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El punto 54 del Papa Francisco
 
José Manuel Cansino
La Razón
 
 
 
   Precedido por una gran aceptación mediática, recientemente el Papa Francisco ha tenido oportunidad de estrenarse con su primer documento doctrinal. Lo ha hecho en la denominada exhortación apostólica EVANGELII GAUDIUM publicada el 26 de Noviembre.
 
   El documento tiene un elevado contenido económico que motiva su comentario en esta tribuna. Además ha dado pie a una breve pero cualificada polémica por un aspecto novedoso que incorpora.Efectivamente en su punto 54 el Santo Padre ha escrito “algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo”.
 
   La “teoría del derrame” ha sido la traducción al español elegida por el Vaticano para la originariamente denominada en EE.UU. “trickle-down theory”. En virtud de esta teoría las rebajas de impuestos provocan un efecto positivo sobre la economía y no sólo sobre los más ricos (que son los principales beneficiarios), sino sobre el conjunto de la sociedad provocando así un efecto inclusivo de los más pobres.
 
   La novedad del documento del Sumo Pontífice estriba en que la Iglesia no acostumbra a pronunciarse sobre las soluciones técnicas concretas que la Ciencia Económica aporta. Probablemente sea la mejor forma de no equivocarse vista la frecuencia con la que esta Ciencia yerra.
 
   El ejemplo más reciente de este habitual no pronunciamiento sobre la oportunidad de recetas económicas concretas se encuentra en la Encíclica Cáritas in Veritate de su predecesor Benedicto XVI. El Papa emérito escribió “La Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende «de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados»”. Estas afirmaciones las sostenía sobre cuatro documentos pontificales de primer orden, la Constitución pastoral Gaudium et spes (1965), la Encíclica  Populorum progressio, de Pablo VI (1967), la Carta apostolica Octogesima adveniens también de Pablo VI (1971), y la Encíclica Centesimus annus de Juan Pablo II (1991).
 
   Sin embargo, en esta ocasión, el Papa Francisco ha hablado de la “Teoría del Derrame” afirmando que “jamás ha sido confirmada por los hechos” y que “expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante”.
 
   Probablemente por esa opinión sobre la Teoría del Derrame, algunos Economistas Académicos habitualmente ajenos a la valoración de los documentos Morales, han expresado su opinión. Una de las que mayor eco ha tenido a pesar de su brevedad ha sido la del Director del Departamento de Economía de la Universidad de Harvard, Greg Mankiw. Lo ha hecho en forma de breve comentario o ‘post’ en su blog con tres observaciones a este punto 54 de la Exhortación Apostólica.
 
   El primer comentario es de tipo académico (una defensa del libre mercado como determinante del desarrollo y de una sociedad más moral). El tercero es de carácter irónico (dice que le hubiese gustado leer la valoración de la Papa de las exenciones fiscales de la Iglesia). El segundo es de carácter político.Esta segunda observación del profesor Mankiw radica en el hecho de que la “teoría del derrame” (“trikled-down theory”) es una manera peyorativa en la que la izquierda estadounidense se refiere a la misma. De hecho, su acuñación se atribuye al humorista Will Rogers en la etapa de la Gran Depresión iniciada con el crack de 1929. Se volvió a utilizar para descalificar la política económica de los gobiernos de Ronald Reagan (la “Reaganomics”). Por todo ello, Mankiw sostiene que los documentos papales deben propiciar debates rigurosos y no contaminados por términos peyorativos.
 
   Sea como fuere, hay que reconocer al menos dos interesantes resultados de este primer documento teologal que el Papa Francisco rubrica. El primero que el Papa haya descendido al arriesgado terreno de la técnica desde la Teología, lo que -como se ha visto- no es algo precisamente cómodo en una Ciencia tan viscosa como la Económica. El segundo es que los Economistas -principalmente los académicos- no se hayan mostrado indiferentes ante un documento que sin forzar las cosas puede sumarse a la Doctrina Social de la Iglesia. Cuando Ética y Economía dejan de ser disciplinas autistas, las personas salimos ganando.
 
 
 


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