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El retorno de los dinosaurios
 
 Javier Pérez Pellón
 
   Steven Spielberg, el “Rey Midas” de Hollywood, tal y como se le denomina en la capital mundial del cine por los colosales triunfos de público, taquilla y crítica y que a sus sesenta y un años está considerado, al día de hoy, como uno de los hombres más influyentes de Los Estados Unidos, coproduce y dirige en 1993 “Jurassic Park” (“El Parque Juriásico”) basado en la novela del mismo nombre de Michael Crichton. Es el mismo año que también dirige, en blanco y negro, con la forma narrativa de un ducodrama, “La lista de Schindler” con la que conseguiría el Oscar a la mejor direcci?ón y que es un alegato contra el racismo y la intolerancia que él mismo sufrió en su propia piel cuando de niño y de adolescente tuvo que sufrir las vejaciones de una obtusa sociedad de provincias por su condicción de judío, primero en New Jersey y después en Saratoga (California). “Han sido los momentos más tristes de mi vida”, declararía muchos más tarde en una entrevista publicada en el diario italiano “Il Corriere  dalla Sera”.
 
   “Jurassic Park” es una fábula fantástica y un gran espectáculo cinematográfico sobre el que se puede reflexionar. Un paleontólogo, una paleobotánica y un matemático experto en la Teoría del caos son invitados a visitar un parque temático habitado por dinosaurios recreados artificialmente, – a imagen y semejanza de sus  antepasados que existieron en  los albores de la vida sobre la Tierra – , a través de una serie de experimentos de ingeniería genética. Al cabo de un sin fin de vicisitudes, entre ellas la de un sabotaje de los elementos eléctricos de seguridad, los dinosaurios escapan de sus recintos y producen toda clases de desastres, haciéndose, al final dueños de la isla, que los gionistas situan en aguas territoriales de Costa Rica donde está ubicado el Parque.
 
   “Dios crea los Dinosaurios. Dios destruye los Dinosaurios. Dios crea al Hombre. El Hombre destruye  a Dios. El Hombre crea los Dinosaurios”.
 
   El corolario es que “no se puede controlar la vida. La vida se abre camino irremediablemente”.
 
   Si Steven Spielberg se decidiera a producir y dirigir un film que tuviera como fondo la política, en especial la desarrollada en países como Italia o España, le podríamos brindar un título: “El retorno de los Dinosaurios”.
 
   Comencemos ejemplarizándolo con el caso de Italia, cuya política debería ser explicada más por un equipo médico de geriatras que por un grupo de profesores de Derecho Público.
 
   El Jefe del Estado, presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, es un venerable anciano de 87 años que nació en Nápoles el 29 de junio de 1925 y se dedica a la política desde los primeros años de la década de los 40, en plena era del régimen de Benito Mussolini, y de cuando comenzaba sus estudios de Derecho en la Universidad Federico II de Nápoles y formara parte activa del GUF, grupo universitario fascista.
 
   Al término de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, con la derrota de la Italia aliada de Alemania, el joven fascista Napolitano cambia precipitadamente de idea y se inscribe en el Partido Comunista Italiano, del cual ya no se separará nunca. Dentro del viejo P.C.I  va escalando puestos, siempre de mayor responsabilidad, hasta que en 1953 es elegido miembro de la Cámara de Diputados, elección que se repite en sucesivas legislaturas hasta 1996.
 
   Comunista al viejo estilo defiende a la Unión Soviética durante la invasión rusa de Hungría de 1956, llegando a declarar que  “la intervención soviética no sólo ha contribuído a impedir que Hungría cayera en el caos y en la contrarevolución, sino, también, a conciliar la paz en el mundo”. En 1992 es elegido Presidente de la Cámara de Diputados, en el 2005 es nombrado senador vitalicio y el 10 de mayo del 2006 es elegido presidente de la República. Primer presidente comunista en la historia de la República, ha tenido un gran protagonismo político en estos dos últimos años y sobre todo su intervención ha sido decisiva en la elección de Mario Monti como presidente del Consejo de Ministros, o sea jefe de gobierno. Y se ha comportado como un viejo “dinosaurio” del “Jurassic Park” dónde yacen los que restan del prácticamente extinguido Partido Comunista Italiano.
 
   Dinosaurio por excelencia de la política italiana, especimen, cada día que pasa es más parecido a los que describe Spielberg originados por un procedimiento de ingeniería genética, con sus asombrosos maquillajes de bailarina de cabaret años 20, – asemeja a  un anuncio en cartón piedra de L’Oreal – , con sus repetidas operaciones estéticas, con sus estiradas del pellejo que ha llegado hasta los ojos reciclándoles en una mirada oblicua, con el tinte de sus medios pelos injertados, más parecido a una momia, como la de Lenín, por ejemplo, que a un ser vivo y coleando, Silvio Berlusconi, a sus setenta y seis años, vuelve a descender al campo de la política activa.
 
   Llamado “Il Cavaliere” en razón a su nombramiento, en 1977, como “Caballero del Trabajo”, cuya concesión es de competencia de la presidencia de la República, ha iniciado su actividad empresarial en el campo de la construcción. En 1975 funda la sociedad financiera “Fininvest” y en 1993 la sociedad de producción multimedial “Mediaset”.
 
   En octubre de 1993 lanza el Movimiento político de centro-derecha “Forza Italia” que el 2008 confluirá con “El Pueblo de la Libertad”. Elegido diputado en marzo de 1994 en la XII legislatura lo vuelve a ser en lla XV y en la XVI. Según la revista americana “Forbes” con un patrimonio personal de cerca seis mil millones de dólates es el sexto hombre más rico de Italia y ocupa el n. 169, de entre entre los más ricos del mundo.
 
   A este viejo Dinosaurio Silvio, le gustan los juegos picantes con jovenzuelas “dinosaurias” en guateques llamados “bunga, bunga” y como tiene mucha pasta suelen estar muy concurridos.
 
   Silvio Berlusconi ha sido acusado en veinte procesos judiciales, alguno de ellos por el “bunga, bunga”, pero ninguno de cuales, hasta este momento, ha concluído con una sentencia de condena definitiva.
 
   Dinosaurios son la mayoría de los diputados, diputadas y senadores, senadoras y presentadoras de televisión, ya abuelas dinosaurias desde hace varios años. Son muchos los que entre los diputados tienen ambiciones políticas de gobierno, aunque sean de edades entre los cincuenta y cinco y los setenta años. Es toda una legión que pisa con su andar cansino y uniformado los pasillos, estrados y salas del Parlamento, con sus declaraciones de “tenemos que hacer”, pero nunca lo hacen,  desde hace veinte, treinta o cuarenta años ¡Imagínense a estos dinosaurios acostándose con la política!
 
   El parlamentario italiano es un tipo de dinosaurio que con la política tiene una relación, podríamos decir matrimonial. Aunque haya, muy raramente, alguna que otra apostasía, son fieles a los dictados del Derecho Canónico: “Hasta que la muerte nos separe”.
 
   Y en esto las ideologías no cuentan. Los comunistas, ahora ex-comunistas, Pier Luigi Bersani, posible futuro “premier” o Massimo D’Alema o Piero Fassino se acomunan con los centristas y derechistas como Gianfranco Fini o Pierferdinando Casini, todos con pasados de ministros, presidentes de la Cámara de Diputados…Y se confiesan, con sus ejemplos de conducta, como humildes hijos de la doctrina cristiana que cree, a pies juntillas, en la indisolubilidad del matrimonio. Es posible que los Dinoraurios que poblaron la Tierra hace centenares de miles de años fueran monógamos.
 
   ¡Gracias Felipe! Así le gritaban enardecidos sus viejos compis cuando el Dilofosaurio sociata entraba triunfante en el Palacio de Congresos de Madrid el pasado día 12 de este mes de diciembre del 2012. Para distinguirle de otros tipos de dinosauros del partido, el Dilofosauro (Dilophosaurus wetherilli) fue uno de los primeros carnívoros en aparecer sobre nuestro planeta (y sobre la España que siguió a la muerte de Franco). Su cabeza era muy grande respecto al cuerpo y al cuello. Era muy ágil y se movía corriendo (en la política juriásica bética) sobre las patas posteriores y los pies parecidos a los de los actuales pájaros. Poseía una extraña cresta ósea sobre su cabeza. No practicaba la caza mayor (según dictaban las normas de la internacional socialista) y se nutría de pequeños dinosauros herbívoros (los millones de ingenuos de nuestros conciudadanos que le votaron).
 
   ¡Gracias dilofosauro Felipe! ¡Gracias castizo! ¿pero de qué?  Porque en la multitudinaria concentración que celebraba el trigésimo aniversario de cuando llegaste, por primera vez, al Palacio de la Moncloa, y según las notas de las agencias de prensa, no hubo lugar para reproches ni autocríticas. No se habló, para nada, de los casos de corrupción flagrante durante tu presidencia del ejecutivo (el régimen más corrupto que ha tenido Celtiberia desde los tiempos del Duque de Lerma…“para no morir ahorcado el mayor ladrón de España se vistió de colorado”). Ni tampoco se habló del GAL. Y además eres un farolero, vamos un mentiroso, un graciosillo. El decir que los sociatas, contigo a la cabeza, pusieron las bases para el Estado de Bienestar, con “la extensión de la sanidad y de la educación pública” es una mentira más gorda que una modelo de Botero. Supongo que cuando estudiabas Derecho en la Universidad de Sevilla (¿te acuerdas de cuándo militabas en el Frente de Juventudes?) te tomarías la molestia de leer el preámbulo, – firmado por José Antonio Primo de Rivera – , de la Ley de Enseñanza Universitaria…“No se puede puede perder ningún talento por falta de recursos económicos…”.¡Oiga! que esa kermesse le habrá costado un montón de euros que, naturalmente, habrá pagado el partido al que, a su vez, cooperamos con su mantenimiento los españoles que pagamos los impuestos y a los nos rebajan o congelan las pensiones, que no debemos ser muchos, – según un chivatazo de algún Banco suizo cuyos resultados ha publicado, recientemente, el “New York Times”, con nombres, peros y señales donde se esconden los grandes capitalistas españoles evasores-estafadores–delincuentes.
 
   ¡Qué no señor Felipe! ¡Qué usted miente aún cuando respira!
 
   Si el Tyrannosaurius rex, ya sabe, el general Franco, levantara la cabeza le molería las posaderas a base de manporrazos con su caña de pescar salmones. Y eso por mentiroso ¡so necio! Y para que sepa un poco más y esté atento a las consecuencias, el Tyrannosaurius rex era pequeño pero inusitadamente poderoso para su tamaño que terminaba en dos dedos con garras  que le hacían sumamente peligroso hasta ser considerado uno de los mayores depredadores de la Tierra. El debate de si el Tyrannosaurius rex fuera un depredador dominante o un carroñero es uno de los más largos en la historia de la palenontología.
 
   Y vamos con la historia. Cuando aún sonaban las bombas de la Guerra Civil, el general Franco, en 1938, seguro de su victoria, formó su primer gobierno y el 9 de marzo de ese mismo año dictaba la Ley del Fuero del Trabajo, en beneficio de los trabajadores. En base a esta ley fundamental, se aprueban las siguientes leyes:
 
1 de septiembre de 1939, Ley del Subsidio familiar.
 23 de septiembre de 1939, Ley de subsidio de vejez.
13 de julio de 1940, Ley de Descanso dominical y días festivos.
25 de noviembre de 1942, Ley de Patrimonios familiares.
14 de diciembre de 1942, Seguro Obligatorio de enfermedad. Para dar cobertura a esta Ley se construyó una red hospitalaria, dependiente de la Seguridad Social:
 
292 Residencias hospitalarias
500 Ambulatorios
425 Consultorios
96 Residencias concertadas.
 
26 de enero de 1944, Contrato de Trabajo, vacaciones retribuídas, maternidad para las mujeres trabajadoras y garantías sindicales.
 19 de noviembre de 1944, Paga extraordinaria de Navidad.
18 de julio de 1947, Paga extraaordinaria 18 de julio
 14 de junio de 1950, Reforma del I.N.P (Instituto Nacional de Previsión)  para una mejor cobertura en la acción protectora.
22 de junio de 1956, Accidentes de Trabajo2
4 de abril de 1958, Convenios colectivos.
23 de abril de 1959, Mutualidad Agraria, en la que se encuadran 2.300.000 trabajadores  del campo, por cuenta ajena y propia.
2 de abril de 1961, Seguro de Desempleo.
14 de junio de 1962, Ayuda a la ancianidad.
28 de diciembre de 1963, Ley de Bases de la Seguridad Social.31 de mayo de 1966, Régimen Especial Agrario.
2 de octubre de 1969, Ordenanza General del Campo donde se establece la jornada laboral de 8 horas.
20 de agosto de 1970, Mutualidad de Autónomos agrícolas.
23 de diciembre de 1970, Ley de Empleo Comunitario.
 
   Una vez visto lo que antecede, nos preguntamos: ¿Si se  pudieron hacer tantas mejoras sociales, con muchísima menos riqueza, cómo es que ahora, para poder subsistir sin que nos intervengan, que, al fin lo harán, se han de recortar mejoras sociales conquistadas hace mucho antes de la llegada de esta ficticia democracia?
 
   Sólo hay una palabra: Corrupción. Vosotros los dinosaurios que nos estais amenazando con vuestro retorno, sois unos corruptos incorregibles y envilecidos.
 
   Si, sociata Felipe, esta es la Historia a la que usted pertenece, al igual que los ya disecados aznarines y “ancient regime”, los Rajoy, los Rubalcabas…de izquierda, derecha y centro, y la Botellita regidora de los madriles, y mis dos paisanas pucelanas, las dos Sorayitas, la mala pepera y la peor sociata, mamoncillas dinosaurias con énfasis de hacerse valer en el “Jurassic Park” que cubre toda la península española e islas de su pertenencia, incluidos los  macarras y chorizos dinosaurios de Jordi Pujol, Mas y compañía varia y despreciable de lo más cursi que ha parido la historia de la juriásica Cataluña.
 
   Y si antes no vuelvo con ustedes, los que presumo escasos lectores, desde el “Juriassic Park” italiano, el pensionista que firma estas líneas, les desea unas ¡¡Muy Felices Navidades!!
 
   Corro a poner el Belén  y a escuchar las notas del “Stille Nacht, Heilige Nacht…”, en una campana que desde hace cuarenta y cuatro años, desde que la compré en Viena, por estas fechas, en 1968, nos siguen acompañando con su nostálgica melodía hasta la fiesta de la Epifanía.
 
 
 


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