Sobre Francisco Franco y su tiempo...
 
 
 
Francisco Franco: la Patria su objetivo
 
Eduardo Palomar Baró
 
 
 
La familia     
 
   Cuando en diciembre de 1953 se le preguntaba a Franco cuál era su opinión sobre la importancia y trascendencia de la familia, contestó:
 
   “Para nosotros, la familia constituye la piedra básica de la nación. En los umbrales del hogar quedan las aficiones y las hipocresías del mundo, para entrar en el templo de la verdad y de la sinceridad. No en vano sobre la fortaleza de los hogares se ha levantado nuestra mejor Historia”.
 
   Hijo de Nicolás Franco Salgado-Araujo y Pilar Bahamonde y Pardo de Andrade, nació el 4 de diciembre de 1892, en la calle de Santa María, de El Ferrol (La Coruña). Fue bautizado en la parroquia castrense de San Francisco, donde se le impusieron los nombres de Francisco, Paulino, Hermenegildo y Teódulo. Cinco hijos tuvieron el matrimonio Franco-Bahamonde, aunque la más joven de las hermanas, Paz, muriera a los cinco años de edad de una enfermedad no muy bien diagnosticada.  
 
Tradición familiar            
 
   La tradición familiar era la carrera militar, y a ella se adscribieron los tres hermanos en tres Armas distintas, aunque por diversas causas. Nicolás, hermano mayor, estudió ingeniería Naval, y entró en la Armada siguiendo la trayectoria paterna. Ramón, hermano menor, nacido en 1896, ingresó en 1911 en la Academia de Infantería, de la que salió como oficial en 1914, siendo destinado a Marruecos. En 1920 ingresó en la Aeronáutica Militar como alumno de la Escuela de Pilotos. Posteriormente regresó a Marruecos. Alcanzó renombre mundial al realizar con el “Plus Ultra”, el vuelo Palos de Moguer-Buenos Aires. Murió en acción de guerra, en aguas de Mallorca, en 1938.            
 
   Francisco quería ingresar en la Marina, para lo cual se estaba preparando, pero el Gobierno presidido por Antonio Maura ordenó el cierre de la Escuela Naval, por lo cual decidió ingresar en la Academia de Infantería de Toledo en 1907, con quince años. La carrera militar en cuanto a ascensos era premiosa si se esperaba a través del escalafón, y por esta razón y por su espíritu de soldado, solicitó ser enviado a Marruecos en 1912. El 14 de mayo del mismo año recibió su bautismo de fuego en la conquista de Hadd-Allal-u-Kaddur. El 12 de diciembre de 1912, se le ascendió a teniente y se le otorgó la Cruz Roja del Mérito Militar. A primeros del año 1914 intervino en el combate de Beni Salem, en el que el entonces comandante José Sanjurjo Sacanell, que a la sazón contaba 42 años, obtuvo la Cruz Laureada de San Fernando. En el año 1915, por méritos contraídos durante la acción de Beni Salem, se le ascendió a capitán y en enero de 1916 le fue concedida la Cruz al Mérito Militar. El 26 de junio de 1916 cayó herido de un balazo en el vientre en la campaña de Yebala. La bala, según el médico que lo atendió, recorrió una trayectoria milagrosa.  
 
Comandante a los veintitrés años            
 
   Fue propuesto para un nuevo ascenso por méritos de guerra, pero entre los altos mandos del Ejército hubo opiniones contrarias, dada la juventud –veintitrés años– de Franco. No se le concedió el ascenso pero se le recompensó con la Medalla de Sufrimientos por la Patria y la Cruz de María Cristina. No obstante, Franco elevó una instancia al Rey Alfonso XIII en solicitud de mejora de recompensa, alegando los méritos que no fueron reconocidos dada su extremada juventud. Aceptada la solicitud, el 28 de febrero de 1917 ascendió a comandante, con antigüedad del 26 de junio 1916, fecha en que recibió su herida en el vientre. Era el jefe más joven del Ejército español.            
 
   Franco quería a toda costa seguir en África, pero al no haber vacantes en Marruecos, fue destinado al Regimiento del Príncipe, en Oviedo. Allí conoció, en 1917, a la que habría de ser su mujer, Carmen Polo Martínez-Valdés, con la que se casaría el 22 de octubre de 1923, en la iglesia de San Juan en Oviedo. El general Losada ostentó la representación del Rey Alfonso XIII.  
 
La Legión, una de sus obras más queridas            
 
   El 28 de abril de 1920, el Gobierno creaba el Tercio Extranjero, La Legión, encargando al teniente coronel José Millán Astray la misión de organizarla. Telegrafió a Franco invitándole a ayudarle en el empeño. Aceptó inmediatamente y se unió al grupo, en el que también se encontraban los capitanes Ignacio Olavide Torres y Pablo Arredondo Acuña, entre otros. La Legión sería para el comandante Franco un jalón decisivo en la formación de su espíritu militar y para los esbozos de su mentalidad política. Permaneció en África hasta el final de las hostilidades, en 1927, siendo ascendido en tres ocasiones. Teniente coronel en junio de 1923, por telegrama del Rey, al morir heroicamente el 7 de junio de 1923 el teniente coronel Rafael Valenzuela Urzáiz, en una de las laderas de la posición de Tizzi Assa.            
 
   Franco fue nombrado Coronel el 7 de febrero de 1925, con antigüedad del 31 de enero de 1924. Recién ascendido, el Rey Alfonso XIII le escribió una carta personal en la que le adjuntaba una medalla de la Virgen del Pilar. La carta decía así:            
 
   “Querido Franco:
   Al visitar el Pilar de Zaragoza y oír un responso ante la tumba del jefe del Tercio Rafael Valenzuela, muerto gloriosamente al frente de sus banderas, mis oraciones y mis recuerdos fueron para vosotros todos. La hermosa historia que con vuestras vidas y sangres estáis escribiendo es un ejemplo constante de lo que pueden hacer los hombres que lo cifran todo en el cumplimiento del deber. Toqué al Pilar esta medalla que te ruego uses, que ella, tan militar y tan española, te protegerá seguramente. Mis felicitaciones y gracias por tu actuación y ya sabes lo mucho que te quiere y aprecia tu afectísimo amigo que te abraza.
Alfonso XIII”.
 
   El desembarco de Alhucemas que tuvo lugar el 9 de septiembre de 1925, propició el final de la Guerra de Marruecos. La operación tuvo como comandante en jefe al general Miguel Primo de Rivera y como jefe ejecutivo de las fuerzas de desembarco al general José Sanjurjo. Entre los jefes participantes en la acción estaba el entonces coronel Franco, quien por su actuación al frente de las tropas legionarias fue ascendido a General de Brigada en 1926,  con treinta y tres años, siendo el general más joven de Europa. Durante siete años, Franco participó prácticamente en todas las acciones de guerra en Marruecos.  
 
Director de la Academia Militar            
 
   En 1928, Miguel Primo de Rivera encomendó al general Franco la creación, la puesta en marcha y dirección de la Academia General Militar de Zaragoza. El hubiera preferido ubicarla en Aranjuez, pero se impuso el criterio de Primo de Rivera, a quien Franco al principio deparó un trato de reserva para, posteriormente, pasar a una colaboración cada vez más profunda. La apertura de la Academia tuvo lugar el 5 de octubre de 1928, presidido el solemne acto por el general Primo de Rivera.            
 
   El período de la dictadura de Primo de Rivera –desde el 15 de septiembre de 1923 al 30 de enero de 1930– fue para Franco una etapa de constante reflexión y análisis. Los pros y los contras de este sistema fueron desmenuzados por el general de forma exhaustiva, hasta conservar, años después, un recuerdo positivo, sobre todo tras los bandazos y las incertidumbres de la España de la Segunda República.            
 
   Dirigió la Academia durante tres años, hasta que fue clausurada la Academia en julio de 1931, medida que formaba parte de las incluidas en la llamada “Ley de Azaña”, destinada a limitar los efectivos de las Fuerzas Armadas. En el discurso de despedida a los alumnos de la Academia, Franco dijo lo siguiente:            
 
   "Caballeros cadetes: Quisiera celebrar este acto de despedida con la solemnidad de actos anteriores en que, a los acordes del Himno Nacional, sacásemos por última vez nuestra bandera, y, como ayer, besarais sus ricos tafetanes, recorriendo vuestros cuerpos el escalofrío de la emoción y nublándose vuestros ojos al conjunto de las glorias por ella encarnadas; pero la falta de bandera oficial limita nuestra fiesta a estos sentidos momentos en que, al haceros objeto de nuestra despedida, recibáis en lección de moral militar mis últimos consejos. Tres años de vida lleva la Academia Militar y su esplendoroso sol se acerca ya a su ocaso. Años que vivimos a vuestro lado educándoos e instruyéndoos y pretendiendo forjar para España el más competente y virtuoso plantel de oficiales que nación alguna lograra poseer."              
 
   Franco pasó revista a los logros conseguidos, exaltando las excelencias de la institución por él dirigida. Y terminó diciendo:            
 
   "No puedo deciros, como antes, que aquí dejáis vuestro solar, pues hoy desaparece; pero sí puedo aseguraros que, repartidos por España, lo llevaréis en vuestros corazones, y que en vuestra acción futura ponemos nuestras esperanzas e ilusiones; que cuando al correr de los años blanqueen vuestras sienes y vuestra competencia profesional os haga maestros, habréis de apreciar lo grande y elevado de vuestra actuación; entonces vuestro recuerdo y sereno juicio ha de ser nuestra más preciada recompensa. Sintamos hoy al despedirnos la satisfacción del deber cumplido y unamos nuestros sentimientos y anhelos por la grandeza de la Patria, gritando juntos:
¡Viva España!"
 
   El discurso le valió una nota desfavorable en su hoja de servicios, advirtiéndole que en el futuro se abstuviera de hacer manifestaciones de aquel índole. Franco quedó en situación de disponible forzoso, no obteniendo destino hasta el 3 de febrero de 1932, nombrándole jefe de la Brigada de Infantería con guarnición en La Coruña.  
   
   Franco designado jefe del Estado Mayor Central. Franco sofoca la revolución de Asturias del 6 de octubre de 1934.            
 
   En el año 1935, José María Gil-Robles, jefe de la CEDA, es nombrado ministro de Guerra, siendo designado Franco jefe del Estado Mayor Central.            
 
   Ante la revolución socialista del 6 de octubre de 1934, el entonces ministro de la Guerra Diego Hidalgo Durán, llamó mandar a Franco, que ostentaba el mando de la Comandancia General de Baleares, nombrándole asesor especial, para que organizase y dirigiese las operaciones militares para dominar la insurrección asturiana provocada por los socialistas, comunistas y anarquistas. Por su meritoria actuación, sofocando la intentona revolucionaria en Asturias, se le concedió la Gran Cruz del Mérito Militar.  
 
Preparativos del Alzamiento            
 
   Para tomar parte en las elecciones del 16 de febrero de 1936, los partidos de izquierdas se agruparon en un bloque llamado “Frente Popular”, nombre propuesto por el Partido Comunista. Los comicios fueron ganados por dicho bloque. Azaña, como presidente del nuevo gobierno, firmó un decreto de amnistía que se extendía a todos los presos políticos.            
 
   Franco fue destituido como jefe del Estado Mayor Central y destinado a Canarias como comandante general de las islas. Antes de incorporarse a su destino, Franco se entrevistó con Manuel Azaña y Niceto Alcalá Zamora, a los que les manifestó los peligros del comunismo. Ambos le contestaron que sus temores sobre el comunismo eran infundados, a lo que Franco les respondió:
 
   –"Es posible. Pero lo único que puedo asegurarles es que donde yo esté no habrá comunismo"        
 
   Alcalá Zamora fue destituido por las Cortes como Presidente de la República y le sustituyó interinamente Diego Martínez Barrio. El 10 de mayo de 1936 Azaña fue elegido presidente y encargó la formación de gobierno a Santiago Casares Quiroga.            
 
   Gil-Robles, en la turbulenta sesión parlamentaria del 16 de junio de 1936, pronunció un discurso exponiendo la lamentable situación del país. En la misma sesión, José Calvo Sotelo fue amenazado por Casares Quiroga, a lo que respondió Calvo Sotelo:
 
   "Yo tengo anchas espaldas. Me doy por notificado de la amenaza de Su Señoría. Mis espaldas son anchas, repito; yo acepto con gusto y no desdeño ninguna de las responsabilidades que se puedan derivar de actos que yo realice; y las responsabilidades ajenas, si son para bien de mi Patria y para gloria de España, las acepto también. ¡Pues no faltaría más! Yo digo lo que Santo Domingo de Silos contestó a un rey castellano:“Señor, la vida podéis quitarme, pero más no podéis”."
 
   En la madrugada del 13 de julio de 1936, fue vilmente asesinado por las Fuerzas del Gobierno de la República, en un auténtico crimen de Estado, el jefe del Bloque Nacional en el Congreso, José Calvo Sotelo.            
 
   La trayectoria de Francisco Franco desde entonces, es de sobra conocida. Jefe de la Junta de Defensa Nacional, nombrado jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos el 1 de octubre de 1936. Asumió la jefatura de FET y de las JONS el 19 de abril de 1937. El 18 de julio de 1938 fue nombrado capitán general en el segundo aniversario del Alzamiento. El 1º de Abril de 1939 en su famoso Parte Oficial de Guerra comunica que La guerra ha terminado. El 19 de mayo de 1939 tiene lugar en Madrid el desfile de la Victoria. En el curso del mismo Franco recibe de manos del general José Enrique Varela Iglesias la Cruz Laureada de San Fernando.  
 
Segunda Guerra Mundial            
 
   Desde final de la guerra civil, tras los momentos de exaltación, quedaba en el aire una sombra que se iba acercando poco a poco. La II Guerra Mundial acababa de estallar el 1 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia por Alemania. Franco, mediante decreto, ordena la más estricta neutralidad. La España Nacional, durante su guerra, había recibido ayuda de Italia y Alemania. Ahora el Eje Berlín-Roma reclamaba la ayuda a España, pero el país se encontraba deshecho económica y socialmente. Franco se entrevistó con Adolfo Hitler en Hendaya (23-10-1940) y con Benito Mussolini en Bordighera (12-02-1941). El Caudillo, mostrando sus grandes dotes de estadista, resistió las presiones del Führer, y mantuvo al pueblo español fuera del conflicto. Como reconocimiento al apoyo que había recibido en la conflagración de 1936-1939, envió un grupo de voluntarios que formaron la llamada División Azul, a luchar contra los rusos en el frente del Este, junto a los ejércitos del III Reich.
 
Organización e instituciones            
 
   Los años posteriores a la guerra son para Franco una puesta en escena de la mentalidad política que el primer tercio de siglo, fundamental en la Historia de España agitada, dejaron en su vida, en sus reflexiones, en sus anotaciones y experiencias. En 1942 organiza las Cortes. En 1947 se promulga la Ley de Sucesión, que afirma a Franco en la Jefatura del Estado de forma vitalicia y declara a España como ‘Monarquía católica, social y representativa’.            
 
   Quince años duró el bloqueo internacional a España, hasta 1955, en que la ONU admitió el Régimen franquista. Dos años antes se habían firmado los Acuerdos con Estados Unidos. Eisenhower visitó Madrid en 1959, y la actitud del presidente americano vino a ser el espaldarazo internacional, a título personal, de una cuestión injusta que torturó a la España de posguerra.            
 
   Hitos importantes en la posterior trayectoria del Régimen fueron el asentimiento del pueblo español al referéndum de 1966 –en el que se planteaba la Ley Orgánica del Estado–, y el 22 de julio de 1969 el nombramiento de Juan Carlos de Borbón como sucesor suyo a título de Rey, jurando:
 
“Lealtad a S.E. el Jefe del Estado y fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino”.
“Recibo de S.E. el Jefe del Estado y Generalísimo Franco la legitimidad política surgida el 18 de julio de 1936”.
“Estoy seguro de que mi pulso no temblará para hacer cuanto fuese preciso en defensa de los Principios y Leyes que acabo de jurar”.  
 
          
Franco, ese hombre  
 
   Para los historiadores serios, el Generalísimo Franco fue un personaje con gran claridad de ideas, el único hombre capaz de agrupar personas, aunar esfuerzos tantos años después de finalizada la contienda. Un hombre que estimaba en un cien por cien el principio de autoridad, y que acusó a los Gobiernos republicanos de menospreciar y olvidar este principio.            
 
   El gran intelectual español, Gonzalo Fernández de la Mora y Mon, desgraciadamente desaparecido, en su magnífico libro Río arriba, hace un interesantísimo estudio de la personalidad de Franco, al que conoció y trató durante cuatro años, despachando con él medio centenar de veces, además de los Consejos de Ministros presididos por el Generalísimo y recorriendo a su lado, en tren y en automóvil, muchos cientos de kilómetros, incluso jornadas enteras. Entresacamos algunas de sus opiniones sobre la forma de ser del Caudillo.
 
[…] Por su comportamiento y por su psicología, estaba en las antípodas del dictador. Modestia en lugar de arrogancia, oyente antes que magistral, enemigo de la teatralidad, parco en el ejercicio de sus inmensos poderes, autocrítico y prudentísimo a la hora de decidir. Como hombre de Estado no se le puede situar en la línea de Bonaparte, sino en la de Felipe II. Era la contrafigura del déspota. Su vera efigie no se parece nada al retrato que divulgan sus adversarios.            
 
[…] La mente de Franco era analítica. Prefería el documento a la palabra. Desmenuzaba los informes, sopesaba los pros y los contras, solicitaba opiniones diversas. Perseguía el dato exacto y el consejo autorizado, no el tropo brillante o la media verdad lisonjera. Por eso no se fiaba de las primeras reacciones, y era tan paciente como lento en resolver.            
 
[…] El valor de Franco era sostenido, sobrio y racional, como una pilastra. La suya era una valentía cotidiana y sin altibajos, un hábito. Desconocía la depresión y el miedo. De su constante valentía no cabía esperar ni una minúscula quiebra. Se atrincheraba ante la agresión, y se crecía en la adversidad. Heroísmo sí, aventura no.                  
 
[…] No era un dogmático, ni siquiera un doctrinario, sino un hombre de principios éticos y patrióticos que se plegaba a la realidad como el soldado al terreno. Rectificaba cuando se equivocaba, se adaptaba con mesura a las cambiantes circunstancias y evolucionaba; pero siempre sin caer en el oportunismo, sin abdicar de sus creencias esenciales, la principal el catolicismo. Debo dar mi testimonio de que siempre le vi comportarse como un católico ejemplar.        
 
 
Más información en La Carrera de Franco
 
 
 
 


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