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Ha fallecido Maribel Moreno de la Cova
 
José Utrera Molina
Medalla de Oro de Sevilla
ABC de Sevilla 
 
 
   Ha muerto Maribel Moreno de la Cova. Declaro con emoción que jamás conocí a un ser tan singular y tan extraordinario como ella. Mi estancia en Sevilla ha dejado en mi ánimo una huella imborrable. Día tras día, acuden en tropel múltiples recuerdos que me vinculan de manera emocionante y definitiva a todo lo que representa el ser de esa tierra, Sevilla, privilegiada y única.
 
   En agosto de 1962 tuve la fortuna de que el Gobierno me designara como gobernador civil de Sevilla. La primera mujer que se acercó a mí con su ofrecimiento de colaboración, con su arrolladora simpatía, fue Maribel. Pero la cosa no quedó ahí. Durante los ocho años que duró la representación legal que yo ostentaba, no me faltó en ningún momento su asistencia, su aliento y sobre todo el aroma de su generosidad y también de su valentía. Maribel era una mujer fuera de serie, sensible, grata, amable, llena de sensibilidad y también por qué no, de sabiduría que trascendía lo meramente localista y provinciano. Había conocido el mundo entero, con su itinerante video había captado las más increíbles imágenes. Maribel era un testigo de acontecimientos y de valoración de paisajes. Lo mismo se refería al alma de París que a las brumas de Londres, lo mismo había recorrido los caminos de Italia que los puertos de África. Nada escapaba a su inmensa curiosidad.
 
   Yo la acompañé a un viaje que hicimos a Tierra Santa. Ella se movía con soltura en aquel ambiente extraño, complejo y lleno siempre de alarmas injustificadas. Recorrió los barrios de Jerusalén, habló con “tirios y troyanos” y obtuvo de una ciudad tan difícil de encontrar adecuada denominación para su espíritu, un conocimiento que nos impresionó a todos.
 
   Maribel era una mujer leal, cuando tantas gentes se inclinaban y mostraban su alabanza al que fue Caudillo de España, ella permaneció tranquila y crítica, pero cuando llegó el momento final del régimen ella se puso a la cabeza de un grupo de mujeres de Sevilla para ofrecer a Francisco Franco un recuerdo que hablaba inequívocamente de las virtudes que Sevilla poseía, entre las cuales, no estaba precisamente el olvido sino la presencia de aquél que había amado profundamente la vida sevillana y que había contribuido a mejorar sus estructuras con viviendas, puentes nuevos, regadíos insólitos, reconstrucciones numerosas y todo género de iniciativa que ella popularizaba con su aliento y defendía con su corazón.
 
   Hace unos días escribí y no comprendo cómo no se publicó en Sevilla, el dolor que me había producido la muerte de Pepe Luis Vázquez, el gran torero sevillano, el arquetipo de todo lo que ha sido el arte de torear y sobre todo mi amigo más entrañable. Ahora espero que estas letras de emocionada alabanza a quien fue todo un símbolo en la escala de generosidad, de amor y de sensibilidad fuera ya costumbre inveterada de esta ciudad y de esta tierra desde múltiples y fecundos anales. Nunca encontré una quiebra en su entereza, ni una debilidad en sus convicciones e incluso ni un error en la valoración de las cosas que conocía. Me atrevo a decir todo esto ahora que descansa de su actividad, de su múltiple ajetreo y se encuentra ya en la paz definitiva. Soy creyente y espero que Maribel escuche esta especie de plegaria en su honor que, un amigo entrañable guarda aún en las últimas fibras de su corazón. Hay gente que no muere, que se nos muere. A mí se me ha muerto Maribel, pido a Dios por ella.     
 
 
 
 


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