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Homilía del funeral por Blas Piñar en Toledo
 
 
P. Gabriel
 
 
 
FIDELIDAD, LEALTAD Y FECUNDIDAD
 
 
 
   Estas fueron las tres coordenadas de la vida de Blas Piñar: fidelidad, lealtad y fecundidad y ellas fueron el eje alrededor del cual giró toda su vida pública y privada. Fidelidad, lealtad y fecundidad para con Dios, la Iglesia y España.
 
   1. La palabra sinónima que rápidamente acude a mi memoria cada vez que escucho “Blas Piñar” es fidelidad: fidelitas en latín que procede de la palabra fides: que significa fe, y es que no cabe la menor duda de que la fe fue el motor de su existencia. La fidelidad a sus ideales hasta el final de sus días provenía de su fe. Una fe sólida, ilustrada y robusta a la que estaba inseparablemente unido su amor apasionado por la Patria. Esto fue lo que le hizo dar un paso al frente cuando a finales de los años 60 negras nubes comenzaban a cubrir el horizonte de España y de la Iglesia. Los ideales de la Cruzada se estaban disolviendo como un azucarillo en la mente y el corazón de muchos españoles, empezando por aquellos dirigentes que les habían jurado una “fidelidad inquebrantable” y que poco después acabarían cambiando de chaqueta.
 
   Las banderas que no pocos olvidaban o pisoteaban so pretexto del “cambio” fueron recogidas por su mano generosa en nombre de la fidelidad. Fidelidad no solo a un hombre: Franco; sino a lo que aquel hombre encarnaba: el 18 de julio de 1936, o lo que es lo mismo, el altar y la familia. Para los que tuvimos el privilegio de conocerle, para los que le amamos y le admiramos, para los que nos preciábamos de ser sus amigos, nos ganó el corazón a causa de su fidelidad a toda costa, sin cálculos cómodos ni egoístas, sin componendas de ningún tipo para con esa fecha que cambió la Historia de España y del mundo. Y esta fidelidad fue también el motivo del odio de sus más acérrimos enemigos a los que nunca, y lo afirmo rotundamente, nunca Blas respondió con odio.
 
   2. El Diccionario nos dice que la lealtad es el cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad, del honor y de la hombría de bien. Y eso fue lo que hizo al fundar Fuerza Nueva. Al principio fueron muchos los que empezaron a seguirle entusiasmados, pero en poco tiempo se fueron apartando de él, seducidos por los cantos de sirena de la derecha liberal o la “derecha sin Dios” como Blas la llamaba, del “voto útil”, de lo “políticamente correcto” pero moralmente malo. Casi todos le abandonaron, casi todos se avergonzaron de él, casi todos le despreciaron, casi todos le persiguieron, casi todos trabajaron por silenciarle de todos los modos y maneras posibles, casi todos se burlaron de él, casi todos lo condenaron a priori sin haberle conocido, ni tan siquiera sin haberse dignado escuchar su mensaje. No se puede condenar a una persona sin tan siquiera escucharla antes.
 
   El grado de calumnias e incomprensiones y el enorme peso de la soledad también por parte de muchos pastores de la Iglesia; lo soportó sin aspavientos ni victimismos y con una desconcertante simpatía y buen humor que solo se explican por su lealtad a Dios y a España; además, de por el apoyo incondicional de su queridísima familia. Él siguió empuñando la bandera de la Tradición española, contra viento y marea, sin buscar el aplauso del público sino con los ojos puestos únicamente en la misión que el Señor le había puesto en el corazón. Mientras se producía la voladura controlada del Régimen del 18 de julio, hace 40 años nos profetizó todo lo que iba a ocurrir; todo, pero nadie le escuchó. Nadie fue capaz de rebatir sus poderosos argumentos basados en el sentido común, y en la lealtad a la fe y a la entraña de España, de sus tierras y de sus hombres. Frente a su palabra vibrante de verdad que destapaba sus mentiras, solo pudieron responderle como hacen los cobardes y los pusilánimes: con el insulto o el silencio.
 
   3. Sin embargo, después de la cruz viene la resurrección, y Dios quiso premiar la fidelidad y la lealtad de Blas Piñar con su fecundidad. Fecundidad no solamente por el gran número de su familia carnal, sino también por el de la familia espiritual que él fundó. Fuerza Nueva no fue solamente una revista y un simple partido político, sino todo un movimiento espiritual que buscaba despertar y remover conciencias adormiladas para defender, servir y conquistar a todos; para hacer grande a España con la verdad de Dios y de la Historia que tanto más grande nos hizo cuanto más cristianos fuimos. Estos días no ha faltado el coro de borregos y paniaguados que nos repetían con insistencia que Blas Piñar fracasó rotundamente en política. Así demuestran sólo su oceánica ignorancia.
 
   Blas Piñar fue un alma gigante que rebasó la estrecha línea de la política que se le quedaba muy pequeña, y por eso siempre fue tan incomprendido, pues no encajaba en los moldes mezquinos que muchos enanos se empeñaban en fabricarle. Los que le conocimos, no solo como político, sino sobre todo como cristiano, como esposo, como padre de familia, como abuelo, como amigo; sabemos que no era un nostálgico condenado a la inmovilidad de la esclerosis y a la esterilidad; sino un valiente luchador que supo congregarnos con su ejemplo y su cariño. Los quince sacerdotes presentes en su entierro, la mayoría jóvenes, dan prueba de ello.Blas Piñar fue como el grano de trigo que cae en tierra y muere, del que nos habla el Evangelio, y así da mucho fruto. Porque los ideales que portaba no han muerto con él, siguen vivos en nosotros. Ese fue el secreto de su fecundidad: su fidelidad y su lealtad para con Dios, con la Iglesia y con España.
 
 
 
 
 


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