Editorial
 
 
 
Editorial de Mayo 2012

Mes tradicionalmente florido y hermoso, de advocación mariana y placentera climatología, se revela hoy de congelado ánimo, en lo climático, amenazando las cosechas y, en lo social, con denodado empeño, desvertebrando la vida institucional y la cohesión interna labrada durante ochenta años de tempestades, sequias, alguna que otra sistémica plaga, muchas zozobras y numerosas inquietudes, todas salvadas cuando en el barco de la historia hispana hubo un capitán con rumbo firme y arribada conocida, cuando el pueblo español se sintió bien mandado, cuando la fidelidad a la palabra dada y el compromiso adquirido obtenía carta de naturaleza, cuando lo pactado se cumplía o la justicia se encargaba de su cumplimiento, cuando las instituciones cumplían con su deber y mandato al servicio de la Comunidad, cuando el pueblo sentía el esfuerzo colectivo como algo propio y presupuesto ineludible de su bienestar, cuando el respeto a los derechos inalienables del ser humano, al ser criaturas creadas por Dios, figuraban en el frontispicio de las obligaciones del Estado, más allá de las retóricas e inaplicadas resoluciones internacionales, la sociedad en su conjunto, el “ser hispano”, el ciudadano concreto, sentía el protagonismo que su actividad reportaba a su progreso, seguridad y futuro. La igualdad de oportunidades equilibraba la desigualdad del nacimiento y naturaleza, en virtud del esfuerzo y la eficiencia. La pobreza se erradicaba y la clase media, como transversalidad meritoria, equilibraba y sostenía todo el andamiaje jurídico-político del Estado.

Invocando distintas causas, no resumibles en una editorial, podemos aventurar, sin mucho esfuerzo y temor a equivocarnos, que el modelo o régimen político que nos hemos dado al fallecimiento del Generalísimo Francisco Franco esta colapsado y sin capacidad de respuesta, ante los enormes retos a que debe enfrentarse nuestro pueblo y nación. Y todos los males que nos asisten y acongojan, eran previsibles y son culpa nuestra. El motor del cambio, veremos si tiene recambio, pues su fallo es multi-orgánico y elefantiásico. Los tiempos de bonanza suelen ocultar la fealdad existencial, la ausencia de valores, la desviación del rumbo, la desnudez y orfandad que los falsos mitos provocan en la mente humana. La crisis que esos desmanes provoca nos abre la oportunidad de reflexionar, analizar y reponer lo perdido, siempre que acertemos en el diagnóstico y nos encaminemos a remediarlo. Ahora vemos que aquellos polvos se han convertido en este lodazal que amenaza con bloquear la maquinaria del Estado, hundir irremisiblemente nuestra economía y devolvernos a la pobreza y desintegración ignotas en España desde hace ochenta años.

Si la base de nuestro ordenamiento jurídico reside en el pueblo, cuya soberanía proclama con rango constituyente esencial, ¿que razón asiste para que los intereses vitales de los partidos se antepongan a los nuestros como pueblo? ¿qué razón para que los candidatos electos vayan en listas cerradas elegidas por la dirección del partido? ¿Por qué el sistema clientelar de la casta política dirigente de los partidos, impide el adelgazamiento o racionalización del sector público, antes de esquilmar a ahorradores, funcionarios y empresarios? ¿a dónde nos conduce mantener un sistema de organización territorial plurinacional, abierto, inviable, despilfarrador, insolidario y que fomenta que la ambición periférica y personal del poder, se imponga a la racionalidad y eficiencia de los intereses generales?. En el siglo XXI hemos perfeccionado y se pretende mantener el viejo sistema caciquil y clientelar del siglo XIX, que tan nefastas consecuencias nos acarreo. Y todavía surgen voces, siempre doctas y autorizadas, que esto se arreglaría con un Estado Federal como el de los Estados Unidos o Cantonal como Suiza o Alemania. Las abismales diferencias constitutivas, orgánicas y de funcionamiento no merecen la consideración de nuestros sesudos analistas y políticos.

La razón por la que nadie asume responsabilidades por su gestión política, ni de manera individual, ni de partido, por la que reciben dinero de manera directa (presupuestos), indirecta (donaciones o subvenciones) y  mediante créditos (de dudoso cobro), evidencia corrupción institucional que nos asola y empobrece, y la imposibilidad de regeneración en el actual sistema, al aplicar el viejo y sabio principio de que, quien es causa del problema, nunca puede traer la solución. Cuando un sistema llega a este punto y la desafección provocada deslegitima toda acción de gobierno, la única salida es el cambio de rumbo. Si este cambio viene impuesto por un largo y agónico proceso de degeneración democrática desde su origen, los intereses e inercias creadas impiden un cambio no traumático desde dentro. Lo inteligente sería lo contrario, reformar el Estado, comenzando por la Constitución, vulnerada sistemáticamente e inservible para hacer frente a los desafíos en que nos encontramos. Reformar nuestra partitocracia, comenzando por la Ley Electoral y todo el entramado clientelar y subvencionador. Modificar el estatuto y función de las actuales organizaciones sindicales, meras correas de transmisión de una ideología caduca y degradante y los partidos políticos que la sustentan, termitas de la sociedad, vividores del presupuesto y corresponsables directos de la ruina económica que padecemos.

Nos hemos instalado al borde del abismo, y a fuerza de contemplarlo, podemos interiorizar su existencia y hacer que viva en nosotros con la cotidianidad de lo permanente, hasta que la cruda realidad nos devuelva del ensoñamiento falsario que padecemos. Lo terrible es que todos seremos victimas, nos negaran la elección y seremos doblemente castigados, por la frialdad de los mercados y los males de la conducta humana socializante: persecución, fanatismo, intolerancia y represión del espíritu humano, moderna inquisición del pensamiento único en la historia y en la percepción política de la realidad.

Metáfora de Mayo en inigualables versos, deben finiquitar una editorial forzosamente ácida. “ Flor de Mayo, como un rayo de la tarde, se moría... Yo te quise, Flor de Mayo, tú lo sabes; ¡pero Dios no lo quería! Cada estrella que palpita, desde el cielo le habla asi: «Ven conmigo Florecita, brillarás en la extensión igual a mí.» Flor de Mayo, con desmayo, le responde: «¡Pronto iré!» Se nos muere Flor de Mayo, ¡Flor de Mayo, la Elegida, se nos fue! Las olas vienen, las olas van, cantando vienen, llorando irán... «¡No me dejes!», yo le grito; «¡No te vayas, dueño mío: el espacio es infinito y es muy negro y hace frío, mucho frío!» Sin curarse de mi empeño, Flor de Mayo se alejó, y en la noche, como un sueño, misteriosamente triste se perdió. Las olas vienen, las olas van, cantando vienen, ¡ay cómo irán! Al amparo de mi huerto una sola flor crecía: Flor de Mayo, y se me ha muerto... Yo la quise, ¡pero Dios no lo quería!.

 

 



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