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Enredos de faldas, orgullo desmedido y sed de venganza
Laura Martín
 
 
   Hijo segundo en una familia numerosa y leridana; acomodada y propietaria; liberal y con ascendencia noble por parte de madre. Cursó sus estudios en Barcelona: primero el bachillerato en un liceo, después la abogacía en la Facultad de Derecho. En la universidad hizo sus pinitos republicanos y anticlericales, a saber, publicaciones, asociaciones, mítines, actos varios.
 
   Companys ingresa en la Unión Republicana, partido que acabará tres años después tomando matices catalanistas que se irán radicalizando hasta que en 1909 fundan, junto al Centro Nacionalista Republicano, la Unión Federal Nacionalista Republicana. Sorprendentemente abandonará el nacionalismo para unirse al partido en auge del momento, el Partido Reformista, cuyo fundador Melquíades Álvarez fue asesinado por los milicianos al comenzar la guerra, en la cárcel Modelo.
 
   En 1910 casa en primeras nupcias con Mercé Micó, con la que tendrá dos hijos. Aún no tiene condición de letrado y obtiene sustento mediante el ejercicio del periodismo. En 1914, viendo que no va a tener futuro personal en el reformismo, crea su propio partido, el Bloque Republicano Autonomista (después será el Partido Republicano Catalán, o PRC). Otros en el partido alcanzarán algún cargo electo. Él, sin embargo, será derrotado en las urnas. En 1916 recibe por fin el título de abogado, que aprovechará para, un año después, defender a pistoleros y asesinos anarcosindicalistas que protagonizaron un lustro de extrema violencia en Barcelona. Se decía que ‘piaba’ con tanta maña que se ganó a pulso el apodo de ‘Pajarito’. Su radicalización anarquista y sus discursos tan agitados –tanto en tribunales como en mítines y publicaciones en su periódico ‘Lucha’ hasta 1919- que fue detenido por provocar y alentar el uso de la violencia. Como ese mismo año de su detención es elegido diputado, disfrutará de su inmunidad parlamentaria para recuperar la libertad.
 
   En 1922 cofunda la Unión de Arrendadores y Otros Cultivadores del Campo de Cataluña (Unión de Rabassaires), un sindicato partidario de Alianza Republicana –alianza donde se encuentra el PRC de Companys-, que causó numerosos conflictos e insurrecciones que supusieron varios meses de cárcel para Companys allá por 1929. Sin amedrentarse, se afilia a otro partido, incurriendo en doble militancia: El Partido Republicano Radical Socialista.
 
   En 1931 se celebra una conferencia entre varios partidos radicales catalanes de izquierdas. Entre ellos, dos partidos clave en esta historia: el de Companys, (PRC) y Estat Català. Entre estos dos partidos y el grupo L’Opinió fundan Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).
 
   ERC tendrá dos tendencias claras, cristalinas. Por una parte, Lluis Companys y su afición a los cenetistas. Por la otra, el Estat Català, con los hermanos Josep y Miquel Badía, que conforman la corriente ultraseparatista de la agrupación política. Les acompaña en el camino independentista su compañero Carles Duràn.
 
   Carles tenía una esposa que al tiempo que bella resultó algo ligera de cascos, de gracia Carme Ballester. Carme mantuvo relaciones extramatrimoniales con los camaradas de partido Miquel Badía y el mismo Lluis Companys. Éste último el de mayor edad, y también el mejor posicionado. Miquel Badía, apodado ‘El Capitán Cojones’, no debió de encontrar en el pobre cónyuge de Carme ningún desafío, pero sí en Lluis Companys, que ya había sido sorprendido en aparatoso acto íntimo con la susodicha en un despacho de la sede de las Juventudes de ERC.
 
   Si en principio no llegaron a las manos, sí a algunos duros intercambios de palabras, entre el ya presidente de la Generalitat y el Capitán Cojones. Los celos se apoderaron del primero con tanta intensidad, que obligó a jurarle fidelidad a la ínclita sobre el lecho de Francesc Macià. A este acto tan -y tan poco- íntimo se le bautizó como ‘la misa negra’.
 
   Los problemas entre los hermanos Badía y Companys no eran sólo amorosos. Los primeros defendían una acción radical e intensamente independentista –postura que compartía, por cierto, la amante en común-, y querían borrar del mapa a las fuerzas anarquistas. Algo que Companys no estaba dispuesto a permitir.
 
   En 1934, Lluis Companys proclama el Estado Catalán. Dura aquello un suspiro y es encarcelado y condenado, aunque recuperará la libertad en 1936 tras la victoria del Frente Popular. Dos meses después los hermanos Badía aparecen muertos. El juez asignado para este asunto, fue cesado al dirigir la investigación hacia Justo Bueno, un sindicalista de la CNT, antiguo pistolero de los que Companys tanto había tratado. Se dijo que los autores habían sido un grupo de falangistas y se cerró el caso. Intenta otro miembro de ERC destapar el asunto. Aparece asesinado a la puerta de un local de travestís. Las Juventudes de Esquerra Republicana, en su mayoría seguidores de los hermanos Badía, abandonan el partido y recuperan su antiguo nombre, Estat Català.
 
   Iniciada ya la guerra, y divorciado ya de su primera mujer –que quedó a cargo de los dos hijos, el mayor con esquizofrenia y tuberculosis- y casado con Carme, Companys nombra Comisario General de Orden Público a un curioso personaje: Andreu Reverter, al que se le atribuyen funciones de proxeneta incluso con su propia esposa, que se dice ofrecía generosamente para el disfrute del ‘president’.
 
   Reverter aprovechó sobremanera su puesto, saqueando propiedades privadas y traficando con armas, hasta que fue detenido por los anarquistas. Exigió Reverter ayuda a Companys, bajo la amenaza de airear varios de sus trapos sucios. Por ello la posible condena le fue sustituida por el exilio. Sin embargo, de camino a su nuevo destino fue asesinado y abandonado su cadáver en una cuneta. Esto y otras detenciones, donde se perfila la sombra de Companys y la ejecuta la CNT, hicieron huir al exilio a varios miembros del Estat Català, a quienes ya habían desmantelado un plan para acabar con el president.
 
   Huelga decir que resulta un tanto extraño que se tome la figura de Lluis Companys como padre del Nacionalismo cuando resultó francamente venenoso para los independentistas de los años 30 e incluso para los republicanos pues a quien benefició, casi siempre, fue a los ácratas.  
 
 


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