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La batalla de Brunete

María del Pilar Amparo Pérez García, Pituca

   Cuando el 5 de julio de 1937, la II Brigada de Navarra ocupaba el macizo de Castro-Alén, en Vizcaya, tres Cuerpos del ejército popular de la república desencadenaron la denominada Batalla de Brunete, que retrasó por más de un mes la ofensiva Nacional por el Norte. A finales de junio los efectivos del ejército popular del Centro, con cinco Cuerpos de Ejército, duplicaban a las seis Divisiones del Ejército Nacional. Al general José Miaja Menant y a Vicente Rojo Lluch, Jefe del Estado Mayor Central, se debe el impulso y la planificación de la gran ofensiva sobre Brunete, que se atribuyeron infundadamente los asesores soviéticos, sobre todo el mariscal Rodión Yákovlevich Malinovski. La superioridad de efectivos era enorme a favor del ejército rojo. Contaban con tres Cuerpos de Ejército, nueve Divisiones, 125.000 hombres en total, y de ellos 90.000 en el frente de Brunete; 130 carros de combate; 40 blindados; más de 250 piezas de artillería de campaña; y 300 aviones. Como dice el Historiador Militar, Coronel Jose Manuel Martínez Bande: “La más considerable máquina militar que se había levantado en España”. El V Cuerpo a las órdenes del comunista Juan Guilloto León, conocido como Juan Modesto, era una gran unidad comunista, donde se incluían: la 11ª División de Enrique Líster Forján; la 46ª de Valentín González y González El Campesino; la 35ª del general polaco Karol Wac?aw ?wierczewski, más conocido como Walter; el 18º Cuerpo de ejército a las órdenes del coronel Enrique Jurado Barrio; la 15ª División del soviético János Gálicz, conocido por “Gal”, con las XI y XIII brigadas internacionales; la 34ª del comunista José María Galán Rodríguez; y la 10ª de José María Enciso Madolell. La reserva la formaban la 45ª División de Manfred Zalmanovich Stern, conocido popularmente como Emilio Kléber o simplemente Kléber y la 39ª de Gustavo Durán.

     La superioridad del ejército republicano era tan aplastante que Vicente Rojo esperaba que las escasas Fuerzas Nacionales que les hacían frente fueran aniquiladas antes que pudieran llegar tropas de reserva desde el norte de España. A los Nacionales les sorprendió la ofensiva sobre Brunete. El Sector Nacional frente a Vallecas estaba intensamente fortificado y no cedió; pero el Sector de Brunete era muy débil y su defensa se encomendaba a posiciones aisladas: lo guarnecían escasos efectivos al mando del Teniente Coronel Abelardo Mancebo Luque, que contaba para 20 Kilómetros de frente con dos Tabores de Regulares; dos Banderas de Falange; un Batallón; dos Compañías; doce piezas anticarros; dos Baterías y dos piezas más. A uno y otro lado del Sector la tercera Brigada de la 11 división Nacional, con 1.961 hombres entre las Rozas, Majadahonda y Boadilla del Monte. Al otro lado, de Peguerinos a Brunete, la segunda Brigada de la 71 División, con 1.641 hombres. Total unos 7.000 hombres para resistir el ataque de 90.000. El 5 de julio, víspera de la gran batalla, “ilustres espectadores” de la república llegaban al frente para el espectáculo y se reunían en la finca del Canto del Pico, en Torrelodones, Cuartel General de Miaja y Rojo: el jefe del gobierno, Juan Negrín López; el ministro de Defensa, Indalecio Prieto Tuero; la comunista Dolores Ibarruri Gómez La Pasionaria; varios ministros más y los “intelectuales” del II Congreso Internacional de la Cultura, convocado por sugerencia de la propaganda soviética.

     Ese mismo día 5 de julio, se desencadenaron fuertes ataques en todos los frentes. Fueron muy intensos los de la Cuesta de la Reina, cerca de Aranjuez, fácilmente rechazado por los Nacionales; y el de Albarracín, donde los rojos lograron ocupar el pueblo, excepto los reductos de la Catedral y el Cuartel de la Guardia Civil, liberados muy pronto por la Brigada Móvil del Teniente Coronel Alfredo Galera Paniagua, que montó tal contraataque que obligo a salir de Brunete al coronel Rojo el 13 de julio. A las 22 horas del día 5 de julio se pusieron en marcha la 46 división de Valentín González El Campesino y a medianoche la 11 división de Enrique Líster. Las dos grandes unidades comunistas se infiltran por la noche: las brigadas de Líster toman Brunete con gran resistencia de algunos núcleos. En Brunete sólo había 60 combatientes defensores. La 11 división avanza hasta cerca de Sevilla La Nueva pero tropieza con Patrullas Nacionales que le hacen frente y avisan a su retaguardia. La vanguardia de Líster detiene la ofensiva y vuelve a Brunete. Parece increíble, pero no pasará ya de allí en toda la batalla.

     Mientras tanto la división 46 de El Campesino se estrella contra la Guarnición de Quijorna, defendida por dos Centurias de la V Bandera de Falange de Castilla; una Compañía del Tabor Ifni-Sahara; Voluntarios de la Falange local y un Batallón del Regimiento de Toledo. La artillería roja bombardeó duramente la Guarnición de Villanueva de la Cañada. El Teniente Coronel Abelardo Mancebo, Jefe del Sector, logró escapar de Brunete y dar la alerta al Cuartel General Nacional en Villa del Prado. El 6 de julio, el General José Enrique Varela Iglesias, se hace cargo del Sector y dirige la 13 División del General Fernando Barrón Ortiz. El Teniente Coronel José Álvarez Entrena, con el Batallón de la Victoria, detiene a Líster ante Villaviciosa y Boadilla, sin dejarle cruzar el foso de Guadarrama. Por la izquierda la primera Bandera del Tercio fija al enemigo a 2 kilómetros de Brunete. La 11 División Nacional, guarnece la línea de los vértices Romanillos y Mosquito, que cubre el camino a Boadilla y será el objetivo principal del enemigo durante toda la batalla, pero nunca logrará alcanzarlo. Las resistencias decisivas de los Nacionales han frenado al ejército popular, como demostramos en este artículo de la FNFF.

     Franco paraliza la ofensiva sobre Santander y decide el envío al Brunete de las brigadas IV y V de Navarra y al día siguiente ordenará el traslado de la Aviación. A partir de entonces, y hasta su final, la Batalla de Brunete se convierte en una terrible guerra de posiciones, la típica batalla de desgaste, con miles de hombres que mueren de sed. El 8 de julio el General Carlos Asensio Cabanillas toma el mando del Sector derecho con la División del Guadarrama. Contra fuerzas abrumadoramente superiores siguen resistiendo las Guarniciones de Quijorna y Villanueva del Pardillo. Llega Franco al borde de la Primera Línea en Sevilla La Nueva y establece su Cuartel General en la Dehesa del Rincón de Villa del Prado. Las brigadas internacionales XIII y XV cruzan el foso del Guadarrama pero no logran nada. El día 9 hay ya 150 aviones Nacionales sobre el frente; la superioridad sigue siendo de la aviación roja, pero no la saben aprovechar.

     Franco ha ganado la batalla defensiva por su capacidad logística: ha situado ya en el frente a 44 Batallones y 24 Baterías, para asombro del coronel Rojo que no había previsto tal rapidez de traslado. Al día siguiente llega el General Eduardo Sáenz de Buruaga Polanco con la 150 División; el enemigo está definitivamente contenido. El 11 de julio se producen las últimas victorias territoriales de los rojos: sucumbe la noche del 10 al 11 la Guarnición de Villanueva del Pardillo, como en la tarde del día 9 había caído la de Quijorna pero, como ya hemos visto, las resistencias decisivas de los Nacionales salvaron el frente. El día 11 el teniente coronel Segismundo Casado López releva a Enrique Jurado Barrio, jefe del XVIII cuerpo de ejército rojo, que abandonó por agotamiento. Por su parte, la XV brigada internacional queda desecha perdiendo incluso a uno de sus jefes, el anglo-irlandés George Montague Nathan, antiguo miembro de los servicios secretos británicos. La XIII internacional cae presa del pánico, se niega a combatir, huye del frente en rebeldía, abandona el combate e incluso tratan de desertar: parten dirección Galapagar desde donde se dirigen a Madrid, por Torrelodones. Son detenidos en el Monte del Pardo, reducida por fuerzas de orden público con carros de combate. La 11 ª División de Líster tiene que ser relevada por la División 14 ante la posibilidad de su derrumbe. En el encarnizado combate aéreo del día 12 son derribados 13 aviones republicanos y la caza Nacional logra el dominio del aire. Habían llegado los modernísimos aviones alemanes de caza, Messerschmidt Bf-109, y de bombardeo Heinkel He-111, que inclinaron definitivamente la guerra en el aire a favor de los Nacionales.

     El día 13 de julio el Caudillo ordenó una contraofensiva en Brunete para alcanzar Galapagar y El Escorial y derrumbar el frente enemigo. Intervinieron las dos Brigadas de Navarra IV y V y consiguieron desgastar todavía más al ejército popular. La batalla es durísima. La cosa parece controlada por el Ejército Nacional, pero el día 21 un impresionante ataque enemigo sobre Villafranca del Castillo hace que Franco retorne a Villa del El Prado. Se ha encomendado a Santiago Apóstol y, ese mismo día 21, dicta el Decreto nº 325 por el que se reconoce a Santiago como Patrón de España, dada “la universal significación que en el orden histórico tiene el Apóstol”. Es impresionante ver como de nada sirve que los “confederales” de la XIV División anarquista de Cipriano Mera Sanz tome el relevo en Brunete, pues la ciudad cae en poder, el 24 de julio, de la 13 División Nacional La Mano Negra, mandada por el General Fernando Barrón Ortiz, pero las Brigadas de Navarra apenas consiguen progresar ante la durísima resistencia de los flancos derecho e izquierdo del enemigo. El Generalísimo sabe que la Batalla de Brunete es decisiva ya que, como repite a su Estado Mayor: “el vencedor de Brunete será el vencedor de la guerra”. Se instala en la finca “El Rincón” de Villa de El Prado y allí establece su Cuartel General de Primera Línea, desde donde sale a diario para recorrer el frente de forma arriesgadísima, a veces hasta los límites de la misma “tierra de nadie”, como le llega a recriminar Varela. Uno de sus lugares de observación será un caserón al norte del cementerio de Sevilla La Nueva.

     El forcejeo, durante dos semanas, ha sido espantoso, bajo un calor y una sed insufribles. Hay cerca de cincuenta mil bajas entre los dos bandos. El mismo día 25, día de Santiago, las cosas están muy mal para el Bando Nacional. Se espera el descalabro final y la batalla ya se da por perdida. Franco se retira a orar al apóstol Santiago durante una hora y vuelve a Primera Línea. Y es el mismo Franco el que le cuenta al Padre Ramón Sánchez de León, durante unos ejercicios espirituales el 22 de  marzo de 1967, algo impresionante: de pronto, todos los combatientes, Saliquet y Franco incluidos, a eso de las doce del mediodía pueden ver, con enorme asombro, como aparece un Soldado a caballo. Algunos creen ver que lleva debajo del casco una boina roja y que porta la camisa azul. Con bombas de mano va destrozando, uno a uno, todos los nidos de ametralladoras enemigas. Nadie comprende como ese “loco” puede sobrevivir y como no le alcanzan las balas enemigas. Franco cuenta que su acción les hizo avanzar posiciones y se atreve a decir que les ayudó a ganar la batalla. Cuando acabó la lucha quisieron localizar a ese bravo soldado para condecorarlo como merecía, pero nadie lo volvió a ver ni sabían nada de él. Fue Saliquet el que comentó si no se habían dado cuenta que estaban en el día de Santiago: “A mí esto me recuerda a lo que se cuenta de la Batalla de Clavijo, cuando Santiago se apareció para ayudar a los cristianos a derrotar a los moros en la Reconquista”, dijo Saliquet. Franco le respondió que había una duda, pues no tenían claro si el caballo que llevaba el “valiente soldado” había sido blanco… Tras la Cruzada, Franco acudió muchas veces a la Catedral de Santiago de Compostela a rendir homenaje al Apóstol.

     Varela quería perseguir a los republicanos pero Franco le hizo desistir de ello, señalando la necesidad prioritaria de terminar la guerra en el norte. Los rojos conservaron las localidades de Quijorna, Villanueva de la Cañada y Villanueva del Pardillo, pagando por ello un precio altísimo para una superficie de unos seis kilómetros de profundidad por 16 anchura pero no alcanzaron sus objetivos. De hecho los republicanos perdieron mucho material valioso y muchos soldados veteranos de forma que la batalla de Brunete puede considerarse como una severa derrota para ellos. Las bajas sufridas por las brigadas internacionales en Brunete fueron de excepcional gravedad. Los batallones Lincoln y Washington sufrieron tales pérdidas que hubo que fusionarlos.

     Los grandes especialistas de la Historia Militar de nuestra Cruzada, los generales Ramón Salas Larrazábal y Rafael Casas de la Vega, y el coronel José Manuel Martínez Bande, coinciden en el balance. La cifra de bajas es terrible: cerca de 20.000 para los Nacionales, 30.000 para los republicanos. Según el General Casas de la Vega: “De cada dos hombres que tomaron parte en la batalla, uno resulto muerto, herido, enfermo o prisionero”. Brunete fue un desastre del ejército popular de la república: gano una franja pelada del terreno con dos o tres pueblos sin importancia a cambio de una clara derrota en el objetivo estratégico.

BIBLIOGRAFÍA 

-José Manuel Martínez Bande: La Ofensiva sobre Segovia y la Batalla de Brunete. Librería Editorial San Martín. Madrid-1972.

-Ramón Salas Larrazábal: Historia del Ejército Popular de la República. La Esfera de los Libros. Madrid-2006.

-Rafael Casas de la Vega: Brunete. Fermín Uriarte, Editor. Madrid-1967.

-Joaquín Arrarás Iribarren, Ciriaco Pérez Bustamante y Carlos Sáenz de Tejada: Historia de la Cruzada Española. (36 tomos en 8 volúmenes). Ediciones Españolas. Madrid-1939-1944.

-María del Pilar Amparo Pérez García, Pituca: artículos Santiago Apóstol en la Batalla de Brunete; y Santiago Apóstol en Villa del Prado; colgados en distintas páginas de internet.
 


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