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El aborto como un "logro social", por JFT
 
JFT
 
   Hemos leído en el periódico digital “Publico” del triste Sopena un artículo de la ginecóloga, transformada en matarife, Isabel Serrano, que con mucha originalidad lanza un duro ataque a lo que llama “caverna”. La “caverna”,  ya se sabe lo que es, aquellos que se oponen al aborto. Esta señora, al igual que toda la progresía abortista, echa la culpa de esa campaña “pro vida” a la Jerarquía Católica, “compuesta por hombres”, ignorando que no es la Jerarquía Católica quien dicta las normas o se opone al aborto sino, además de la Naturaleza y la más elemental moral, toda la sociedad católica compuesta, en ligera mayoría, por mujeres.  
 
   Hace años se consideraba progresista la lucha del trabajador para conseguir una situación económica y laboral digna, que falta hacía; hoy, con el paro como losa sobre el empleo, parece que carece de interés este tema, y como nuevos mascarones de proa del barco “progre” tenemos el “derecho” al aborto, además de eso que llaman “colectivo gay” y sus consecuencias, que es también otra carga de profundidad contra la sociedad cuyo fundamento es la familia. 
 
   Se empeñan en limitar la lucha contra el crimen del aborto al campo religioso, cuando es un crimen, no porque lo diga ésta o aquella comunidad religiosa, sino porque lo es en sí. Una violación, un crimen de esos que llaman de “género”, un “alunizaje”… son crímenes en sí mismo, sin que lo sean porque las leyes lo prohíban. ¿Es que antes de que se haga la ley se puede violar, matar o “alunizar” impunemente?   Se ha escrito que Dios perdona siempre, el hombre a veces, la Naturaleza jamás…, y en el crimen del aborto, al igual que en la legalización de las aberraciones maricas, la Naturaleza pasa factura. La sociedad se corrompe, la demografía cae a plomo, sin la base de la familia que absurdamente califican de “tradicional”  (¿es que hay otra?), la invasión islámica no encuentra barrera para imponerse a la corrupta sociedad occidental…   
 
   Una de las frases más repetidas es que “somos dueños de nuestro cuerpo”. Dígaselo al guardia civil de tráfico que nos pone una multa por no llevar el cinturón de seguridad.. “Señor guardia, me dicen que soy dueño de mi cuerpo, pues a mi no me importa dejarme los sesos en el parabrisas” Posiblemente el guardia aumentará la multa por falta de respeto del multado. 
 
   Hace años, un amigo llevaba en su bicicleta a su nieta montada cómodamente en un sillín especial para niños, como los que llevan miles de ciclistas, por ejemplo, en Holanda. Un municipal, celoso vigilante de calles, le dijo que podría matar a la niña si tuviera un accidente. Le dijo mi amigo que hay a quien no le importa matar a los niños antes de nacer, y que a él no le importa matarlos una vez nacidos. Tuvo suerte porque el guardia debió de pensar que era un individuo peligroso, de mente perturbada, y le dejó marchar. 
 
   Otros partidarios del aborto dicen que el no nacido depende de la madre, y que si molesta puede eliminarlo sin ningún reparo, ella es la única con derecho a decidir. Hay quien tiene en casa a un anciano decrépito, al que hay que hacerle todo, desde lavarle, limpiarle, darle de comer en la boca…, porque está en estado digamos que terminal a plazos. Individuo que depende de alguien para el que es una carga muy molesta. Pues se le mata, como si fuera un feto molesto, y en paz. ¿En paz…?  
 
   La hipocresía en el tema del aborto del PP y de otros partidos de la llamada derecha, es vergonzosa. Porque ayuntamientos regidos por el PP subvencionan clínicas abortistas, al igual que alcaldes del PP “casan” a parejas de maricas. Y decimos “maricas” y no “gays” porque nuestros parcos conocimientos del idioma inglés nos permiten traducir algunas palabras. 
   
   Y ya que también entramos en este triste campo “gay”, si hace medio siglo nos hubieran dicho que esta tropa (colectivo…) iba a tener un poder tan absoluto en la sociedad, no lo hubiéramos creído. Sus votos soportan a partidos, que los miman, porque el inframundo “gay” son votos, y  ya es también un negocio hasta en el turismo, en la hostelería, en la moda…   El brutal hedonismo entre la juventud, bien apoyado por sectores que ganan millones con ella, ha provocado una epidemia de embarazos que en una gran parte acaba en los ”mataderos abortistas”.
 
   Una sociedad sin moral está al borde de todo precipicio. En vez de inculcar en una juventud vendida al consumismo los más  elementales principios religiosos, se les dice, porque es rentable para ese consumismo, que todo lo que me gusta es lícito. Es lícito practicar el sexo nunca mejor dicho a “calzón caído”, y hasta hay leyes que ponen edades, creo que a los 12 ó 13 años, para lo cual hay instituciones que explican (legalmente…) a chavales de esa edad, posturas y formas para disfrutar mejor con parejitas del mismo o distinto sexo. 
 
   Y cuando alguna asociación se manifiesta en ayuda y apoyo de esas jóvenes embarazadas, se oye una risotada.  
 
   Es la risa de Satán.
 
 
 


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