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Independentistas-chequistas-revisionistas. El cóctel perfecto

Rafael Dávila Álvarez

General de División (R.)

Blog generaldavila.com

De nuevo convocan a Franco en el Valle de los Caídos. No saben rezar, pero saben posar, entrar en las iglesias e inmortalizarse con la Cruz a sus espaldas que no a cuestas. Es irremediable, lo llevan en las entrañas. Es la nostalgia de querer ser, pero no poder serlo. Sus expectativas electorales están en la Guerra Civil. Quieren ganarla a toda costa. Creen que el lugar de la batalla sigue siendo la Sierra madrileña desde donde se alza la amenaza en forma de Cruz inmensa que asedia a Madrid por el norte. ¡No pasarán! Allí se fueron a emprender de nuevo la batalla cuando ya no hay enemigos tras las matas. Silencio y lluvia arropaban el entorno de los rezos benedictinos.

No había nadie. Solo la visita del rencor. Solo ellos. No era el Partido Socialista, era otra cosa, la de antaño, añeja y rancia, eran los chicos de Pedro Sánchez que ahora llevan a pretéritos planteamientos su política partidista o particularista. La foto con la Cruz al fondo era el desarrollo del plan de ataque. Fueron a hacérsela para difundirla y señalar el lugar. ¡Allí está! No nos cuentan si entraron en la Basílica, ni a qué fueron. Para ese viaje mediático y de corto recorrido no era necesario tan intelectual exhibición. Con leer y contar la verdad es suficiente.

Es un error confundir un partido con una banda que divide a los españoles en bandos, a base de bandadas de reproches que traen presagios negros.

El líder se fue al sur, que no es suyo, mientras perdía el norte. No quieren esos sus votantes. Allá él. Y están preocupados por dentro, por la escasa altura, de miras me refiero. No es tiempo de algaradas, revanchas y guerracivilismo. Ese no es un mensaje joven y de futuro. Pero estos cuantos sueñan con desfilar por la Castellana, por la Avenida de la Unión Proletaria, al son de banderas victoriosas, las suyas.

España, tarde o temprano, no perdonará las políticas ni a los políticos que han ido a lo suyo; y lo suyo, ya se sabe, no es España sino convertirla en un valle de lágrimas. No perdonará, y condenará a personajes que no deberían haber ido más allá de presidentes de su comunidad de vecinos para atascar el ascensor en el bajo; eternamente. Sus nombres están a disposición de cualquiera. Con luces de neón llenan las avenidas centrales; para que no se olviden.

Es de una extraña naturaleza que un partido llamado a asumir responsabilidades de gobierno se suba a las tapias de los cementerios para contar muertos y derribar cruces. España esperaba otra cosa de ellos.

No sé por qué me da que sus votantes también.

Independentistas, chequistas y revisionistas por todas partes. Un cóctel perfecto. Más bien una purga.

Para quien quiera vomitar.



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