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El manguerazo de Draghi
 
 
 
 
José Manuel Cansino
 
 
   Las grandes economías no pueden funcionan sin el combustible del crédito. El colapso financiero del que aún no hemos salido lo ha dejado bien a las claras. Pedimos dinero prestado para puentear una falta de liquidez que prevemos transitoria o pedimos prestado para financiar una inversión con la expectativa de que el negocio marche, devolvamos el dinero, los intereses y, además, nos sobre. En mitad de esta operación aparentemente sencilla está el sistema financiero de la economía; un sistema que debe hacer circular el ahorro desde quienes tienen de sobra hacia quienes están falto de él.
 
   Cuando el crédito no fluye las economías se colapsan como quien se deshidrata en mitad de un tórrido verano sin líquido que llevarse al gaznate.
 
   Pues bien en un nuevo intento de conseguir que el dinero llegue a los particulares y a las empresas con razonable capacidad de devolverlo, el Banco Central Europeo (BCE) por boca de su presidente, Mario Draghi, acaba de anunciar tres decisiones en las que se han vuelto a depositar muchas expectativas para salir de la crisis que, con los datos de EUROSTAT en la mano, sigue abrazando a la mayoría de economías europeas.
 
   La primera medida ha consistido en reducir de los tipos de interés de referencia hasta el 0,15 % y situar los tipos a los que remunera los depósitos que los bancos de la región mantienen en el BCE en negativo. Con esto se pretende que los bancos se piensen muy mucho lo de pedir prestado al BCE “por si acaso” lo necesitan pero sin que esos préstamos acaben llegando a la economía real en forma de préstamos a consumidores y empresas. Hasta ahora los bancos del sistema bancario europeo a través de un mecanismo denominado “Facilidad permanente” podían pedir prestado al BCE, dejar el dinero depositado en el propio BCE sin “tocarlo” y además recibir remuneración por ese depósito como cualquier ahorrador por el suyo. A partir de ahora la remuneración de estos fondos será negativa por lo que los bancos se deben pensar mucho lo de pedir prestado dinero que luego no llegue a la economía real.
 
   La segunda medida ha sido el anuncio de realizar dos subastas de crédito (dos ofertas masivas de préstamos a los bancos europeos) a realizar una en septiembre y otra en diciembre de este año. La cantidad que se va a ofrecer a un precio absolutamente mínimo alcanza los 400.000 millones de euros y además conlleva la prohibición expresa de que los bancos no pueden usar esos préstamos para comprar deuda pública. Tampoco para créditos hipotecarios. Desde 2008 esta práctica ha sido harto frecuente. Los Estados para financiar sus déficits galopantes se han visto obligados a emitir masivamente deuda pública que la adquirían los bancos con el dinero que les prestaba el BCE. Así, los bancos han hecho operaciones rentables y muy seguras atrapando unos créditos que no llegaban al bolsillo de los consumidores. Naturalmente hay un objetivo básico que justifica este nuevo “manguerazo” de crédito y es el temor a que los precios caigan sostenidamente en Europa editando un proceso deflacionista que desincentiva cualquier inversión empresarial; es difícil pensar en invertir para fabricar productos cuyo precio se espera que baje.
 
   Por último, el BCE ha vuelto a anunciar –ya lo hizo también en 2012- que de ser necesario, pondría en marcha un programa de compra de valores respaldados por activos (ABS, acrónimo de Asset Backet Securities). Estas son las denominadas ‘operaciones heterodoxas’ y consisten en comprar al sistema bancario con dinero emitido por el propio BCE activos tóxicos por un precio muy ventajoso para el banco si se compara con su valor real. De esta forma, los bancos sacarían de sus activos unos valores computados a un precio ficticiamente elevado y recibirían a cambio una inyección de liquidez que debería fluir a la economía real en forma de créditos y préstamos a los consumidores y empresas. Pocos recuerdan que este tipo de medidas han provocado fuertes enfrentamientos en el seno del BCE. Por estar en desacuerdo, en septiembre de 2011 dimitió el economista jefe del BCE, el alemán Jürgen Stark, cuando todavía presidía la institución Jean Claude Trichet.
 
   De todos los peligros que ahora están en mente de los economistas influyentes en Europa sobresale el miedo a la deflación. Las medidas anunciadas por el BCE recuerdan al metafórico recurso que utilizó el Premio Nobel Milton Friedman al referirse al «helicopter drop» o lanzamiento de dólares desde un helicóptero para neutralizar los peligros asociados a una hipotética deflación o bajada general de precios, provocada por una dramática caída de la demanda. El manguerazo de Draghi y el posible recurso a las medidas heterodoxas suenan a «helicopter drop».
 
 


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