Editorial
 
 
 
Editorial de Diciembre de 2015
 
 
 
 
Cuarenta años de ausencia
 
 
Jaime Alonso
Vice-Presidente Ejecutivo F.N.F.F.  
 
 
   Asistimos a un proceso de control y dominación de la sociedad civil sin precedentes. Soportamos con asombrosa lenidad a la destrucción de todos los valores que dieron forma, progreso y dignidad a la condición humana. La civilización occidental de raíz y fundamento cristiano no perecerá como la helénica o las demás, mientras el concepto del hombre superior al de su naturaleza, no prescinda de la ley de Dios, garantías de la libertad y progreso alcanzados. Ni el optimismo “victoriano” o, el pesimismo “spengleriano”, ni las guerras totalitarias consiguieron consumar su diagnóstico autodestructivo.  
 
   España combatió en esa universal batalla, con Francisco Franco a la cabeza, antes que nadie, más sola que nadie y con mayor adversidad inicial que nadie. Ello constituye una de las razones por las cuales se le ataca con mayor obstinación y falsedad aún, a los cuarenta años de su fallecimiento, pretendiendo borrar, mediante Ley, su mera existencia y el heroico comportamiento colectivo con que salvaron la destrucción de la civilización cristiana en España.  
 
   Franco y su régimen meritocrático jamás confundió la democracia, gobierno con el apoyo implícito y explícito del pueblo, con la partitocracia que dividió la nación y arruinó al pueblo en los distintos periodos de su historia en que funcionó el régimen parlamentario. La Nación, con el Estado que la administra. La justicia como anhelo, función y estricta aplicación de la ley por jueces independientes y de carrera, con un instrumento más del poder político al servicio de los intereses del que manda. La descentralización regional vertebradora de derechos históricos, con las Autonomías disgregadoras e insostenibles. La Ley y su cumplimiento, con la autocracia del acato lo que convenga a mis intereses. La Hacienda de todos, mínima y consistente en sufragar el gasto equilibrado que toda administración estatal comporta, con una fiscalidad abusiva y confiscatoria, inasumible para un gasto sin control, creciente y despilfarrador. La representación política como servicio al bien común y los intereses de los españoles, con la de ejercer la representación del partido innominada y dependiente de los intereses del poder, de grupo o de clase.  
 
   Por ello el franquismo triunfó y es odiado por todo el arco constitucional, responsables por acción u omisión del desvarío nacionalista, la ausencia de respuesta nacional y la ruina social en la que estamos inmersos. La unidad de una nación se basa en el reconocimiento y asunción de su historia, de la superación de las crisis en que nos hemos encontrado y en la convivencia de un proyecto común ilusionante. Nada de esto se ha generado desde la muerte de Franco, ausencia sin la cual volveremos a ser cipayos de intereses espurios.  
 
   Francisco Franco creó un Estado vertebrado en torno a un haz de principios según lo sostenido por Vázquez de Mella en su Damnatio Memoriae: “la unidad nacional estaba fundada sobre la unidad de creencias, que producía la de los sentimientos, costumbres y aspiraciones fundamentales, dejando ancho cauce a una opulenta variedad que desarrollaba sobre ellas como una vegetación espléndida”. Pero todo ello lo han dilapidado las nuevas/viejas oligarquías contrarias a los intereses sociales y nacionales.  
 
   Por ello ningún partido tiene ahora credibilidad en cómo solucionar un problema que ellos solos han contribuido a crear. Incidía Vázquez de Mella “no tienen derecho a hablar de la unidad nacional las oligarquías parlamentarias, que la han disuelto; ni de la integridad de la patria, que han mutilado.  
 
   La ausencia, cada vez más presente, del régimen que ejemplifico la vida política nacional y fijó el estado de derecho como base de la convivencia, no admite más tergiversaciones, manipulaciones e interesados silencios. Es la asignatura pendiente que encanalla la democracia e impide reconocernos en lo que fuimos, no entender lo que somos y no saber a qué podemos aspirar en el futuro. Un notable grupo de turiferarios de la política, fracasados de la historia y sin ideas que importar de futuro, se vienen dedicando, desde hace cuarenta años, a ignorar u ofender el pasado, deconstruir el presente e impedir un futuro armonioso, de progreso y paz.  
 
   Tu ausencia, Francisco Franco, la hacen presente quienes pretenden devolvernos a la II República, convertida por sus herederos impenitentes, mediante una constante manipulación, en idílica, democrática, pacífica y social, contra la que tuviste que revelarte para salvar a tu nación y pueblo del “paraíso” stalinista.  
 
   Tu ausencia, Francisco Franco, la hacen presente los propagadores del odio, de la impostura democrática. Los fracasados de ayer, de hoy y de siempre, no pueden soportar al triunfador de ayer, legatario del presente y ejemplificador de lo que no debe hacerse si queremos abrazar un futuro mejor.  
 
   Tu ausencia, Francisco Franco, la hacen presente los separatistas, inventores de historias fabuladas, golpistas de ayer, de hoy y de siempre, cuando les dan la oportunidad, o ven debilitada la nación, gobierno o pueblo, como viene ocurriendo desde que nos dejaste, aunque creyeras que tu ejemplo bastaba y que tus herederos respetarían el legado y testamento que les dejabas.  
 
   Tu ausencia, Francisco Franco, la hacen presente los corruptores de las instituciones, los que han convertido nuestra nación, en tu época respetada y respetable, en patio de monipodio. Cuando ni se ponen de acuerdo para que se respete la Ley, se cumpla lo preceptuado en la Constitución que han aprobado, o se respete el sustantivo de donde viene su poder (la soberanía radica en el pueblo español), el conjunto del subconsciente del pueblo español, basado en la historia, se acuerda de ti.  
 
   Tu ausencia, Francisco Franco, la hacen presente cuando mediante Ley, infame y torticera, pero emanada del rencor parlamentario, impone el borrado de calles, plazas y monumentos el sacrificio y la heroicidad de quienes derrotasteis al comunismo, no a una democracia, de quienes impusisteis la justicia social tanto tiempo añorada, de quienes erradicasteis el analfabetismo e industrializasteis al pueblo, antes atrasado, limosnero y de servicios.  
 
   Tu ausencia, Francisco Franco, la hacen presente los impostores de la historia que secundan a los falsarios de la política en su afán de relativizar lo sagrado y entronizar lo banal. Todos los medios de comunicación, incluso los que más criticaban tu modo de proceder, dicen que dictatorial, han impuesto un relato único sobre tu persona y obra, reduciéndote al silencio de lo no conveniente, o utilizando todo su poder de masas en injuriarte permanentemente.  
 
   Tu ausencia, Francisco Franco, la hacen presente quienes pretenden que identificar la democracia con el antifranquismo, otorgando carta de naturaleza democrática a todos los totalitarios, terroristas, criminales y golpistas que en el pasado han sido. Esos son los referentes morales e intelectuales de esta llamada democracia, cada vez más parecida a la tuviste que combatir.  
 
   Tu ausencia, Francisco Franco, la hacemos, cuarenta años después, presente, quienes por no tener otra prebenda, ni merito contraído con la victoria y estado de derecho que nos legaste, expresamos la gratitud sin complejos de todo un pueblo que te siguió hasta la despedida final en el Palacio de Oriente, en interminables colas, convocados por tu presencia ya histórica e irremplazable. De ese pueblo manipulado en su conciencia y realidad hasta verte suprimido de nuestra historia más gloriosa.  
 
   Tu presencia, Francisco Franco, pudo extirpar la enfermedad nacional española del siglo XIX y XX  durante cuarenta años, de ahí el valor de la presente ausencia. Que aberraciones políticas y atropellos a la Constitución, germen de algunos males, hemos permitido que se cometieran en España, para que la soberanía del pueblo y la unidad de la Nación, se vean cuestionados por un sátrapa de Taifa, y una mayoría parlamentaria de turiferarios incapaces de un ideal común o superior.  
 
   Tu sola presencia, Francisco Franco, hace recobrar el ánimo, faro y guía, de que nunca consentiremos el ¡Finís Hispaniae! por muy larga que sea la noche, y muy lejos que parezca el amanecer de un nuevo día.  
 


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