Editorial
 
 
 
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Editorial de Marzo de 2012


Cuando el azote impulsa el caminar y la zozobra nos acompaña resulta imprescindible mirar atrás y ver las causas. Ello nos hará, primero, reflexionar, después, buscar el camino que nunca hemos debido abandonar. De los errores de nuestro pasado inmediato vivimos el lacerante presente; aquellas causas han producido estos efectos, sin que podamos sustraernos a esa lógica histórica, inmanente, consustancial a nuestro ser hispano. La caída era previsible, la salida evidente. Pero, como el borracho, ahíto de tinto viejo; como el boxeador sonado por un golpe; como el jugador de su última partida; como el enamorado al que, sin lágrimas en los ojos, le dicen ¡hemos terminado! Y se aleja de espaldas, nuestro pueblo desespera en la espera, busca sin encontrar, necesita repuestas ciertas y creíbles que le permitan luchar, creer en si mismo, como sujeto de la creación, y en los demás. En todo problema humano subyace un fondo teológico, una solución mística, una aventura común inspirada por sus creencias y la voluntad también común.

La estadística, frio dato sin alma, herramienta de certezas que avisa del naufragio, instrumento a veces manipulable del mecanicismo organicista de la sociedad moderna, señaló que en lo que llevamos del año 2012 se han cerrado más empresas que en todo el año anterior. No obstante lo cual, nuestro mensaje siempre será esperanzador, de aire fresco, de brisa cálida, de superación. Hemos salido de una guerra civil, del bloqueo internacional que nos impidió acogernos al plan de Recuperación europeo “Plan Marshall”, de sequias y atraso secular de siglos y, en sólo 37 años, los mismos que ahora pero con inverso resultado, éramos la Octava potencia industrial del mundo, teníamos pleno empleo, un sistema sanitario y de Seguridad nuevo en el mundo, no se pagaban impuestos y los funcionarios elegidos por méritos propios no sobrepasaban, siendo suficientes, los setecientos mil. Por eso, entre otras razones, nos odia la izquierda y nos olvida, con silencio cómplice y suicida, la derecha.

Y, en esto, llegó Garzón. Llegó el baranda judicial y mandó parar. ¡Esto lo arreglo yo!. Dadme una Ley de Memoria Histórica y juzgaré a vivos y muertos, a toda una época, a la historia. Ya es hora de hacer cuentas con el pasado, de ganar la guerra civil, aunque sólo sea judicial. Y ya hemos visto que casi lo consigue. ¿Cómo estará el sistema judicial que se presta a esta “mascarada” sin carnaval?. El humo de Alfonso Guerra impregnó a seis Magistrados del Tribunal Supremo. ¡Montesquieu, ha muerto!. ¡Viva la justicia popular sin cadenas!. ¡Viva la justicia del Príncipe!. ¡ Viva la justicia “de conveniencia”!. ¡Viva la justicia como instrumento del poder!. ¡Y viva la justicia, “a la carta”, de la conciencia del Juez!. Pues eso, y no otra cosa, han resuelto los “seis Magistrados de la Prevaricación” del Tribunal Supremo. Suerte que ha habido un justo que salvara a los seis Magistrados intervinientes en la instrucción y a su propia y recta conciencia jurídica.

JOSE MANUEL MAZA MARTIN define por todos su afección al principio de legalidad: “Hay pocos casos más claros de prevaricación”. Suficiente, viniendo de uno de los Magistrados más firmes, doctos e insobornables del poder judicial. Del resto, sólo decir, que han hecho un lamentable roto al Estado de Derecho y a la credibilidad de esa respetable e imprescindible, en su independencia, Institución. Sostengo que han optado por aceptar el subjetivo tribunal de sus conciencias, que por la recta interpretación y aplicación de la legalidad, de un delito, fácilmente objetivable en virtud de su apartamiento o no de la normativa establecida. Sostengo que el alegato final de Garzón apelando a Kant: “El tribunal del hombre es su conciencia”, amen del oxímoron que supone unir, en Garzón, conciencia y tribunal, ha invadido de tal “buenismo” a la Sala del T.S., que, su Sentencia, confluye por esas procelosas aguas hacia la mar  imposible y turbulenta del arbitrismo jurisdiccional. Sostengo que esta Sentencia “de Autor” no tendrá correspondencia futura en ningún caso, agotándose en si misma, sin virtualidad doctrinal ni de referencia. Sostengo que fue un apaño para acallar al agit prop internacional, Amnistía Internacional, la Asociación Human Rights Watch, la Asociación pro Derechos Humanos en España, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de España, y toda una caterva de cipayos al servicio del socialismo internacional y la masonería. Sostengo que han primado los prejuicios ideológicos de varios magistrados y la acomodaticia cobardía de otros. Sostengo que han querido contemporizar con un izquierdismo guerra-civilista creciente. Sostengo que, una vez cumplido los fines de apartar al “prevaricador compulsivo mayor del Reino” de la judicatura, sólo quedaba el impedir que se entronizara como la última victima del Franquismo y líder incuestionable de la extrema izquierda o Frente Popular, dejándole el consuelo del último libro a Pilar Urbano, con propuesta de beatificación incluida, por su reconocible mérito de “ver amanecer” o “maitines contemplativo”.

Un espejo de la historia donde mirarnos lleva al mes de marzo de 1938, y vemos un pueblo enfrentado, atrasado por siglos de luchas intestinas, caciques de la política, revolucionarios de palabrería hueca, alternancias de lo mismo, y pobreza endémica, pero que ansía, en la guerra, su revolución pendiente, que busca su liberación profunda como pueblo, su lugar de predestinación en la historia, su dignidad perdida como pueblo, como nación, como individuos. Y vemos a ese pueblo rebelado y, por fin, magistralmente conducido anhelar la paz y la justicia, durante tantos años hurtado, y se promulga El Fuero del Trabajo, pieza angular de la justicia social y los derechos de trabajadores y empresarios que el Estado, actor y gestor del bien común, auspiciaba, velando por su cumplimiento y desarrollo. ¿Quién juzgará a quienes despilfarraron tan inmenso caudal?. La historia, no tardando mucho.

Ortega que reflexionó sobre el ser de España, denunciando su no ser, dejó escrito que la masa es “cosa rígida, seca, sórdida y desierta”, con una seria advertencia “Cuidado de la democracia. Como norma política parece cosa buena. Pero de la democracia del pensamiento y del gesto, la democracia del corazón y la costumbre es el más peligroso morbo que puede padecer una sociedad”, para afirmar “le es más fácil enardecerse por un dogma moral que abrir su pecho a las exigencias de la veracidad”.

Al cantar la venida de la primavera lo haremos mirando de frente a España. 
Un ruiseñor nos tiene en su garganta.
Los ríos que me traje de mis riscos,
desembocan tan sólo por tus playas.
Hay confusión de siglas en su alma, del viento que nos cuenta tus hazañas. 
Mientras menos me pienses, más me amas. Finalizando con el restaurado Catedrático de Salamanca D. Miguel de Unamuno: “Tú me levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo,
Tierra nervuda, enjuta, despejada,
 madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.
Con la pradera cóncava del cielo
lindan en torno tus desnudos campos,
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro
y en ti santuario.
Es todo cima tu extensión redonda 
y en ti me siento al cielo levantado,
aire de cumbre es el que se respira
aquí, en tus páramos.
¡Ara gigante, tierra castellana, 
a ese tu aire soltaré mis cantos,
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!”



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