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Imposición a Francisco Franco del Gran Collar de la Orden Suprema de Cristo
Redacción
 
 
   En la capilla del Palacio de Oriente se celebró la solemne ceremonia de la imposición a SE el Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos, del Gran Collar de la Orden Suprema de Cristo, concedido por el Santo Padre Pío XII.  
 
   Al lado del Evangelio había sido colocado un gran dosel con dos reclinatorios de damasco, y entre el dosel y el altar, un sitial destinado a los cardenales-arzobispos de Toledo, Santiago de Compostela y Tarragona.   Como invitados se encontraban allí el Gobierno en pleno, el Consejo del Reino, todo el Cuerpo diplomático acreditado en Madrid, presidido por su decano, el Nuncio Apostólico, monseñor Hildebrando Antoniutti; el patriarca de las Indias Occidentales y obispo de Madrid-Alcalá; el arzobispo de Sión; el obispo consiliario de la Acción Católica Española, y los dos obispos auxiliares de la diócesis, todas las primeras autoridades civiles y militares de Madrid, el deán de la Catedral, el decano del Tribunal de la Rota y el abad del Venerable Cabildo de párrocos.  
 
   El Caudillo y su esposa fueron recibidos en la puerta del templo por el patriarca de las Indias Occidentales, doctor Eijo Garay, de quien, postrados de rodillas, recibieron el agua bendita y un crucifijo, que fervorosamente besaron.   
 
   Mientras SS. EE.,  pasaban a ocupar los tronos bajo el dosel y los cardenales-arzobispos sus respectivos sitiales al lado del Evangelio, la «ScholaCantorum» del Seminario de Madrid interpretó las antífonas «Da pacem Domine».    
 
   Desde el pulpito se procedió a la lectura, en latín y en castellano, del texto de la bula de Pío XII por la que se concedía la Orden Suprema de Cristo al Generalísimo Franco.  El texto de dicho documento es el siguiente:  
 
   «Pío Papa XII. — A nuestro amado hijo Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado Español. — Salud y bendición Apostólica:    Recordamos con cuanta solemnidad y concurrencia de fieles celebrábase el año pasado en Barcelona el Congreso Eucarístico Internacional, al que nos consta que las autoridades civiles prestaron entusiasmo y colaboración.  
 
   «Además, con motivo del reciente Concordato celebrado entre esta Sede Apostólica y la Nación española, nos hemos congratulado por la feliz terminación del mismo y por vuestra adhesión a la cátedra de San Pedro, puesta muy de manifiesto en la elaboración de tan importante acuerdo.    
   De este modo, las necesarias relaciones que siempre existieron entre los Romanos Pontífices y la Nación española, han sido confirmadas para fruto y utilidad comunes.
 
   «Sabemos que este es también vuestro sentir y el del católico pueblo español a través de las cartas oficiosas que nos habéis remitido y por las cuales os damos las más expresivas gracias.  
 
   »Por estas y otras razones, queriendo daros una muestra de nuestra benevolencia, por estas nuestras letras os elegimos, constituimos y nombramos Caballero de la Milicia de Jesucristo y os admitimos en nuestra Suprema Orden de los citados caballeros.  
 
   »Y para que podáis recibir el hábito de dicha Orden de manos de cualquier cardenal de la Santa Romana Iglesia, o bien de un obispo católico en comunión con la Santa Sede, concedemos al por vos elegido las oportunas facultades. Ante el cardenal de la Santa Romana Iglesia u obispo por vos designado para recibir las insignias honoríficas, haréis la profesión de fe en cuanto se contiene en la fórmula de admisión en la Orden de la Milicia de Jesucristo, que mandamos se os envíe juntamente con el modelo de hábito, cruz, insignias y collar de oro, concedidos por esta Sede Apostólica a dicha Suprema Orden.   
 
   Inmediatamente que hayáis ejecutado todo esto, os hacemos partícipe de todos los derechos y privilegios que en cualquier tiempo y forma se hayan concedido a los demás caballeros de la Milicia de Jesucristo, no obstante cualquier cosa en contrario. «Dado en Roma, en San Pedro, bajo el anillo del Pescador, a veintiuno de diciembre de 1953, decimoquinto de nuestro pontificado. — 
 
Pío Papa XII  
 
   Terminada la lectura del Breve pontificio, se destacaron de los sitiales reservados al Gobierno los ministros de Asuntos Exteriores y Justicia, señores Martín Artajo e Iturmendi, respectivamente, que actuaron como testigos de la ceremonia, y en compañía de los cuales el Jefe del Estado se dirigió hacia el altar mayor, donde en un reclinatorio situado ante el cardenal-arzobispo de Toledo, doctor Pla y Deniel, se hincó de rodillas para pronunciar con tono firme y conmovido las palabras de la profesión de la fe. Puesto en pie, el cardenal primado y auxiliado por el maestro de ceremonias, don José María Bulart, procedió a imponer al Caudillo los atributos de la Suprema Orden de Cristo Pusieron fin a la solemne ceremonia las imponentes estrofas del «Te Deum Laudamus» en acción gracias, cuyo cántico fue iniciado por el cardenal-arzobispo de Toledo, revestido de pontifical, y continuado por las voces de la «ScholaCantorum» del Seminario madrileño.  
 
   La Suprema Orden de Cristo tiene mucho más rango que otras valiosas órdenes vaticanas, como son la de la Espuela de Oro y la Piana, reservada habitualmente a jefes de Estado, ministros de Gobierno y embajadores.
 
Muy pocos jefes de Estado son condecorados 
 
   La inclusión del Caudillo de España en la estrictísima Milicia de Nuestro Señor Jesucristo rebasó el significado exclusivamente protocolario para situarse en el plano más elevado de una especial demostración de afecta del Pontífice, Pío XII, hacia el Caudillo y a la nación española, ya que la honra que la Santa Sede hace a Franco revirtió, en cierto modo, a toda la población de nuestra Patria, que tanto se ha distinguido en su gloriosa historia en la propagación y custodia de las verdades de la Fe.  
 
 
 


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