Editorial
 
 
 
Editorial de Noviembre de 2012
Ya existía el separatismo y los separadores, el particularismo ofendido y los negadores de la civilización y el progreso. Los falaces propagadores del derecho de los pueblos a decidir su futuro. La opresión del derecho foráneo y la injusticia de sus costumbres en colisión con la aldea fue una constante desde el origen de nuestra civilización. También a Jesús le propusieron que se enfrentara a Roma y se adhiriera a la propuesta de no pagar impuestos, y su respuesta, no por repetida, menos conocida, “dad al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”.  Tal equidistancia entre lo divino y lo humano no evitaba al Cesar ser, también, de Dios.  
 
Los Zelotes o Zelotas, movimiento político nacionalista, antecesor del PUJOL-nacionalismo o MAS-catalanista, tuvieron en Judas el Galileo a su leader más relevante y a Barrabas el preferido del pueblo. La saga pujolista, como auténtica Casa Real Catalana, ha venido traicionando todo lo pactado con total impunidad. Siempre ha encontrado la complicidad del Gobierno de la Nación a la hora de permitirle todas las arbitrariedades, nepotismo y corruptelas, desde Banca Catalana hasta la actual I.T.V.. ¿Porqué no se investigó a MAS y CIU cuando en pleno debate parlamentario Pascual Maragall le dijo, al ahora libertador Arturo Mas, que su problema se llamaba 3%, en clara referencia a las comisiones institucionalizadas por CIU, según Maragall?. Si se investigara mínimamente a esa casta secesionista, se descubriría una de las razones de su empeño separatista tendente a procurarse impunidad judicial, control fiscal, poder coactivo y propaganda subvencionada, en un Estado Feudal.  
 
Y, para que no haya institución ejemplar, ni ejemplo donde mirarse o conducta a imitar, la Iglesia catalana, contradiciendo el ecumenismo cristiano, se des-universaliza y pretende, de manera inoportuna y suicida, auspiciar un pretendido derecho de los pueblos a decidir su destino  que sonrojaría a Francisco de Vitoria o al padre Mariana que no se atrevía a relatar la historia de España mas allá de los Reyes Católicos “por no lastimar a algunos si decía la verdad, ni faltar al deber si la disimulaba”.  
 
Los falsos dogmas que se han instaurado en la transición amenazan la estabilidad de la Nación y agravan la crisis institucional que padecemos, desorientando al pueblo sobre el diagnóstico de sus males y la solución de los mismos. Los medios de comunicación, convenientemente subvencionados, impiden que acierte la mano con la herida. El resultado de las elecciones autonómicas gallegas y vascas, no invita al optimismo. Más de lo mismo o de lo peor, sin ningún avance significativo en el regeneracionismo imprescindible. La supresión de las Autonomías, con la modificación del Título VIII de la Constitución, reasumiendo las competencias básicas que cohesionan un Estado. Modificación de la actual Ley electoral. Supresión de la financiación a los partidos políticos y sindicatos de todas las ayudas públicas y privilegios. Independencia del poder judicial, con designación de sus miembros y ascenso, por los méritos y antigüedad contraída. Sistema financiero y libertad de mercado destinado al bien común y al desarrollo del pueblo. Prensa libre y veraz, sin control público, ni apoyo financiero o publicitario público. Primacía del interés general y nacional, sobre el particular de clase, partido o territorio. En fin, libertad con orden y respeto a las leyes hasta su modificación, frente al igualitarismo y las revoluciones utópicas del siglo XIX que tanto daño y sangre ocasionaron en el XX.  
 
No podía faltar la palmaria demostración de indigencia intelectual, disvalor, cobardía y entreguismo papanata que caracteriza a la derecha descentrada. Como Pilatos se lavan las manos y permiten que una calle de Madrid quede manchada con el nombre de un Genocida. Un escarnio mas que lleva la permisividad cooperativa del Partido Popular y que duele doblemente. Por la doble vara de medir, que permite borrar de las tierras, calles y plazas de España, los nombres y las gestas de quienes hicieron posible su independencia, desarrollo y libertad y hasta la vida de la mayor parte de sus antepasados; mientras auspician y potencian la glorificación de quienes trajeron la destrucción, la ruina y la sangre a los españoles. Que caiga sobre las personas y su política el peso de la ignominia de permitir que semejante criminal pueda manchar con su nombre una calle de Madrid.     


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