Editorial
 
 
 
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Editorial de Marzo de 2014
 
 
 
   
Cuando no avistamos salida a la “tormenta perfecta” que gravita sobre España, imputable a la crisis económica provocada por un sistema político corruptor, endogámico, desintegrador y sin principios, cuyas decisiones políticas desacertadas y manifiestamente contrarias al interés general, están empobreciendo a la clase media española y frustrando las expectativas de futuro de la juventud emprendedora, llega un turiferario e indocumentado personaje del progresismo castrista, que representa Izquierda Unida en España, a reescribir nuestra historia y dar lecciones de democracia y derechos humanos: Pablo de Greiff.
 
   Los creadores y, en gran parte, dominadores del “agip prop” internacional, subvencionado por la masonería y el sionismo, dominador de esa entelequia inútil llamada Naciones Unidas (ONU), necesitan de un relato internacional creíble sobre la reciente historia de España, la guerra civil, el régimen de Francisco Franco, la transición y la actual democracia, con la finalidad de que la derecha desnortada e indiferente a los planteamiento ideológicos definidores de los Estados y configuradores de la cohesión de los pueblos, sostengan, sin posibilidad de debate alguno, por Ley, que la II Republica era un régimen democrático y, como tal, antecesor y referente de la actual democracia. Que Franco fue un golpista que se reveló, de manera cruenta, contra la legalidad republicana. Que su régimen y persona era totalitario, asimilable al de Hitler y Mussolini. Y que durante la guerra civil y la posguerra practicó una suerte de exterminio sistemático y tenaz contra sus oponentes ideológicos.
 
   Tal aseveración, profusamente divulgada desde hace treinta y cinco años por todos los medios de comunicación oficiales, libros de texto e historiadores que antepusieron su ideología a un análisis e interpretación de los hechos riguroso y documentado, fue derrotada intelectualmente por la “cultura de la verdad histórica” encabezada por historiadores irrebatibles en sus estudios historiográficos como Pio Moa, Luis Suarez, Ricardo de la Cierva, Fernando Paz, José Javier Esparza, Luis Togores, Ángel David Martin Rubio, Stanley Payne, los hermanos Salas Larrazábal y tantos otros.
 
   De ahí que la mayoría socialista de Zapatero, cada vez mas radicalizada, sectaria y totalitaria, necesitada de la ingeniería social que destruya el haz de principios que hizo grande a España, aprobara la Ley de Memoria Histórica. Ley que resulta inconcebible su no derogación aún, pues viene a deslegitimar la transición, la monarquía y a la derecha, al identificarla con el bando franquista que auspicia la transición. Una Ley estalinista, que pretende borrar la historia e imponer un solo relato de la misma, no sería concebible en ninguna sociedad abierta y civilizada. En la era de Francisco Franco, no obstante la proximidad de la contienda y el desgarro producido por la guerra civil, jamás se propuso tamaña aberración jurídica, moral e histórica.
   
   Pues bien, este “relator de mezquindades”  que pasearon por España los guerra-civilistas, incapaces de aportar una sola idea de futuro, hace el tópico y previsible relato que conviene a quienes odian todo lo que ignoran; la verdad que los desnuda; la libertad que los retrata; la tolerancia que los descubre; el perdón que los confunde.
 
   Ese inútil de un organismo inútil, sin otra finalidad que la de propagar ideas universalmente inútiles que nadie aplica, tiene la osadía de “recomendar” al Gobierno español algo que no haría a ningún gobierno serio, soberano y solvente. Reinventar, un monumento escultórico universal y definidor de una era, el Valle de los Caídos, desnaturalizándolo, o sea, destruyéndolo;  Anular la Ley de Amnistía, con absoluto desprecio a lo aprobado por un parlamento de una nación soberana; Mas recursos para las victimas, mejor predicarlo de la actualidad  reparable, provocada por la inanidad de sus resoluciones en África, Asía y Oriente Medio. Y que se extradite a cualquier país bananero, donde la justicia es una terminal de la vesania política, a honestos defensores de la legalidad como fueron el Capitán Muñecas y Billy el Niño, jamás  equiparables a todos los terroristas que amparan estos falsarios de los derechos humanos.
 
   Avivemos el recuerdo de cuando el pueblo español, sintiéndose bien gobernado, señalaba a estos recomendados, “Si ellos tienen ONU, nosotros, tenemos DOS”. La soberanía de la nación española y los intereses de su pueblo demandan, aún hoy, el cumplimiento de las Resoluciones que, sobre la soberanía de Gibraltar, desde 1967, vienen siendo sistemáticamente vulneradas por Inglaterra. O la descolonización del Sahara Occidental, iniciada por España en 1974, y cuya resolución de la ONU en 1991, sigue sin cumplirse y sin respetarse los derechos humanos de los saharauis, sistemáticamente violados por Marruecos, con el beneplácito internacional y de los distintos gobiernos españoles.
 
   Hasta cuando Sr. Greiff va a seguir siendo un respetable bufón de una organización degenerada. Desde esta modesta atalaya le conminamos a irse ¡al carajo!, en castizo.
 
   Como afirmara, el restituido por Franco en su Cátedra de Salamanca, D. Miguel de Unamuno: “Los españoles somos un pueblo enseñado a huir de la verdad, a transigir con la injusticia y a soportar la opresión”. Esa situación hoy, resulta mas amarga y lacerante que nunca, seguimos los españoles prefiriendo al mentira ilusa a la verdad amarga.
 
 
 
 
 


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