Negro sobre Blanco
 
 
 
José Ortega y Gasset, Filósofo del Novecentismo, de gran influencia en los intelectuales
 
PPG - FNFF 
 
 
 
José Ortega y Gasset nació en Madrid, el 9 de mayo de 1883. Hijo del Periodista José Ortega Munilla. Realizó sus estudios secundarios en el Colegio de Miraflores del Palo, Málaga, y los universitarios en Deusto y Madrid. Se Doctoró en Filosofía y Letras, en la Universidad Central de Madrid, en 1904, con la tesis: Los terrores del año mil, subtitulada Crítica de una leyenda. Entre 1905 y 1908 completó sus estudios en Leipzig, Berlín y Marburgo.  Fue Catedrático de Metafísica de la Universidad de Madrid entre 1910 y 1936. En 1916 fue designado Académico de la de Ciencias Morales y Políticas.
 
   Colaboró en muchas publicaciones, fundó el diario El Sol (1917), la revista España (1915) y la Revista de Occidente (1923), con una editorial del mismo nombre y un salón de tertulias.
 
   Fue diputado al proclamarse la república, y fundó con Marañón y Pérez de Ayala la Agrupación al Servicio de la República.
 
     Ortega se desencantó de la república. Dejó claro que el proyecto había fracasado a consecuencia del sectarismo que se había plasmado en la  Constitución. La quema de conventos de mayo de ese mismo año y la reacción permisiva del gobierno era la prueba más evidente. Y advirtió del camino equivocado que se seguía ya el 14 de mayo de 1931, mediante un artículo en el diario El Sol. El 9 de septiembre publicó en Crisol, bajo el título “Un aldabonazo”, su famoso “no es esto, no es esto”: “Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron con el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: «¡No es esto, no es esto!» La República es una cosa. El «radicalismo» es otra. Si no, al tiempo”. Pero el gran acto que marcó su distanciamiento respecto a quienes conducían el nuevo régimen fue la conferencia que pronunció el 6 de diciembre en el Cine de la Ópera bajo el lema “Rectificación de la República”.
 
 
   Entre su extensa obra, podemos destacar: los ocho volúmenes de El espectador (1916-1935), donde vertió agudos comentarios sobre los asuntos más heterogéneos; España invertebrada (1921); El tema de nuestro tiempo (1923); La rebelión de las masas (1930); Ideas y creencias (1940); Historia como sistema (1940); ¿Qué es filosofía? (1958). Las cuestiones de estética y crítica literaria fueron objeto de sus reflexiones en Meditaciones del Quijote (1914); Ideas sobre la novela (1925); La deshumanización del arte (1925); Goethe desde dentro (1932); Papeles sobre Velázquez y Goya (1950) e Idea del teatro (1958).
 
   También trató temas políticos: Vieja y nueva política (1914); La decadencia nacional (1930); Misión de la universidad (1930) y Rectificación de la República (1931).
 
   Su pensamiento influyó en Ramiro Ledesma Ramos, José Antonio Primo de Rivera y otros filósofos y pensadores nacionales. Es muy conocida su frase. «Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo», aparecida en Meditaciones del Quijote.
 
   El mismo día en que se inició la Cruzada de Liberación Nacional, sintiéndose inseguro en su domicilio, se refugió en casa de su suegro, y cuarenta y ocho horas después, en la Residencia de Estudiantes de la calle de Pinar. Allí le obligaron a firmar un manifiesto de adhesión a la república que se publicó el 31 de julio. Su hijo Miguel contó que, si se hubiera negado, lo habrían asesinado. Fue amenazado desde el diario Claridad, y su esposa pidió protección de la Guardia Civil al presidente del gobierno, quien se la negó. En los primeros días de agosto, gracias a las gestiones de su hermano Eduardo, logró huir a Francia con su familia, si bien sus dos hijos retornaron inmediatamente para alistarse en el Ejército Nacional a las órdenes del Caudillo Francisco Franco.
 
   La correspondencia con Marañón, publicada por Marino Gómez Santos (Españoles sin fronteras, Barcelona 1983), revela su adhesión al espíritu del Alzamiento Nacional del 18 de julio y su ferviente deseo de que triunfaran las Tropas Nacionales. En diciembre de 1937 redactó el artículo: En cuanto al pacifismo, luego incluido como epílogo a La rebelión de las masas, en el que escribió: «En Madrid los comunistas y sus afines obligan, bajo las más graves amenazas, a escritores y profesores a firmar manifiestos, a hablar por radio».
 
   A partir de 1936 vivió en Francia, Holanda, Argentina y Portugal. Después de un periodo de estancia en Lisboa, Ortega se repatrió en 1945 y, bajo la presidencia del entonces Director General de Propaganda, pronunció una conferencia en el Ateneo de Madrid, donde residió.
 
   En 1948 fundó, con su discípulo Julián Marías, el Instituto de Humanidades. Falleció en Madrid, el 18 de octubre de 1955, a los 72 años de edad. A su muerte, el Ayuntamiento madrileño dio el nombre de Ortega a una de las calles céntricas de la capital, y el sepelio fue presidido por el Ministro de Educación en representación del Gobierno.
 
 
 
 
 
 
 


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