 


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