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Explicar la EPA y no estar loco
 
 
 
José Manuel Cansino
Profesor Titular de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla 
 
 
 
   ¿Cómo es posible que desciendan a la vez las personas empleadas y las desempleadas? ¿Cómo es posible explicar este resultado y no estar loco como afirmaba no estarlo Machín en su canción silabeando su atribulada vida sentimental?
 
   Efectivamente, la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de 2014 sostiene que entre enero y marzo de este año el número de empleados en España descendió en 184.600 personas. Pero también dice que a la vez el número de parados disminuyó en 2.300 personas. Así las cosas, la paradoja es que disminuyen al mismo tiempo el número de personas que están trabajando y el número de personas que no lo están.
 
   Por cierto que –haciendo un paréntesis regional- Andalucía ha tenido un comportamiento diferente y mejor que el resto de la Nación. El número de ocupados aumentó en 41.700 y el desempleo disminuyó en mucho más; concretamente en 59.200 personas.
 
   Pero volvamos a la paradoja. La EPA construye sus datos a partir de entrevistas en profundidad a 65.000 familias; de ahí se extrapolan los resultados al conjunto de la población española a través de una metodología internacionalmente aceptada y compartida.
 
   Los criterios para que el Instituto Nacional de Estadística –responsable de elaboración de la EPA- catalogue a un entrevistado como parado o empleado son fácilmente accesibles en su página web.
 
   Así, por ejemplo, para que una persona se compute como desempleada tiene que responder afirmativamente a la pregunta si ha tomado medidas concretas para buscar un trabajo por cuenta ajena o ha hecho gestiones para establecerse por su cuenta en el mes precedente. En caso contrario el INE considera que esta persona no forma parte de la población activa.
 
   ¿Qué ocurre si parte de las personas desempleadas dejan de buscar empleo por efecto del desánimo? Pues ocurre que pasan a computarse como población inactiva. Aquí es donde encontramos una parte de la respuesta a nuestra paradoja. La tasa de inactividad española crece en los últimos trimestres. En el trimestre pasado –el que ha servido de referencia a la EPA que comentamos- los desempleados que pasaron a la inactividad volvió a aumentar.
 
   La otra parte de la explicación a nuestra paradoja hay que buscarla en los flujos migratorios y en el envejecimiento de la población. El descenso de la población activa en 187.000 personas que registra la EPA engloba a las personas que abandonan España y a las que alcanzan la edad de jubilación. Entre ese total naturalmente se encuentran personas que estaban ocupadas y personas que estaban desempleadas y como consecuencia contribuyen a explicar la paradoja de que empleados y desempleados disminuyan a la vez.
 
   El asunto central es que la economía española sigue sin crear empleo a pesar de crecer un 0,4% entre enero y marzo de este año. Cierto es que seguimos alejándonos de la cifra máxima de desempleados registrada en el primer trimestre de 2013 (6.270.000 españoles sin empleo) pero el número total de empleos en España sigue disminuyendo.
 
   Hay que lanzar un mensaje de resistencia a las personas desempleadas. Un mensaje nada nuevo pero siempre eficaz; el mensaje de quien resiste, vence. No se puede abandonar la búsqueda de empleo. Hay que hacerlo eficazmente. Parte del éxito necesita de unas mínimas técnicas de búsqueda de empleo que redundan a favor de la empleabilidad. Hay que aprovechar el periodo de desempleo para mejorar la cualificación profesional incluso sobreponiéndose al fiasco de los fondos para la formación que manchará la reputación de los grandes sindicatos y de las organizaciones empresariales andaluzas durante décadas. Hay que seguir peleando dentro y fuera de España en los casos en los que hay que hacer las maletas. Y hay que seguir haciéndolo con independencia de la edad. También entre los jóvenes. Entre la juventud española, aquella cuyo principal problema, decía Salvador Dalí, era que uno ya no pertenecía a ella.
 
 
 
 
 


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