La Voz de Hispanoamérica
 
 
 
In memoriam de Lorena Krasnoff
 
 
Jaime Alonso
Abogado
 
 
   Mi consternación por el fallecimiento de la hija menor de mi admirado Brigadier Krasnoff, Lolita, para la familia. El dolor, atemperado por el designio divino que resulta inescrutable e inasumible aumenta, hasta el infinito, cuando me informan que su padre, el Brigadier Miguel Krasnoff, no pudo asistir a las exequias, impedido por la chusma del odio, el resentimiento y la envidia igualitaria de quienes imponen sus designios en Chile, ante la indiferencia de unos, la cobardía de todos y la osadía perversa del totalitarismo populista, frenado en 1973, pero vuelto a reivindicar con nuevas máscaras e idéntico propósito.  
 
   Pero, ¿en nombre de qué civilización se impide que un padre entierre a su hija, en el dolor intimista de la familia y el acompañamiento de los seres queridos? ¿en nombre de que arbitrario derecho, se ejerce esa intolerable coacción? ¿dónde está la Ley, el orden y la autoridad legítima, que permite a la barbarie sentar carta de naturaleza? ¿qué responsabilidad tienen los gobernantes, legitimados por el pueblo chileno, al permitir que pueda imponerse la revolución patibularia? ¿dónde queda el respeto a los derechos humanos, que tanto dicen defender, los que teledirigen a esa turba cegada por el odio, en permanente e ideológica campaña contra los militares que salvaron a la Patria y pueblo chilenos de la tiranía comunista? Nada me resulta más insoportable que la toma de conciencia de que ese comportamiento pueda tener futuro debido a nuestra debilidad, carencia de convicciones, relativismo moral o egoísmo materialista. Nada hiere mas la sensibilidad del humanista, cristiano o no, que la constatación de que la encrucijada de la civilización, el gran tesoro que un día os dimos, sea puesta en duda o claramente enfrentada, sin que hagamos nada por defenderla, ni aquí, ni allí.    
 
   Oswald Spengler, y los que dirigen a la plebe indocumentada lo saben, acierta, al sostener “…al final, un puñado de soldados salvaran la civilización”. Por eso, tu padre, recibe persecución por causa de la justicia, convirtiéndose en bienaventurado. Por ello, lleva diez años soportando un “juicio de intenciones”, una “causa general”, una serie de procesos ideológicos sin pruebas plenas, sin testimonio del acusado, soslayando los principios básicos y las garantías de todo proceso penal, juzgado por los escribas y fariseos de nuestro tiempo, preocupados, solamente, en satisfacer su instinto primario vengativo y las directrices de quienes los sostienen y financian en su “aldea global”, sin Dios, sin Patria y sin libertad.  
 
   Temuco es hoy una metáfora. En “la frontera”, cruzada por el rio Bio-bio, donde la civilización se enfrentó a la antropofagia, la fe al tribalismo, y el derecho a la ocurrencia del sátrapa, ha vuelto a revivir el mismo combate casi quinientos años después. El cristalino y limpio espejo del lago Pucón, sobre el que se mira el volcán de Villarica, serán mudos testigos de la felonía en tu vuelta a la tierra. El inevitable silencio donde descansas, en un marco de belleza incomparable, será mudo y pertinaz testigo de una vida honrada y fructífera, también de la verdad de un padre, cuyo dolor, por la perdida más insoportable, añade, la del soldado, privado de su doble deber de acompañarte.  
 
   Lorena, llevas, la fidelidad, cariño y respeto de quienes te conocieran. Tu memoria permanecerá en ellos. Dejas, el fruto del amor. El doble vinculo hispano-cosaco del honor y del valor; de la milicia y la gloria; del sacrificio y la servidumbre digna. La sangre de tus antepasados que transmitiste, fecundará la tierra yerma del presente, abrazando el futuro de la Patria común y la promesa de feliz eternidad.  
 
   Los que, como tú, creemos, fuimos educados en la misericordia divina del perdón, incompatible con la venganza, no exenta de justicia, ni de la ira de los justos. Por ello, intercede por nosotros y por los que te han ofendido en la despedida terrenal, al tratar a tu padre de manera tan ignominiosa. Viviste su calvario, ayúdale, junto a tu valiente madre, a soportarlo y a compartirlo. Que Dios te acoja a su presencia y te de el descanso eterno, y a nosotros nos lo niegue hasta que seamos dignos de defender la libertad y la justicia de tu padre.    
 
 
 
 
 
 


FUNDACIÓN NACIONAL FRANCISCO FRANCO // Avda. Concha Espina, 11, 2º - 28016 Madrid -
Tel. 91 541 21 22 - Fax 91 541 43 82 - secretaria@fnff.es
Powered by La Compañía