Editorial
 
 
 
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Editorial de Junio de 2013
 
 
 
   Cuando un pueblo prescinde de su identidad, de aquellos principios y valores que le caracterizaron para ser respetado en el concierto de las naciones. Cuando acepta lo foráneo, aquello que lo degradó, dividió, postró y humilló en su dilatada historia, en la creencia de que así obtiene el reconocimiento, la paz y la prosperidad. Cuando elige a sus representantes para gobernarles, en virtud de unas creencias ideológicas excluyentes, en el pasado fracasadas o, de un etnicismo totalitario y falso o, en el utilitarismo egoísta del mal menor; el mal supremo, que es la degradación de la democracia hacia la anarquía, la degradación del cumplimiento de la Ley y la barbarie, se instalan como resultado.  
 
   En eso estamos, después de treinta y cinco años de la actual Constitución que consagraba todos los vicios que nos habían originado dos siglos de decadencia, una Restauración, dos Repúblicas y una guerra civil. La segunda Restauración que significaba “de facto” la ruptura con su legitimidad de origen, no puede sobrevivir a su legitimación de ejercicio, cuestión lógica y previsible, si se tiene en cuenta las fuerzas políticas que pactaron la transición, sus orígenes y fines, cada día mas explicitados. Resulta de una ignorancia supina o de una candidez estúpida el pensar que esta vez sería distinto, en base al desarrollo económico alcanzado con Franco, la paz social existente y la madurez y vertebración de una clase media productiva y emprendedora que serviría de colchón a los extremismos de la izquierda jacobina, iconoclasta y resentida.  
 
   Sostiene Allan Poe en Berenice:
 
   “La desdicha es diversa. La desgracia cunde multiforme sobre la tierra. Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris, sus colores son tan variados como los de éste y también tan distintos y tan íntimamente unidos. ¡Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris! ¿Cómo es que de la belleza he derivado un tipo de fealdad; de la alianza y la paz, un símil del dolor? Pero así como en la ética el mal es una consecuencia del bien, así, en realidad, de la alegría nace la pena. O la memoria de la pasada beatitud es la angustia de hoy, o las agonías que son, se originan en los éxtasis que pudieron haber sido”.  
 
   Hoy, una de nuestras desdichas, dolor, fealdad y agonía deviene del sistema de representación política implantado. Así, el mas inepto, demagogo, falsario y truhan que imaginar se pueda, puede, encarnando la soberanía popular, sentarse en el Parlamento y dirigir sus disparatadas y ofensivas ocurrencias como axiomas de futuro y solución a los acuciantes problemas que nos agobian. La última estrella del parlamentarismo en hacer honor al sueldo, prebendas y preocupación racional ante la corrupción institucionalizada, el paro, la desintegración del Estado y la independencia de la justicia, es un tal Centella, apellido muy apropiado al tiempo empleado en estudiar la historia de España o, tan siquiera, al de su partido.  
 
   La nueva proposición de ley de la Izquierda Plural (Partido Comunista con careta) que tiene de plural lo que una Jirafa de hormiga, pedía declarar el 18 de julio día oficial de condena del franquismo y homenaje a las víctimas de la Guerra Civil y la represión. Podía añadir y ver si es capaz de cuantificar las provocadas por sus antepasados e ideología en la Guerra Civil y en el resto de Europa. Probablemente no cabría en el almanaque los días a homenajear por nación y número de muertos, a las victimas del comunismo que Centella sigue propugnando veloz y con notable fortuna ¡que olvidadizos son los pueblos que deciden condenarse!
 
   En realidad no es otra cosa que un avance en la consolidación de la llamada Ley de Memoria Histórica, Ley Stalinista que, con el pretexto de reconocer y ampliar derechos y establecer medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil, pretende borrar la parte de la historia de España que legitima el presente y garantiza, como imprescindible enseñanza, el futuro. Alguien se sorprende de que la memoria pueda no ser histórica, es decir referida al pasado. Lo que así se viene llamando es una coartada para excluir. Es un rasgo totalitario que pretende ignorar que cualquier memoria sólo es personal. Lo que se pretende realmente es el atribuir a una parte de espectro político un pecado original que ilegitime a sus representantes.
 
   En el fondo, responde a una estrategia política del socialismo para excluir a la derecha como interlocutor y valerse de los nacionalismos para gobernar, es un decir, lo que quede de la Nación Española. Algo que no carece de lógica pragmática, pues una ley electoral que prima esas candidaturas y un proceso de desintegración del Estado, sin parangón en Europa, les ha hecho poderosos, ante el abandono de los distintos gobiernos de la nación a la hora de aplicar las previsiones normativas que la propia Constitución establece. Si no se deroga esa perversa, malévola y anti-histórica Ley, se dará la paradoja de que, un Jefe de Estado, firme la Ley que lo ilegitima como tal. ¡Cosas veredes, amigo Sancho!
 
   La otra obsesión de la izquierda eterna, más que plural, es desacralizar y cerrar la Basílica emblema de España del Siglo XX  y monumento histórico de especial significación para Europa en el Siglo XXI. Como señalara Pío XII: “Vuelvan a atraer al pueblo hacia lo eterno y lo espiritual, y promuevan la práctica de la virtud cristiana” en su inauguración. De igual modo su sucesor Juan XXIII definía en la consagración de la Basílica como “alerta permanente para transmitir la antorcha de la fe y de las virtudes patrias a las generaciones venideras”.  
 
   Sigamos las sabías, prudentes y ecuánimes palabras del Abad de la Basílica, Padre Anselmo:
 
   “Nuestra memoria histórica es multiforme y nos exige ser honestos con ella para recordarlo todo, para que no sea una memoria desmemoriada, excluyente de las realidades que se ha determinado eliminar (…) en lo que sería un fraude inaceptable y absurdo que vendría a decir que no venimos de ningún sitio, ni vamos en ninguna dirección”.  

   Y en referencia a la Basílica del Valle de los Caídos y la Memoria Histórica: 
   
   “Es aquí donde, hace ya 50 años, es viva y transparente. Sin discriminaciones, sin que nadie la imponga, ni la vocee a los cuatro vientos, ni la cobre. Ha sido y es una memoria callada, una palabra dicha en el silencio, dirigida a Dios, escuchada por los muertos que aquí reposan, pronunciada sólo por voces de monjes y niños de coro, pero en las que suena la voz de toda España”.
 
   Y continúa el relato impresionante, como su propia vida de recogimiento, sacrificio y entrega:
 
   “Quienes aquí reposan (no menos de 40.000) nos dicen con toda la fuerza de que son capaces: reconciliaos; haced el máximo esfuerzo para no repetir los errores de entonces y de tiempos más recientes. No dejéis que el rencor o la hostilidad os impida sentiros hermanados, más allá de las inevitables diferencias que, correctamente encauzadas y sinceramente respetadas, no os oponen porque pueden enriquecer el bien común. Renovad la conciencia de nuestra herencia colectiva. Es el mensaje de pacificación y de buen sentido que vuelve a ser necesario trasmitir, y al que este lugar del Valle de los Caídos quiere servir sin injerencias ni obstáculos”.  
 
   Recuerda Centella, si todavía queda en tu corazón un hueco para el amor, si aún conservas en la conciencia un átomo de rectitud ajena a lo conveniente, si puedes estudiar lo ocurrido en nuestra historia como consecuencia de actitudes como las que propugnas, sin respetar vivos ni muertos, vidas ni haciendas. Si aceptas los errores propios, antes de condenar los ajenos. Si puedes reeducarte en el respeto al derecho ajeno, como presupuesto para la paz, servirás mejor a tu Nación, aunque la consideres un concepto discutido y discutible, tendrá mejor sentido tu representatividad, y contribuirás de manera más eficaz a salir de la crisis que aqueja a los españoles y ahora les importa, y de la cual puede que Vd. sea uno de los responsables, sin que nadie se lo demande.
 
 
 


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