Editorial
 
 
 
Editorial de Noviembre de 2011

“Aún vencen muerte, tiempo y hado las amorosas; en las tumbas se han encontrado mirtos y rosas. El corazón del cielo late por la victoria de este vivir, que es un combate y es una gloria. Pues aunque hay pena y nos agravia el signo adverso, en nosotros corre la sabia del universo”. La libertad esclarecida de encontrar honrada muerte surgió en la noche oscura de una larga carretera entre grises peñascales, en una humilde pradera, zarzas, malezas, jarales.

Estremece el alma, hiela el corazón e indigna el ánimo al constatar la tragedia humana que se cernió sobre España en nuestro reciente pasado, en este otoñal, frio, triste y desapacible mes. Comienza, -aunque la cronología señala como el 29 de octubre de 1936 donde estaban presos en la cárcel de Ventas-, con el asesinato y posterior enterramiento en una fosa común del Cementerio de Aravaca, de los dos ramiros más cultos, inteligentes y defensores del ideal hispano del siglo XX : Ramiro de Maeztu y Ramiro Ledesma Ramos. "¡No han matado a un hombre, han matado a una inteligencia!", dijo Ortega, al enterarse del crimen de Ramiro Ledesma. Intelectuales notabilísimos que, al igual que Pedro Muñoz Seca, no ejercían el oficio del progresismo, entonces sin disfraces, comunista.

El “Holocausto Español” comenzará el 7 de noviembre y no finalizaría hasta el 3 de diciembre. Treinta y tres “sacas” con prisioneros sacados de la cárcel Modelo (1.500 ), San Antón, Porlier y Ventas, fueron sistemática, fría y cruelmente asesinados y enterrados, en fosas comunes, en Paracuellos del Jarama, Arroyo de San José y Soto de Aldovea (Torrejón de Ardoz). Todos ellos, militares, eclesiásticos, civiles de distinta profesión y militancia política, algunos familiares, y hasta un padre y su hijo, fueron ejecutados sin acusación formal, ni amparo judicial. 5.000 hombres, mujeres y niños fueron fusilados de manera sistemática y organizada por el Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, una especie de “ministro de la Gobernación” de Madrid Santiago Carrillo Solares, instigado y dirigido por orden de Stalin, a través de Mikhail Koltsov y Nikloski Orlov, jefes de la NKVD soviético en España. “Delito de Genocidio” y Delito “contra la humanidad” formal y materialmente incuestionables y no prescritos para la conciencia de las victimas y del pueblo que venció al comunismo. Tampoco para los historiadores quienes, unánimemente, señalan a Santiago Carrillo como responsable de los crímenes: Ricardo de la Cierva, Félix Schlayer, J. Salas Larrazábal, E. Castro Delgado, Carlos Fernández, César Vidal, Rafael Casas de la Vega, José Javier Esparza, Javier Cervera, Ian Gibson y hasta Paul Preston.

Con estos antecedentes, indigna comprobar que Santiago Carrillo Solares es, hoy, nombrado hijo adoptivo de Gijón, artífice de la transición democrática, consejero áulico y destinatario de homenajes donde, un presidente del Gobierno de España, -nación discutida y discutible-, le obsequia con la vil hazaña de quitar la estatua, erigida por suscripción popular, del anterior Jefe del Estado. El hombre que reconstruyó el estado, y devolvió la paz, la unidad, la justicia y el progreso a los españoles, es retirado de su mínimo pedestal público, para complacer a quien mandó asesinar y asesinó a miles de españoles inocentes, esquilmó su tesoro del Banco de España, fue seguidor incondicional de Stalin, de Nicolae Ceaucescu, de Kim il Sung, y pretendió convertir a la nación y pueblo español en provincia o protectorado soviético. ¿Puede extrañar el déficit democrático existente, la corrupción institucional, la desintegración de España?. Ya veremos, la regeneración que se produce.

Pintaron de sangre el cielo y el suelo empapó su sueño. La convicción de una vida ametrallada en Alicante. Al alba, ilusión, juventud, amor, plenitud, truncados por el odio exterminador de la excelencia. No hubo talante. Confluye en el destino hispano el día 20 de Noviembre como la fecha para la eternidad. Coincide el asesinato y fallecimiento de las dos figuras más importantes y significativas de España desde su unificación en 1492. Con el sacrificio de ambos, pensamiento y obra, juventud visionaria y madurez sabia, espiga y trigo, martillo y yunque, brida y espuela, se refunda el estado español e impregna, de tal modo, el curso de la historia que ha resultado imposible borrar su espíritu, enseñanza y ejemplo. José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco ¡PRESENTES!. Donde quiera que estéis, en la eternidad de la vida, os recordaremos como ejemplo de fe, esperanza y sabiduría. Como manantial y cauce, y espejo y vertiente, donde mirarse siempre.

  ¡Bien venido, Capitán!

Bienvenido a tu Madrid,

con la palma de la lid

y con la espiga del pan.

 

Dios bendice el santo afán

que tu espada desnudó

y la victoria te dió,

poniendo en esa victoria

toda la luz de la gloria

de un mundo que se salvó.

 

Con esa hueste triunfal

que tras tu enseña desfila

-y que lleva en la mochila

estrellas de general-,

de la barbarie oriental

vencer supiste el espanto,

y alcanza tu gloria tanto

que con tu invencible tropa

fue España escudo de Europa

como en Granada y Lepanto.

 

De tu soberbia campaña,

Caudillo noble y valiente,

ha resurgido esplendente

una y grande y libre España.

 

Que hoy sean tu nueva hazaña

estas paces que unirán

en un mismo y puro afán

al hermano y el hermano…

Con la sombra de tu mano

es bastante, ¡Capitán!

                                                                  Manuel Machado

 



FUNDACIÓN NACIONAL FRANCISCO FRANCO // Avda. Concha Espina, 11, 2º - 28016 Madrid -
Tel. 91 541 21 22 - Fax 91 541 43 82 - secretaria@fnff.es
Powered by La Compañía