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Educación nacional
 
José Javier Esparza
 
 
   Parece que la disyuntiva que se ofrece a los españoles es, a la derecha, el vacío, y a la izquierda, la barbarie.Un rasgo llamativo en los portavoces de la protesta anti-Wert: en realidad ninguno habla de educación.
 
   Lo que nos transmiten, ya se trate de sindicalistas o de alumnos, es una serie de tópicos de carácter puramente propagandístico del tipo “defendamos la enseñanza pública” o “el futuro de nuestros hijos” o “paremos los recortes”. Y eso lo dice la misma gente que ha convertido la enseñanza pública en un desastre objetivo, que ha condenado a una generación de españoles al paro o la pobreza o la emigración y que ha puesto al Estado al borde de la bancarrota. Hay que tener la cara dura.
 
   La ley Wert no es mi ley. Es una ley que sigue aferrada al perfil estatalista, que apenas abre la mano a la libertad de los padres, que permanece demasiado sojuzgada por la secta psicopedagógica que rige la educación en España desde hace más de treinta años, que no devuelve a las Humanidades el lugar que les corresponde y que enmienda muy poco la satrapía autonómica sobre la enseñanza. Rara vez un gobierno con una mayoría tan absoluta ha hecho una ley tan pacata. Pero lo que nos muestran como alternativa no es más que un fantasma cubano-chavista de “enseñantes” ideologizados y murales naïf con la palabra “rebolución”. Con b.
 
   Al final, en esto, como en otras cosas, parece que la disyuntiva que se ofrece a los españoles es, a la derecha, el vacío, y a la izquierda, la barbarie. ¿De verdad no hay manera de salir de aquí?
 
 
 
 
 
 
 


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