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La Sección Femenina y sus Damas Mártires (I)
 
 
Valentina Orte
 
 
   La Sección Femenina de la Falange Española, conocida simplemente como Sección Femenina, fue constituida en 1934 como la rama femenina del partido político Falange Española que, posteriormente al Decreto de Unificación, pasaría a denominarse FET y de las JONS. Fue dirigida desde su constitución hasta su liquidación por Pilar Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, hermana de José Antonio, el fundador de Falange. Impregnada su Jefa Nacional de un ferviente catolicismo, y por la influencia de la  colaboración prestada por el monje benedictino de Silos, fray Justo Pérez de Urbel, la Sección Femenina adoptó las figuras de Isabel la Católica y Santa Teresa de Jesús como modelos de conducta y símbolos de su acción.
 
 
Fundación
   
   Cuando José Antonio pronunció su discurso fundacional el 29 de octubre de 1933 en el teatro de la Comedia de Madrid, cinco muchachitas se sintieron subyugadas por aquellas palabras que resaltaban “en medio de la gris opacidad que dominaba el ambiente político”, en palabras del ilustre historiador don Luis Suárez. Abundaba en la idea el diario orteguiano “El Sol” al calificarlo de “Pieza poética”. Cuando el 2 de noviembre, como consecuencia inmediata del discurso, se fundó Falange Española, las cinco (Pilar y Carmen Primo de Rivera, sus primas Inés y Dolores y una amiga, Luisa Mª Aramburu) acudieron a inscribirse, pero se las rechazó porque por ser mujeres y muy jóvenes, no parecía que tuvieran cabida en un grupo que ya se preveía tendría que participar en una lucha intensa. Se las indicó que podían afiliarse al Sindicato Español Universitario (SEU) que por entonces comenzaba a formarse. Pilar, Inés y Dolores así lo hicieron, coincidiendo allí con dos muchachas universitarias Justina Rodríguez de Viguri y la que, posteriormente, sería importante escritora, Mercedes Fórmica.
 
   De este modo tan sencillo nació la Sección Femenina, un grupo femenino dentro del SEU al que se le encomendó realizar las labores de propaganda con menos riesgos, la atención a los detenidos proporcionándoles tabaco, comida, etc., a las familias de los caídos [1] y recaudar dinero. Al núcleo fundacional se unieron Dora Maqueda, Marjorie Munden, que tenía nacionalidad inglesa y María Luisa Bonifaz, que más adelante profesaría como religiosa. Este pequeño grupo al que se dio la consigna de desarrollarse muy rápidamente, no estaba destinado a ser un sector de mujeres dentro de un partido, sino una sección autónoma destinada a cobrar cada vez mayor independencia.
 
   A finales de 1934 no se había superado el número de 300 falangistas, pero no era poco si se tiene en cuenta el peligro a que estaban expuestas. Las funciones que debían desempeñar eran cada vez más comprometidas. Estas muchachas, en general muy jóvenes, tenían que desafiar las prohibiciones de sus padres que no querían verlas correr riesgos. Pronto se les encomendaron también tareas de propaganda: éstas no consistían sólo en ordenar y distribuir los documentos sino en aprenderlos y comentarlos, identificándose con la línea señalada en el pensamiento de José Antonio. El número de muertos falangistas crecía sin cesar y la conciencia del peligro era directa y real.
 
   La labor de la Sección Femenina, clandestina y peligrosa en gran medida, la cumplían las afiliadas haciendo cuestaciones entre los amigos, organizando rifas, vendiendo sellos de cotización u otros peregrinos objetos como las pastillas de jabón en cuyo envoltorio figura una proclama política sobre los colores rojo y negro: Por la revolución nacional-sindicalista, por la Patria, el Pan y la Justicia. Arriba España”. Para poder entrar en el locutorio de la cárcel, tenían que fingirse hermanas o novias de los detenidos, como recuerda en un informe Luisa Mª Aramburu, jefe provincial de Madrid, quien se hizo pasar por novia de uno de ellos para demostrar su inocencia. [2] 
 
   La referencia jonsista en el SEU, partidario de la respuesta violenta y la lucha en la calle, no querían mujeres en sus filas, porque querían apartarlas de esos riesgos; no obstante, el propio Ledesma Ramos tuvo que aceptar al ver que las mujeres hacían la distribución de propaganda y periódicos con menos peligro que los hombres. Nace así el Sindicato Femenino de las JONS en el curso 33/34 en la facultad de filosofía; María Dolores Galvarriato, Carmen Rico y Justina Rodríguez de Viguri se inscribieron en FE de las JONS. En diciembre de 1934 una circular firmada por el propio José Antonio estableció el estatuto de organización de la Sección Femenina, el cual estuvo vigente hasta finales de abril de 1937, es decir tanto durante la República como durante los nueve primeros meses de guerra civil.
 
   El 11 de marzo de 1936 se produjo en Madrid un atentado contra el catedrático Luis Jiménez de Asúa, uno de los redactores de la Constitución republicana; murió uno de los policías de su escolta, pero la presunta víctima permaneció ilesa. No se pudo saber de donde partió el ataque; los autores del mismo nunca fueron identificados ni detenidos, no obstante, se achacó el atentado a Falange y tres días más tarde, sin acuerdo de Cortes ni declaración jurídica alguna, el Gobierno decretó la ilegalidad de Falange y la prisión de José Antonio y de los miembros de su Junta Política. También Alejandro Salazar y los miembros de la Junta de mando del SEU fueron detenidos.
 
   En pocos días, más de dos mil falangistas fueron detenidos: algunos puestos en libertad al poco tiempo pero a otros se les retuvo comenzando a buscarse a posteriori algún motivo de acusación. La ilegalización de Falange fue acogida con entusiasmo por la izquierda, cuyas bases entendieron que se les daba libertad de iniciativa contra los falangistas, quizás, envalentonados por ello, el 14 de abril de 1936 el jefe provincial de Cádiz, Joaquín Bernal, fue arrastrado por las calles por una multitud ante la pasividad de la policía; abandonado y tenido por muerto, salvó, sin embargo, la vida.
 
   La Sección Femenina hubo de hacerse cargo de toda la organización incluyendo las armas y propaganda. Lo ocurrido en Cádiz sucedió en otros sitios; la situación de Falange con José Antonio en la cárcel, el Frente Popular, instrumento claro de la Komintern para hacerse dueño del poder, y los manejos de las izquierdas, decididos a impedir la elección de candidatos derechistas, se presentaba muy complicada. Comenzó a asumir la misión de enlace en la clandestinidad, a pesar de la mayor dificultad que conllevaba. La policía efectuaba centenares de registros en las casas de los afiliados y en la mayor parte de los casos introducían pruebas para imputarles por hechos de los que no habían sido acusados en el momento de la detención.
 
   Desde la cárcel, José Antonio recomendaba a sus seguidores que se abstuviesen de participar en ninguna clase de conspiraciones, pero el 13 de mayo coincidieron con un grupo de Chíbiris[3] que pretendieron obligarles a cantar “La Internacional”; al negarse, fueron objeto de agresión y uno de ellos, Juan Cuéllar, un muchacho de 18 años, resultó muerto de una pedrada. Numerosos afiliados de Falange decidieron vengarle y en la refriega resultó muerta una chíbiri, Juanita Rico. “Mundo Obrero” propaló la noticia de que entre los asaltantes estaba Pilar Primo de Rivera, lo que era falso, pero sirvió para hacer circular una consigna de muerte contra ella y contra Alberto Ruiz Gallardón [4]. Fernando Primo de Rivera, el menor de los hermanos, asumió la dirección de la Falange hasta el 12 de julio en que también fue detenido. Sería asesinado en la Cárcel Modelo de Madrid. Se había entrado en la espiral de violencia, que nadie iba a poder detener, la ley y el orden desaparecieron en aquel verano, antes del alzamiento.
 
   Pilar, de refugio en refugio, trataba de mantener la unión y el espíritu del Fundador. Las mujeres asumían cada vez labores más expuestas: pasaban porras y pistolas y se encargaron de recoger un envío de armas que, de fuera de España, mandaba Marjorie Munden, del que los falangistas de Valladolid no pudieron hacerse cargo por resultar detenidos. Realizaron labores de espionaje, “Elena dio a luz un hermoso niño”, la consigna por la que comunicaban la inminencia del alzamiento. Elena Medina comunicó a Raimundo Fernández Cuesta las instrucciones de Mola que llevaba ocultas en una hebilla del vestido y María del Llano Marcos, pudo hacer llegar a José Antonio, ya en Alicante, la noticia de que en la mañana del 17 de julio había comenzado la insurrección del Ejército en Marruecos.[5]
 
   Ante el fracaso madrileño, organizaron un sector muy original, sostenido, en principio, exclusivamente por mujeres, la llamada por las izquierdas “quinta columna”. Se trataba  del Auxilio Azul, antítesis del Socorro Rojo de los comunistas, cuyo objetivo era facilitar comida, documentación falsa y traslado a escondidas hasta las embajadas a aquellas personas que corrían gran peligro. María Paz Unciti dirigió, entre agosto y noviembre de 1936, estas peligrosas misiones hasta que fue capturada mientras organizaba la fuga de un falangista por lo que murió fusilada. Generosamente, su hermana Caridad tomó el relevo. Falsificaron cartillas de racionamiento, buscaron víveres y ropa y cooperaron con el padre José García Lahiguera (vicario en funciones) proporcionando domicilios particulares para la celebración de misas, bodas y bautizos, que ya se sabe, estaban prohibidos.
 
   Pilar, huyendo de sitio en sitio, consigue refugiarse en la embajada argentina. José Antonio en la cárcel de Alicante, aislado, sin contacto siquiera con sus familiares más cercanos que se habían instalado allí para poder mantener las relaciones que estaban permitidas y que fueron encarceladas en el antiguo reformatorio de dicha ciudad. Así las cosas, Pilar quiso desplazarse a Alicante, pero se lo impidieron por el inminente riesgo que suponía. También se intentó en varias ocasiones rescatar a José Antonio. Joachim von Knobloch, cónsul alemán honorario en Alicante y representante de la naviera Slomann de Hamburgo tomó parte muy activa en ello. En la última tentativa, Franco (en contra de lo que algunos autores atribuyen), intervino directamente ordenando que se hiciera todo lo posible para rescatar al Fundador, disponiendo que se reuniese la enorme suma [6] de tres millones de pesetas en monedas de plata que un enlace había señalado como monto total. El comandante del “Graf von Spee”, Otto Ciliax, se entrevistó en el buque con Jesús Monzón, comunista, gobernador civil de Alicante y se propuso un canje y como mediador al Gobierno británico. Franco ofreció a Graciano Antuña, diputado socialista por Asturias, además de los mencionados tres millones de pesetas [7], pero todas las gestiones resultaron inútiles, la sentencia estaba predeterminada y José Antonio fue fusilado el 20 de noviembre de 1936.
 
   Para entonces habían comenzado a escribirse algunas de las páginas heroicas con Carmen Tronchoni en Barcelona, María Paz Unciti en Madrid, o Carmen Werner en Málaga. En enero de 1937 celebran en Valladolid su I Consejo Nacional. De las 2.000 afiliadas se había pasado a 60.000, se habían creado lavanderías, aún en los ríos, se prepara a enfermeras con cursos acelerados antes de pasar a desarrollar su trabajo en los frentes y se trabaja sin cesar en los talleres haciendo calcetines, chalecos, guantes…., se ayuda a las familias necesitadas y se organizan también Secciones Femeninas en el extranjero.
 
   El Decreto de Unificación supuso una convulsión para falangistas y carlistas ya que ninguno de los dos grupos lo aceptó, especialmente los segundos, al comprobar la proporción minoritaria que les correspondía: la Delegada Nacional de la Sección Femenina seguiría siendo Pilar, Mercedes Sanz Bachiller, también de FE, figuraba como Delegada de Auxilio Social y María Rosa Urraca Pastor, procedente de las filas carlistas, fue Delegada de Frentes y Hospitales. Pilar, que tampoco fue partidaria de la unificación en un  principio, llegó a la conclusión de que no quedaba otro remedio que aceptarlo con la mejor voluntad, de modo que redactó un llamamiento a las mujeres del País Vasco y Navarra que eran las regiones con mayor número de “margaritas” [8] opuestas a la integración, tratando de convencerlas de que compartían muchos valores como Religión y Patria y se justificaba de los pocos nombramientos entre ellas, por la sencilla razón de que no le fueron propuestos.
 
   El Gobierno cedió el castillo de la Mota el 30 de mayo de 1939 para que en él se instalara la Escuela Mayor de Mandos, pero eso añadía una responsabilidad difícil: la de buscar dinero y medios para convertir las magníficas ruinas en un lugar confortable. En esos actos de Medina se puso en marcha un sistema de recompensas: la Y de Oro, la más alta distinción a que podía aspirar cualquier afiliada, cuando los hechos recompensados implicaban un sacrificio heroico en beneficio de la Patria; la Y de Plata, cuando los actos señalados: prisión, muerte o herida en acto de servicio, habían sido sin decaer la moral ni el espíritu de servicio; la Roja, si por espacio de tres años se hubiesen prestado servicios continuados y beneficiosos para la Organización, con superación ejemplar. Franco impuso a Pilar Primo de Rivera la primera Y de oro y la de plata a todas aquellas que, de alguna manera, habían contribuido al esfuerzo de guerra. La relación oficial de camaradas caídas de la Sección Femenina de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. figura en el archivo de la Sección Femenina, fechado el 10 de octubre de 1941.
 
 
[1] Ya antes del 18 de julio de 1936 tuvieron bajas por defender sus ideas. Entre ellos: José Luís de la Hermosa, Juan Jara, Tomás Polo Gallego, en 1933 y en 1934, Nemesio García Pérez, Francisco de Paula Sampol Cortés, José María de Oyarbide, Manuel Baselga de Yarza , Vicente Pérez Rodríguez, Matías Montero y Rodríguez de Trujillo,  Ángel Abella García, Ángel Montesinos Carbonell, Jesús Hernández Rodríguez, Juan Cuéllar Campos. Todos, solo por defender sus ideas. José Antonio les había pedido que no hubiera represalias, a pesar de contar con los caídos antes nombrados y con centenares de heridos en sus filas. A partir de junio de 1934 la situación cambió, tocaba defenderse de los agresores.  
[2] Luis Suárez Fernández: “Crónicas de la Sección Femenina y su tiempo” p. 37
[3] Grupos de pioneros frentepopulistas, ataviados con pañuelo rojo, al modo de los boy scouts.
[4] Alberto Ruíz Gallardón, de 23 años, soltero y vecino de Madrid, vivía en la calle de San Mateo 8 con sus padres,  (Víctor Ruíz Albéniz  y Julia Gallardón Gutiérrez) pero dada la inseguridad que se vivía en Madrid, se refugió en casa de unos amigos (c/Sagasta 4), donde fue detenido y llevado a la checa de Bellas Artes con los demás, y de allí sacado y asesinado el día 13 de agosto de 1936. Su cadáver apareció identificado en el cementerio de la Almudena o del Este, así llamado en aquella época. Este señor era hermano de don José María Ruíz Gallardón, padre del actual ex-ministro de Justicia.     
[5] Ibidem p. 50
[6] Se trataba de una cantidad de dinero tal de dinero que tocaba las disponibilidades en el bando nacional
[7] Ibidem p. 53
[8] El origen de las Margaritas se encuentra en la última guerra carlista. Debe su nombre a la esposa de Carlos VII, Doña Margarita, llamada el Ángel de la Caridad por sus labores sanitarias en los hospitales de campaña, principalmente en el del monasterio de Irache, cerca de Montejurra (La Montaña Sagrada de la Tradición). Las margaritas realizaban generalmente sus actividades en los domicilios e instituciones benéficas de la ciudad como las Hermanitas de los Pobres, la Casa de Misericordia,  Hospitales y puestos sanitarios, talleres roperos, para confeccionar uniformes, comedores y almacenes de alimentos, acompañamiento en algún caso a una partida de requetés toda la guerra, distribución de medallas y “detentes” o “detente bala”, escribir a los requetés como madrinas de guerra, almacenamiento y fabricación de armas y explosivos, servicio como “cartero” en pueblos donde había muerto éste, visitas a los tercios para darles ánimo, etc.    
 
 
 
 
 


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