Memoria Histórica para todos
 
 
 
La Cruz de Vigo
 Nemesio Rodríguez Lois
 
      Uno de los símbolos más representativos del español Puerto de Vigo –aparte del olivo tradicional, el Puente de Rande y su maravillosa bahía- es una monumental Cruz que se encuentra en el Monte del Castro y desde donde puede contemplarse gran parte de la ciudad.
 
      Pues bien,, una vez más, ese fanatismo religioso que creíamos era solamente patrimonio de los yihadistas vuelve a hacer otra de las suyas en España.
 
      Apoyándose en la Ley de Memoria Histórica impuesta por Zapatero –y que Rajoy, a pesar de tener mayoría absoluta en el Congreso, no ha derogado- elementos revanchistas iniciaron un proceso judicial con miras a que dicha Cruz sea retirada ya que –según ellos- es un símbolo franquista.
 
      Cuando dicha Cruz fue colocada al pié del Monte del Castro no se hizo para honrar al General Francisco Franco sino mas bien como acción de gracias a Dios por haberle permitido derrotar a los militantes del comunismo ateo que pretendían convertir a España en un satélite de la Unión Soviética.
 
      Un símbolo de gratitud la Cruz de Vigo. Un símbolo de reconciliación la Cruz del Valle de los Caídos, a pocos kilómetros de Madrid.
 
      Ninguna placa conmemorativa que, en el caso de la Cruz de Vigo, exaltase la memoria de aquel Jefe de Estado que hizo Rey a Juan Carlos I y a quien –indirectamente- Felipe VI le debe el Trono.
 
      Así pues, al no ser un símbolo franquista, como pudiera serlo una estatua o una pintura…¿Por qué tanto interés por sacarlo de donde se encuentra?
 
      La explicación –aunque muchos se nieguen a reconocerlo- no es otra más que un creciente odio a la fe católica; un odio que va en aumento y que cada día que pasa se manifiesta en formas cada vez más agresivas.
 
      Aparte de los ataques y calumnias contra curas y  obispos, aparte de las burlas que se hacen en los medios tanto de las devociones populares como de las personas piadosas, es evidente que en España se ha puesto en marcha una feroz ofensiva –por no llamarle persecución- en contra del catolicismo.
 
      Anécdotas vergonzosas, como el caso de aquellas fulanas que se encadenaron semidesnudas al lado del Altar Mayor de la catedral de la Almudena, comprueban lo que estamos diciendo.
 
      Y ahora viene lo de la Cruz de Vigo…
 
      No nos cabe la menor duda de que quienes se empeñan en quitarla de su lugar no lo hacen con la finalidad de ofender un franquismo que ya no existe.
 
      Quienes se empeñan en quitarla de donde se encuentran lo hacen movidos por el odio que sienten en contra del símbolo máximo de la Redención.
 
      Un odio que viene de siglos y que –por momentos- supera al que sentía contra el Cristianismo aquel feroz Almanzor que fuera el terror de los reinos cristianos del norte de España en el siglo X.
 
      De seguir adelante dicha ofensiva anticristiana, los autores intelectuales irán planeando nuevos ataques como pudieran serlo –valgan los ejemplos- agresiones a sacerdotes en plena vía pública, burlas a quienes asistan a los oficios religiosos e incluso, si Dios no lo impide, incendio de templos como ocurrió durante la II República.
 
      La estrategia es evidente: Se ha iniciado una guerra frontal contra el catolicismo y, conforme vaya pasando el  tiempo,, iremos viendo mayores barbaridades.
 
      Es aquí donde ciertas inquietudes que nos preocupan se manifiestan en forma de preguntas:
 
      ¿Qué hacen la Iglesia y la sociedad ante los nubarrones anticlericales que son preludio de tormenta?
      
      ¿No sería deseable que monseñor Luis Quinteiro Fiuza, obispo de Tuy-Vigo, hiciera alguna condena en los medios?
      
      ¿Y no podrían hacerle eco los demás obispos de la región gallega como son los de Orense, Lugo, Mondoñedo  y Santiago de Compostela?
      
      ¿Piensa quedarse callado monseñor Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal Española?
      
      ¿Qué opina de todo esto el Nuncio de Su Santidad en España?
 
      Y en el caso de los miles de católicos vigueses que con tanta devoción acompañan en procesión al Santísimo Cristo de la Victoria cada primer domingo de Agosto… ¿Piensan encogerse de hombros?¿Acaso ignoran que, después de la Cruz de Vigo, quizás el siguiente paso sea atentar contra el venerado Cristo de la Victoria?
 
      ¿Y qué decir de los principales grupos apostólicos que tan benéfica labor realizan en Vigo y sus alrededores?¿Piensan adoptar la actitud del avestruz?
 
      Consideramos que esta ofensiva laicista en contra de la Cruz de Vigo es una especie de tanteo para ver cómo reacciona una sociedad que, por momentos, aparenta ser burguesa.
 
      Si la sociedad se encoge de hombros, los anticatólicos -llamémosle por su nombre- seguirán adelante manifestándose cada vez más atrevidos.
 
      Ahora bien, si la sociedad reacciona, pudiera haber alguna esperanza…
 
      Y concluimos con una frase que los monjes cartujos han adoptado como lema y que encierra una profunda enseñanza: "Stat Crux dum volvitur orbis" que en la sonora lengua de Castilla se traduce de la siguiente manera: "La Cruz permanece mientras el mundo da vueltas".
 
      Lo cual significa que, pase lo que pase, y por muy duras que sean los vientos y  las tormentas la Cruz de Cristo será la eterna vencedora.       
  


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