Actualidad
 
 
 
El triunfo de la cobardía
 
 
 
 
Von Thíes
 
 
   Bueno, triunfo de la cobardía, de la traición y de la venganza de los derrotados, dicho así con palabras suaves. Y que conste que vamos a ser muy duros, sin que nos afecte ni quite el sueño el que algunos se sientan señalados. Pueden defenderse…  
   
   El 24 de mayo del año 2009, aprovechando que al jefe de la Redacción del IMPLACABLE lo metían en el quirófano para extirparle algo de intestino que estaba tan dañado como la dignidad de España, se celebró un vergonzoso festival, un akelarre indigno, hasta con banda militar y todo tocando marchetas y fanfarrias. Se celebraba, nada me-nos, que la infamia del cierre de uno de los mejores museos militares de Cataluña, de España y del mundo, caso que sólo se puede dar en la España llamada, nadie sabe por qué, “democrática”.  
 
   La desaparición del Museo Militar de Montjuich era la de una muerte anunciada. En Barcelona sabíamos lo que pasaba y lo que iba a pasar, lo gritábamos inútilmente para que en Madrid se dieran cuenta de lo que iba a ocurrir, no sólo a los ministerios civiles y militares que tuvieran que ver con los museos, sino a “Mandos” y a nuestros propios compañeros que dirigían revistas o publicaciones militares. Sólo MILITARES (de AME), revista no oficial ni subvencionada de veteranos, tomó el tema del museo como propio, pero, salvo raras excepciones (comentarios en “Tierra, Mar y Aire”), sólo unas pocas docenas de patriotas, militares y paisanos, nos “mojamos” pidiendo que se paralizara esta condena que, al parecer, en “Madrid” importaba muy poco. No podemos olvidar a una marginada asociación de “Amigos del Castillo de Montjuich”, que se opuso a esta decisión de cierre, incluso con la dignidad de no asistir al festival de entrega del Museo a sus enemigos, organización a la que los catalanistas hacían tanto caso como nosotros a las quejas de indios mescaleros. Lógicamente EL PAIS, LA VANGUARDIA, EL PERIODICO y otra prensa del auténtico carril alabaron la decisión sin una queja ni una crítica. Nada. Incluso el reptante ABC da la noticia así: “Barcelona recupera (sic) el Castillo de Montjuic pero sacrifica su Museo Militar”. Y en el vergonzoso texto nos recuerda el fusilamiento de Companys, pero no los centenares de patriotas asesinados en sus fosos bajo la mirada bobina de aquel triste Presidente de la Generalidad.  
 
   Decir que a todo el mundo le importaba poco no es exacto, porque poco es algo, en realidad no les importaba nada. La Dirección de Cultura Militar pasaba de largo, miraba para otro lado, considerando quizá que era algo local y sin mayor importancia a nivel nacional.    
 
   Es este un tema del que ya hemos hablado largamente, así que ahorramos detalles e historias ya conocidas, sólo vamos a rendir un merecido homenaje al penúltimo Director del Museo, el coronel Montesino Espartero que consiguió, pocos años antes de que este museo fuera asesinado, uno de los mejores centros culturales de Cataluña, de los más visitados, creando la “Cátedra General Prim” por donde pasaron intelectuales militares y civiles dando conferencias que ya sólo están en el recuerdo, mejorando las salas o restaurando la estatua de Franco. Cuando fue sustituido por decisión propia, al dimitir de un cargo en total desacuerdo con las órdenes que venían de la Superioridad, el sucesor o sucesores se lanzaron a los pies de los catalanistas, pacifistas, antimilitaristas y demás categorías de estupidez y malicia, para poder entregar inerme aquella joya. Esperemos que en sus Hojas de Servicio figure en lugar de honor tal mérito. Hoy al castillo de Montjuich es un caserón vacío, de tarde en tarde nos sorprende con alguna exposición itinerante y sectaria, como una breve exposición de fotos sobre la “fosas franquistas”… en Burgos… Ni la Dirección del Castillo, que indudablemente tiene poco trabajo ni la presunta Área de Cultura de la Generalidad tienen ningún proyecto sobre este noble monumento. Todas las excusas que dieron sobre montar un Museo de la Paz, en el que involucraban a Defensa (“El desmantelamiento del museo se considera un paso necesario para adecuar parte de la fortaleza como sede del Centro Internacional por la Paz, donde profesionales civiles y militares llevarán a cabo estudios”), al igual que otras falacias quedaron en agua de borrajas. La mentira como arma política es el primer mandamiento del sistema.  
   
   Un milagro salvó a la excelente Biblioteca, cuyos libros, que al parecer molestaban al sucesor del coronel Montesino, fueron enviados al cuartel del Bruch, de forma que al cerrarse el museo ya estaban a salvo de los inquisidores incendiarios “kulturales” y antimilitaristas. A lo mejor los hubieran vendido al peso…  
   
   Han pasado cinco años y tres meses, nadie recuerda ya aquel inaudito fin de un museo, pero nosotros sí, y lanzamos a la cara de los culpables, por acción u omisión, la vergüenza de una acción indigna contra el Ejército, contra España y contra la propia cultura. Y si se atreven, pueden y tienen ganas, que se defiendan y justifiquen de alguna forma aquella vileza. Les esperamos.
 
 
 
 
 


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