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El liberalismo imposible
 
 
 
José Manuel Cansino
Profesor Titular de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla 
 
 
 
 
 
   Pocos dudan del inminente cambio en el panorama político español con la entrada en el arco parlamentario de nuevos partidos. Se dibuja un panorama que acabará con el bipartidismo diseñado por los hacedores de la Transición y que con el argumento de la ‘estabilidad’ apoyaron a dos grandes bloques a izquierda y derecha del centro.
 
   No nos ocupamos en estos artículos de asuntos políticos sino económicos aunque con frecuencia unos y otros se solapen. Así ocurre con los programas económicos de las opciones políticas; también de las nuevas. El programa económico es algo en lo que necesariamente se han de diferenciar unos de otros aunque a veces las diferencias tales lo sean más de pose que de fondo.
 
   En este sentido, mientras que UPyD y Ciudadanos se han posicionado abiertamente en defensa del estado del bienestar y de la consecuente intervención pública que conlleva su gestión y financiación, VOX ha reivindicado para sí un discurso abiertamente liberal frente al programa político socialdemócrata que atribuye también al partido en el gobierno.
 
   El término liberal en la política española tiene un significado muy diferente al que tiene en la mayoría de países occidentales. Las raíces más importantes de esa muy diferente forma de entender lo ‘liberal’ hay que buscarlas en la política española de finales del siglo XIX. De ahí en adelante, mientras que ser liberal en lo político y en España suele entenderse en términos de anticlericarismo, ser liberal en la mayor parte de países se entiende desde el compromiso político con el liberalismo económico, la intervención mínima del Estado en la vida económica y el tamaño también mínimo del Estado del Bienestar. El encendido debate sobre el programa de reforma sanitaria del Presidente Obama probablemente sea el mejor y más actual exponente de estas dos formas de entender el papel del Estado.
 
   Aclarado necesariamente lo anterior, ¿qué posibilidades de respaldo social tiene un discurso liberal en lo económico?Charles Wolf (jr) en su célebre “Mercados o gobiernos: Elegir entre alternativas imperfectas” (Instituto de Estudios Fiscales, 1995), expuso oportunamente que la sociedad occidental ha asumido como ‘suyo’ buena parte del conjunto de prestaciones del Estado del bienestar. En otras palabras, se considera como casi un derecho fundamental de la persona acceder a prestaciones públicas y gratuitas como la sanidad, la educación, la prestación por desempleo o el sistema de pensiones. Ninguna de estas prestaciones las asumían los estados a comienzos del siglo XX.En menos de un siglo, las sociedades occidentales han dado por hecho que el conjunto de prestaciones que el Estado del Bienestar garantiza es algo intocable. Se pueden discutir aspectos no poco importantes del sistema, por ejemplo una educación pública financiada por cheque escolar o a través de un sistema de centros concertados, pero la sociedad mayoritariamente rechaza el desmantelamiento de la educación pública incluso a cambio de menos impuestos que permitan pagar y elegir educación privada.
 
   Hay otra forma de argumentar el discurso liberal; a través de la reivindicación de la desregulación de los mercados y/o de la privatización de empresas públicas con el argumento de que la gestión privada es más eficiente.
 
   Si este es el discurso que se desarrolla habrá que tener en cuenta un par de cuestiones. En primer lugar, la desregulación del sistema financiero en EEUU se tradujo en la derogación en 1999 de la Ley Glass-Steagall sobre el argumento de la Teoría del funcionamiento eficiente de los Mercados de Capitales y de la Teoría de las Expectativas Racionales. Esa desregulación nos ha llevado a que el sector público –vía deuda pública y Banco Central Europeofundamentalmente- tenga que inyectar el 15 % del PIB español para rescatar a buena parte de la banca y así garantizar los depósitos de los ahorradores españoles ¿El planteamiento liberal supone también renunciar a un prestamista de última instancia como el BCE?
 
   La otra cuestión a considerar –la recomendación liberal de privatizar las empresas públicas- lo resume bien el caso de ENDESA; una empresa originariamente pública que se privatiza para que acabe comprándola otra empresa semipública –ENEL-, extranjera (italiana) y cobrando por la electricidad hoy un 80 % más que hace diez años. Probablemente sea el momento de reivindicar una mayor presencia pública en determinados sectores industriales estratégicos como, de hecho, ocurre en buena parte de países desarrollados.
 
   Algo bien diferente es entender el discurso liberal como la desregulación y simplificación administrativa nacida de una recentralización del Estado que acabe con muchas duplicidades y triplicidades de competencias. En este discurso se asemejan los programas políticos de UPyD, VOX y otras opciones políticas de menor respaldo. Pero téngase en cuenta que en este caso la rebaja de impuestos y el repliegue del Estado se haría por la vía del adelgazamiento de la administración pero no por la reducción de las prestaciones básicas en un país que, no lo olvidemos, sigue sin alejarse mucho de los seis millones de parados.
 
 
 
 


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