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Españoles en Rusia
Francisco Torres García
 
      La Providencia tiene esas cosas indescifrables. Hace unos meses Luis Valiente, y tengo que personalizar aunque sé que no le gusta, ponía en las librerías  mi libro “Soldados de Hierro. Los voluntarios de la División Azul”. Entre los cientos de historias que contienen esas páginas estaban la de José Melgarejo Balsas y Manuel Sánchez Román. Hace setenta y dos años dejaron su vida combatiendo al comunismo y sus cuerpos quedaron enterrados en una aldea llamada Mostky. Hoy mismo me llega a través de Luis, que anda por las tierras de Rusia con sus camaradas de la ADR, y es difícil traslucir los sentimientos cuando esos nombres te han acompañado durante mucho tiempo de trabajo, que sus cuerpos han sido rescatados del barro, la maleza y el olvido. José tenía una hija -dos años cuando dejó su vida-, Dolores. Guardo algún documento de su dolor. Ojalá pudiéramos localizarla para decirle “han encontrado a tu padre”.      
 
      Un puñado de españoles, todos los años, sin subvención alguna, poniendo el dinero y el trabajo, marchan a los añejos campos de combate para intentar rescatar los restos de aquellos españoles olvidados, para colaborar con los trabajadores de la Wolksbund alemana que recupera los restos de los soldados alemanes caídos en el frente ruso que son depositados en bellos cementerios, y con los rusos de Dolina. En uno de ellos, en Pankovka, cerca de Novgorod, reposan ya casi tres mil españoles.
 
      Estos españoles de hoy, que acuden de forma altruista, generosa, por conciencia de deber, a hacer lo que debiera realizar el Estado y el Ejército no tienen, lógicamente, subvenciones de memoria histórica alguna. Tenían el sueño de poder llegar hasta un paraje de perdido acceso donde en 1941 se localizaba el monasterio de Otensky. Allí estuvieron los españoles resistiendo heroicamente entre el seis de noviembre y el ocho de diciembre, protegiendo con las piezas de artillería allí emplazadas a sus camaradas que estaban en la aldea de Possad. Resistiendo bombardeo y asaltos continuos a bajísimas temperaturas, en el hielo donde era muy difícil abrir fosas: 25 españoles en fosas individuales, dos fosas con veintitantos españoles cada una quedaron allí aparentemente para siempre.
 
      Hoy, miércoles 17 de septiembre, casi cuando tenían que desistir, tras decidir llegar andando, cargados con los equipos, hasta aquel lugar, porque el camino, a duras penas si tres metros de ancho rodeado de masas de abedul, zona pantanosa, porque ni los tractores de los madereros pueden llegar, han localizado una de las fosas. Aquellos españoles, los divisionarios, los voluntarios de la División Azul, llevan esperando 73 años a que volvieran por ellos. En 1941, cuando los voluntarios españoles tuvieron que abandonar las posiciones lo hicieron con dolor porque no podía llevarse a sus caídos, hicieron dibujos perdidos del lugar para un día rescatarlos. Han pasado casi 73 años y otros españoles, distintos pero próximos, han tornado a aquellas duras tierras para rescatarlos del lodo, para que cuando las labores de identificación terminen depositar sus restos junto a sus camaradas, a la espera de la eternidad, en el cementerio de los soldados españoles en Novgorod.    
 
 
 
 


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