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En la batalla del Ebro, qué paliza os han dado
 
 
Salvador Sostres
ABC 
 
 
 
   Los habitantes de Tortosa han decidido en referendo, 70 a 30, no retirar el monumento franquista que conmemora la victoria en la Batalla del Ebro. La participación ha sido del 29%, en una demostración más de lo poco que importan estos asuntos al común de los mortales.
 
   Las más distinguidas personalidades del independentismo, entre las que destaca el presidente de Òmnium Cultural, señor Jordi Cuixart, habían rechazado la posibilidad de que tal referendo se celebrara, porque no cabe ni preguntar sobre algo cuando es intrínsecamente malo, apoyándose en el argumento de calidad del consenso que existe en Europa contra dictaduras como el franquismo.
 
   El señor Jordi Cuixart, cuyo voluntarismo es innegable, tendría que revisar sus libros de Historia para darse cuenta y comprobar que el amplísimo consenso que existía en los Estados Unidos y en Europa sobre Franco no sólo no fue negativo sino que fue de un total entusiasmo, aunque sólo fuera para evitar que tanto Cataluña como el conjunto de España cayeran en manos de agitadores antisistema como los de la CUP, de los que ahora todo depende en Cataluña. Tal vez si el señor presidente de Òmnium mejorara su cultura general, en lugar de inventarse a su conveniencia la Historia, podría aportar ideas más interesantes de las que han inspirado hasta ahora este proceso independentista que, como mínimo planteado de este modo, tiene el único destino de fracasar.
 
   Pero es que si, además, el señor Cuixart cree que el argumento para celebrar o no celebrar referendos es el rechazo o preferencia que pueda expresar Europa sobre ellos, tendría que ser coherente y retirar inmediatamente su voluntad de organizar un referendo sobre la independencia de Cataluña, porque sobre pocas cosas ha expresado la Unión Europea un rechazo tan claro y unánime como sobre este particular.En cualquier caso, si el argumento de los independentistas es que la voluntad de la gente tiene que pasar por encima de la Ley; tal voluntad tendría que poder pasar también por encima de las supuestas cuentas de un inofensivo dictador fallecido hace más de cuarenta años.
 
   Pero el independentismo, como la izquierda, insisten todavía en intentar ganar la Guerra Civil y en vengarse de la humillación de que Franco se les muriera en la cama. Y es algo que no van a conseguir jamás, ni exhumando cadáveres, ni derribando estatuas, ni reinaugurando pantanos.
 
   En menos de un año, el independentismo ha perdido sus «elecciones plebiscitarias», la cabeza de Mas en manos de los violentos comunistas de la CUP -por no recordar el pragmatismo de Eisenhower-, su enésima guerra contra el fantasma de Franco; y, además, el Madrid ganó la Undécima el sábado.
 
   Parece como que necesitan reconciliarse con la realidad.
 
 


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